Entre la Ascensión y Pentecostés: Vivamos la espera con fe

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Querido hermano, querida hermana, la Iglesia vive hoy un momento único en el calendario litúrgico. Jesús ha ascendido al cielo, pero el Espíritu Santo aún no ha descendido con poder sobre los discípulos. Es un tiempo de espera, pero no una espera pasiva. Es un tiempo de preparación, de oración y de expectativa. Como aquellos primeros discípulos en el Cenáculo, nosotros también estamos llamados a esperar, pero con el corazón ardiente y las manos dispuestas.

Entre la Ascensión y Pentecostés: Vivamos la espera con fe

El Evangelio de Lucas nos recuerda que Jesús, después de bendecirlos, fue llevado al cielo (Lucas 24:50-53, NVI). Los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría, y estaban continuamente en el templo alabando a Dios. No se quedaron paralizados por la ausencia de su Maestro; más bien, se reunieron en oración, unidos con María, la madre de Jesús, y con otros creyentes.

Este tiempo entre la Ascensión y Pentecostés es un regalo. Es una oportunidad para que nosotros, como comunidad de fe, nos preparemos para recibir los dones del Espíritu Santo. No se trata solo de marcar días en un calendario, sino de abrir nuestro corazón a la acción transformadora de Dios.

La Ascensión: una partida que no es ausencia

Podríamos pensar que la Ascensión de Jesús significa que nos ha dejado solos. Pero nada más lejos de la realidad. Como dice San Agustín, Cristo no se apartó de nosotros cuando ascendió al cielo. Al contrario, su partida visible nos permite experimentar su presencia de una manera nueva, más profunda y espiritual. Ahora, Él intercede por nosotros ante el Padre, y nos envía al Consolador, el Espíritu Santo.

En el Evangelio de Juan, Jesús promete: "No los dejaré huérfanos; volveré a ustedes" (Juan 14:18, NVI). Esta promesa se cumple en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende y la Iglesia nace con poder. Pero también se cumple cada día en la vida del creyente, cuando permitimos que el Espíritu more en nosotros.

Un llamado a la oración y la unidad

Los apóstoles, junto con María, perseveraban unánimes en oración. Este es el modelo para nuestra espera. La oración nos conecta con el corazón de Dios y nos prepara para recibir sus dones. La unidad entre hermanos es también esencial; el Espíritu Santo se derrama sobre aquellos que están en comunión.

La Epístola de Pedro nos exhorta a ser sobrios y velar en oración, a tener amor ferviente unos por otros, y a usar fielmente los dones que hemos recibido (1 Pedro 4:7-11, RVR1960). Estas son las disposiciones correctas para este tiempo de gracia.

Preparando el corazón para Pentecostés

¿Cómo podemos prepararnos para Pentecostés? La tradición de la Iglesia nos invita a practicar obras de caridad, a intensificar la oración y a buscar la reconciliación. Es un tiempo propicio para examinar nuestra vida espiritual y pedir al Señor que nos llene de su Espíritu.

Podemos meditar en los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Cada uno de estos dones nos ayuda a vivir como verdaderos discípulos de Cristo, dando testimonio de su amor en el mundo.

También podemos leer el relato de Pentecostés en Hechos de los Apóstoles (Hechos 2:1-13, NVI) y pedir que esa misma experiencia de fuego y viento impulsivo renueve nuestra fe y nuestra comunidad.

Viviendo la espera con esperanza

La espera no es fácil. En un mundo que exige inmediatez, esperar puede parecer una pérdida de tiempo. Pero la espera cristiana es diferente: es una espera activa, llena de esperanza y de acción. Mientras esperamos, servimos, oramos y compartimos el amor de Dios con los demás.

Como María, la Madre de Jesús, podemos guardar estas cosas en nuestro corazón y confiar en que Dios cumplirá sus promesas. Ella, que concibió por obra del Espíritu Santo, nos enseña a estar abiertos a la acción de Dios en nuestras vidas.

Querido lector, hoy te invito a que no te escandalices por los tiempos de silencio o de aparente ausencia de Dios. Más bien, aprovecha este tiempo para profundizar tu relación con Él. Busca su rostro, clama a Él como el salmista: "Tu rostro, Señor, yo busco" (Salmo 27:8, RVR1960). Él te responderá y te llenará de su Espíritu.

Reflexión final

¿Cómo estás viviendo este tiempo entre la Ascensión y Pentecostés? ¿Estás esperando pasivamente o te estás preparando activamente para recibir el fuego del Espíritu Santo? Te animo a que dediques unos minutos cada día a la oración, a leer la Palabra y a servir a los demás. El Espíritu Santo está listo para ser derramado sobre ti; solo necesitas un corazón dispuesto.


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Preguntas frecuentes

¿Qué significa la Ascensión de Jesús?
La Ascensión es el momento en que Jesús, después de resucitar, sube al cielo en presencia de sus discípulos. No es un abandono, sino que inaugura su presencia gloriosa junto al Padre y prepara la venida del Espíritu Santo.
¿Cómo puedo prepararme para Pentecostés?
Puedes prepararte con oración intensa, lectura de la Palabra, obras de caridad y pidiendo al Señor que renueve en ti los dones del Espíritu Santo. También es bueno reunirte con otros creyentes para orar juntos.
¿Por qué es importante la espera entre Ascensión y Pentecostés?
Este tiempo nos enseña a confiar en las promesas de Dios y a preparar nuestro corazón para recibir al Espíritu Santo. Es un modelo de la vida cristiana: vivir en esperanza activa mientras esperamos el regreso de Cristo.
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