En este tiempo en que celebramos la resurrección de nuestro Señor, un gesto discreto pero significativo cruzó el Canal de la Mancha. Una organización cristiana británica eligió regalar, como presente pascual, un libro que recorre la influencia histórica de la fe a varias personalidades políticas. Esta obra, que examina cómo los discípulos de Cristo han moldeado las sociedades a través de los siglos, fue enviada a parlamentarios de diferentes asambleas del Reino Unido.
Esta iniciativa nos recuerda que nuestra fe no se vive solo en la intimidad de los corazones o en el santuario de las iglesias, sino que también lleva consigo una herencia pública. Como nos recuerda el apóstol Pedro:
«Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los actos poderosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9, NVI).Nuestra vocación incluye dar razón de la esperanza que hay en nosotros, incluso en las esferas de decisión colectiva.
Un contexto de secularización y búsqueda de sentido
El Reino Unido, como varias naciones de Europa occidental, atraviesa un período marcado por un distanciamiento frente a las instituciones religiosas tradicionales. Las estadísticas hablan de un declive en la práctica regular y un aumento de la indiferencia religiosa. Sin embargo, dentro de esta aparente desafección, persisten signos sutiles de una búsqueda espiritual, especialmente entre las generaciones jóvenes. Algunos observadores incluso hablan de un «despertar silencioso», una sed de autenticidad y trascendencia que se manifiesta fuera de los marcos convencionales.
En este panorama complejo, la iniciativa de compartir un libro sobre el aporte histórico del cristianismo aparece como un acto de confianza. No se trata de una reivindicación política, sino de una invitación a considerar las raíces que han nutrido, durante siglos, los valores de dignidad, justicia y compasión que aún estructuran nuestras sociedades. La autora de la obra comparte una fuerte convicción: sin la influencia de los discípulos de Cristo actuando en el espacio público, el mundo sería «menos justo, menos libre, menos instruido, más cruel, más pobre y sin esperanza».
La fe como fuente de compromiso para el bien común
La acción de los creyentes en la ciudad no es una innovación moderna. Desde los primeros siglos, los cristianos se distinguieron por su servicio a los más vulnerables, fundando hospitales, escuelas y trabajando por la paz. Este compromiso procede de un mandato claro:
«Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo» (Mateo 5:16, NVI).
La organización detrás de este envío, de carácter no confesional, tiene como misión la promoción de la religión cristiana y el progreso de la educación. Su gesto se inscribe en esta lógica: iluminar mediante el conocimiento y dar testimonio mediante el regalo. Ofrecer un libro es ofrecer una posibilidad de reflexión, una herramienta para discernir las huellas de la gracia en la historia humana.
La autora también hace un llamado a la oración, invitando a los cristianos a interceder para que los destinatarios de estos libros – diputados, pares, elegidos de las diferentes naciones del Reino Unido – los lean y mediten en «las palabras del Salvador». Esta dimensión espiritual es esencial. Nuestro compromiso en el mundo es precedido y acompañado por la oración, como nos exhorta el apóstol Pablo:
«Ante todo, recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna» (1 Timoteo 2:1-2, NVI).
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