En esta primavera de 2025, mientras la Iglesia universal vive un período de transición con el fallecimiento del papa Francisco y la elección del papa León XIV, las preguntas sobre nuestra relación con la Creación y con los más vulnerables resuenan con especial urgencia. Recientemente, una iniciativa significativa reunió a cristianos de diferentes sensibilidades en torno a un tema esencial: cómo articular concretamente nuestra fe con el cuidado de la Tierra y la solidaridad con los pobres. Este encuentro, que se desarrolló en un espíritu de diálogo ecuménico, muestra cómo estas preocupaciones trascienden las fronteras confesionales para tocar el corazón mismo del Evangelio.
El apóstol Pablo nos recuerda en su carta a los Romanos que «toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto» (Romanos 8:22, RVR1960). Esta imagen poderosa nos invita a considerar nuestra responsabilidad no como una carga adicional, sino como una participación en la obra redentora de Dios. El cuidado de la Creación y la atención a los más frágiles no son opciones facultativas para el creyente, sino dimensiones inseparables de nuestra vocación bautismal.
En este contexto, la reflexión teológica no puede quedarse confinada en las bibliotecas. Debe bajar a lo concreto de las decisiones cotidianas, los compromisos asociativos y las tomas de posición comunitarias. Como ya lo señalaba el libro del Génesis, Dios colocó al ser humano en el jardín «para que lo labrara y lo cuidara» (Génesis 2:15, NVI). Esta doble misión –labrar y cuidar– define aún hoy nuestra relación con el medio ambiente y con nuestros hermanos y hermanas en la humanidad.
Hermenéutica en diálogo: cuando la Biblia se encuentra con la ciencia
Una de las enseñanzas más destacadas de esta jornada de intercambio se refirió al método de interpretación bíblica frente a los desafíos ecológicos contemporáneos. Tradicionalmente, a veces se oponen dos enfoques: por un lado, una lectura que se apoyaría exclusivamente en los datos científicos, con el riesgo de marginar la especificidad del mensaje bíblico; por otro, una interpretación que ignoraría las realidades documentadas por la investigación ambiental. Entre estos dos extremos, se perfila una tercera vía: la de un diálogo constante y respetuoso entre la revelación escritural y los conocimientos científicos.
Este enfoque dialógico encuentra su fundamento en la naturaleza misma de la fe cristiana. Como proclama el Salmo 19: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:2, RVR1960). La Creación es en sí misma una revelación, y el estudio científico del mundo natural puede ayudarnos a comprender mejor la sabiduría del Creador. Ignorar los descubrimientos científicos sobre el cambio climático, el colapso de la biodiversidad o la contaminación de los suelos equivaldría a cerrar los ojos ante una parte del testimonio que la Creación da a su Autor.
La imagen propuesta por algunos teólogos es la de una obra de teatro en cinco actos. Los cuatro primeros actos corresponden al relato bíblico –desde la Creación hasta la resurrección de Cristo– mientras que el quinto acto es el que estamos llamados a escribir y representar hoy. Para interpretar fielmente este quinto acto, necesitamos tanto a los especialistas del «guion inspirado» (teólogos y exégetas) como a los expertos del «contexto escénico» (científicos y ecólogos). Su diálogo permite evitar tanto un literalismo ahistórico como un relativismo desconectado de la tradición cristiana.
La contribución de la encíclica Laudato si'
En este diálogo interdisciplinario, la enseñanza del papa Francisco en su encíclica Laudato si' constituye un puente valioso entre diferentes tradiciones cristianas. El documento, publicado en 2015, ha marcado profundamente la reflexión ecológica dentro y fuera de la Iglesia Católica, pero su mensaje trasciende las fronteras denominacionales. Al hablar de «casa común», el papa Francisco logró crear un lenguaje compartido que resuena en cristianos de diversas confesiones. Su insistencia en el «grito de la tierra y el grito de los pobres» como dos realidades inseparablemente unidas ha inspirado numerosas iniciativas ecuménicas de cuidado de la creación y justicia social.
Lo que hace particularmente relevante a Laudato si' en el contexto actual es su enfoque integral. No separa la preocupación ecológica de las cuestiones sociales, económicas y espirituales. Esta visión holística coincide con la comprensión bíblica de la shalom –esa paz que implica relaciones armoniosas con Dios, con el prójimo y con toda la creación. En un momento en que el mundo enfrenta crisis ambientales interconectadas, este enfoque integral ofrece un marco valioso para la acción cristiana coordinada.
La encíclica también destaca por su metodología dialogante. El papa Francisco no solo cita a teólogos y santos, sino también a científicos, filósofos y líderes de otras religiones. Este modelo de diálogo respetuoso entre diferentes saberes es justamente lo que se necesita hoy para abordar los complejos desafíos ecológicos. Como cristianos, estamos llamados a ser puentes entre diferentes mundos –el de la fe y el de la razón, el de la espiritualidad y el de la acción concreta.
Comentarios