Del 13 al 17 de abril de 2026, los pastores de la Iglesia en México se congregarán para la CXX Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Este encuentro no es simplemente una reunión administrativa, sino un espacio sagrado donde, en oración y comunión fraterna, buscan escuchar la voz del Espíritu Santo para nuestro tiempo.
En momentos donde muchas comunidades enfrentan realidades complejas, la Iglesia se reúne para discernir juntos cómo ser luz en medio de las sombras. Como nos recuerda el apóstol Pablo: "Porque Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7, NVI). Esta asamblea busca precisamente eso: fortalecer ese espíritu de amor y valentía que caracteriza a quienes seguimos a Cristo.
Escuchando los clamores del pueblo
Nuestra nación vive realidades que tocan profundamente el corazón humano. El dolor de familias que buscan a sus seres queridos, el miedo que se instala en comunidades enteras, y la esperanza que lucha por mantenerse viva ante circunstancias adversas. En medio de todo esto, la Iglesia no permanece indiferente.
Los obispos, como pastores del rebaño, llevan en sus corazones estas realidades. Su reunión tiene un propósito claro: buscar caminos para acompañar, consolar y proponer alternativas de vida donde parece reinar la muerte. Como Jesús mismo nos enseñó: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10:10, RVR1960).
La paz como derecho y don
En un mundo marcado por conflictos y violencias de diversos tipos, la paz se presenta no solo como una necesidad social, sino como un don que viene de Dios. La Iglesia en México, a través de sus pastores, busca promover esta paz que trasciende las circunstancias.
"La paz les dejo, mi paz les doy; yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden" (Juan 14:27, NVI).
Esta paz de Cristo es la que queremos construir en nuestra sociedad. No una paz superficial que ignora las injusticias, sino una paz profunda que nace de la justicia, la verdad y el amor. La asamblea de obispos reflexionará precisamente sobre cómo ser instrumentos de esta paz en contextos concretos.
Dimensiones del compromiso eclesial
El trabajo de los obispos en esta asamblea abarcará varias dimensiones esenciales para la misión de la Iglesia:
- Acompañamiento pastoral: Cómo estar cerca de quienes sufren, escuchando sus dolores y esperanzas.
- Diálogo constructivo: Buscar puentes de comunicación con diferentes sectores de la sociedad.
- Formación comunitaria: Fortalecer las comunidades cristianas para que sean espacios de acogida y transformación.
- Testimonio profético: Anunciar la esperanza del Evangelio en medio de realidades complejas.
Colaboración para el bien común
La Iglesia reconoce que la construcción de una sociedad más justa y pacífica requiere la colaboración de todos. Los obispos, en su asamblea, reflexionarán sobre cómo trabajar junto con:
- Las autoridades civiles, respetando los espacios de cada uno pero colaborando por el bien común.
- Otras confesiones religiosas, en un espíritu ecuménico de respeto y búsqueda compartida.
- Organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la dignidad humana.
- Las comunidades locales, que son el corazón vivo de la Iglesia.
Esta colaboración se fundamenta en la enseñanza bíblica: "Procuren vivir en paz con todos" (Hebreos 12:14, NVI). No se trata de imponer visiones, sino de construir juntos desde el respeto mutuo.
Una Iglesia que camina con su pueblo
Bajo el pontificado del Papa León XIV, la Iglesia universal continúa su camino de sinodalidad, escucha y discernimiento comunitario. La asamblea de obispos mexicanos se inserta en este dinamismo eclesial, buscando ser fieles al mandato misionero que hemos recibido.
Recordamos con gratitud el servicio del Papa Francisco, quien nos enseñó tanto sobre la misericordia y la cercanía con los más vulnerables. Su legado sigue inspirando nuestro caminar como Iglesia.
Reflexión para nuestra vida comunitaria
Mientras los obispos se reúnen en asamblea, cada comunidad cristiana está llamada a unirse en oración y reflexión. Te invito a considerar:
¿Cómo puedes ser constructor de paz en tu entorno inmediato? ¿De qué manera tu comunidad parroquial puede acompañar mejor a quienes sufren? ¿Qué gestos concretos de esperanza puedes ofrecer hoy a alguien que lo necesita?
La asamblea de obispos nos recuerda que la Iglesia es una familia que camina junta, que ora junta, y que busca juntos los caminos del Señor. En estos tiempos que vivimos, seamos portadores de la esperanza que no defrauda, porque está fundada en el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Romanos 5:5).
Que esta asamblea sea ocasión para renovar nuestra confianza en Aquel que nos dice: "Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20, NVI). En medio de los desafíos, Él camina con su Iglesia, iluminando nuestros pasos y fortaleciendo nuestro compromiso con el Reino de justicia, paz y amor.
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