El Evangelio de Marcos: una guía para anunciar a Cristo hoy

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Queridos lectores, hoy queremos reflexionar juntos sobre un tema que toca el corazón de nuestra fe: cómo anunciar el Evangelio en una sociedad que cambia rápidamente. La Iglesia nos invita a mirar el Evangelio de Marcos, el más antiguo de los cuatro, como un modelo de inculturación de la fe. No se trata de un ejercicio académico, sino de una necesidad pastoral urgente: llevar la buena noticia de Jesucristo a hombres y mujeres que viven en contextos a menudo alejados de la tradición cristiana.

El Evangelio de Marcos: una guía para anunciar a Cristo hoy

El patriarca de Venecia, monseñor Francesco Moraglia, en una reciente homilía para la fiesta de san Marcos, subrayó cómo este Evangelio nació precisamente en un momento de transición cultural. Marcos, discípulo de Pedro, escribió para una comunidad que vivía en un ambiente pagano, donde el mensaje cristiano debía hacerse entender sin traicionar su esencia. Hoy, en un mundo que celebra la libertad, estamos llamados a recordar que la verdadera libertad es la que nace del encuentro con Cristo.

«Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura» (Marcos 16,15, NVI).

Esta Palabra resuena aún para nosotros, animándonos a salir de nuestras zonas de confort para anunciar la alegría de la resurrección.

La inculturación de la fe: una tarea para cada cristiano

El término 'inculturación' puede parecer difícil, pero en realidad indica algo muy simple: hacer que el Evangelio se vuelva carne en la cultura de un pueblo. Jesús mismo se hizo hombre en un tiempo y lugar precisos, hablando arameo, comiendo pan judío, orando los salmos de Israel. Del mismo modo, el cristianismo se arraigó en la cultura grecorromana, dando vida a una síntesis extraordinaria que moldeó Occidente.

Hoy, sin embargo, vivimos en una sociedad secularizada, donde muchos ya no conocen las bases de la fe. ¿Cómo podemos anunciar a Cristo a quienes nunca han oído hablar de Él? El Evangelio de Marcos nos ofrece un camino: esencialidad y claridad. Marcos no se pierde en largas genealogías o discursos teológicos complejos; va directo al corazón del mensaje: Jesús es el Hijo de Dios, muerto y resucitado para nuestra salvación.

El ejemplo del centurión romano

Un episodio clave en el Evangelio de Marcos es la confesión del centurión romano bajo la cruz: «¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!» (Marcos 15,39, NVI). Un pagano, un soldado enemigo, reconoce la divinidad de Jesús en el momento de su máximo fracaso humano. Esto nos enseña que la fe no es cuestión de pertenencia religiosa o cultura, sino de apertura del corazón a la gracia de Dios.

El centurión no tenía prejuicios: no era un judío que esperaba un Mesías triunfante, ni un teólogo que discutía profecías. Vio a un hombre morir con amor y entendió que allí había algo divino. Esta es la actitud que también nosotros debemos tener: dejarnos sorprender por Dios, sin imponerle nuestras categorías.

El desafío cultural de nuestro tiempo

Vivimos en una época de grandes contradicciones: progreso tecnológico y pobreza espiritual, búsqueda de sentido y relativismo, deseo de comunidad e individualismo exacerbado. El cristiano está llamado a ser sal y luz en este contexto, sin miedo de anunciar la verdad de Cristo, pero con respeto y amor.

El 'desafío cultural' del que hablaba monseñor Moraglia requiere una evangelización que no se reduzca a una simple repetición de fórmulas, sino que sepa hablar al corazón del hombre contemporáneo. Como escribió san Pablo VI: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros» (Evangelii Nuntiandi, 41). Debemos ser testigos creíbles, que viven lo que anuncian.

Un Evangelio fiel al evento Cristo

Atención: la inculturación no significa diluir el mensaje para hacerlo más aceptable. El Evangelio de Marcos nos recuerda que la fe cristiana nace del testimonio apostólico.


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