En medio de un mundo que a menudo parece dividido, los gestos de acercamiento y diálogo resuenan con especial fuerza. Recientemente, en la Ciudad del Vaticano, se desarrolló un encuentro que ha captado la atención de la comunidad cristiana internacional. El Papa León XIV recibió al presidente de la Asamblea Nacional de Vietnam, Trần Thanh Mẫn, en una reunión que trasciende lo protocolario para convertirse en un símbolo de puentes que se intentan construir.
Este diálogo ocurre en un momento significativo para la Iglesia, mientras el Santo Padre se prepara para llevar un mensaje de fe y unidad a otras naciones. La conversación con el representante vietnamita abre una puerta que muchos fieles en aquel país llevan años anheando ver abierta: la posibilidad de una visita pastoral del sucesor de Pedro a Vietnam.
La entrega de un mensaje personal del líder vietnamita, To Lam, al Pontífice, representa más que un formalismo diplomático. Es una extensión de mano, un reconocimiento del papel de la Iglesia como agente de paz y encuentro. Como nos recuerda la Escritura:
"¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!" (Isaías 52:7, RVR1960).
Un camino de diálogo con historia y desafíos
Las relaciones entre la Santa Sede y Vietnam no han sido un camino sencillo. A lo largo de los años, se han dado pasos importantes, pero también momentos de pausa y reflexión. La firma de un Acuerdo en julio de 2023, que permitió la presencia de un representante permanente del Vaticano en Hanói, fue un hito celebrado por la comunidad católica local y global.
Previamente, en diciembre de 2023, las autoridades vietnamitas ya habían extendido una invitación al entonces Papa Francisco. Sin embargo, los cambios en el liderazgo político del país y una intensa campaña anticorrupción alteraron el panorama, posponiendo los avances esperados hacia unas relaciones diplomáticas plenas.
La visita histórica del secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Gallagher, a Vietnam en enero de 2024, mantuvo viva la llama del diálogo. Aunque un viaje posterior del cardenal Pietro Parolin, que habría consolidado los lazos, no se materializó debido a circunstancias internas, la participación de una delegación vietnamita en el funeral del Papa Francisco y en el inicio del pontificado de León XIV demostró una voluntad de continuar el contacto.
Este proceso nos habla de la paciencia y la perseverancia que a menudo requiere la construcción de la paz. No es un sprint, sino una maratón que exige fe constante.
"Pero el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas" (Gálatas 5:22-23, NVI).Cada gesto, cada reunión, es una semilla plantada para un futuro que Dios conoce.
La Iglesia en Vietnam: Una fe viva y resiliente
Para entender la importancia de este acercamiento, es vital mirar hacia la comunidad católica vietnamita. Es una Iglesia con raíces profundas, que ha crecido y testimoniado su fe en contextos complejos. Los creyentes en Vietnam, como muchos hermanos y hermanas en diversas partes del mundo, anhelan la cercanía pastoral del Papa, no como una figura política, sino como el pastor universal que confirma en la fe.
Su deseo refleja un anhelo espiritual profundo: sentirse plenamente integrados en la comunión de la Iglesia mundial, recibir aliento para su vida diaria y ser fortalecidos en su misión de ser sal y luz en su sociedad. Son una parte vital del Cuerpo de Cristo.
El significado de una posible visita pastoral
¿Qué representaría una visita del Papa León XIV a Vietnam? Más allá de los aspectos diplomáticos, que son importantes, su significado central sería pastoral y espiritual. Sería un abrazo concreto de la Iglesia universal a una porción particular de su rebaño. Sería un momento para celebrar la fe, para escuchar las esperanzas y los desafíos de los creyentes, y para animar a todos a vivir el Evangelio con valentía y alegría.
Para la sociedad vietnamita en su conjunto, la visita de un líder moral y espiritual de alcance global sería una oportunidad para profundizar en un diálogo sobre los valores humanos fundamentales que trascienden las fronteras: la dignidad de la persona, la búsqueda de la paz, la solidaridad y el cuidado de la creación.
El Papa, en su ministerio, está llamado a ser un peregrino de la esperanza. Su viaje a Argelia y a países del África subsahariana es un claro ejemplo de este ir al encuentro. Una eventual visita a Vietnam se inscribiría en esta misma lógica del encuentro, del diálogo fe-cultura, y del anuncio gozoso de Cristo resucitado.
Una invitación a la oración y la esperanza activa
Como comunidad cristiana ecuménica, este desarrollo nos invita, ante todo, a la oración. Oremos por los líderes de Vietnam y del Vaticano, para que el Espíritu Santo guíe sus decisiones y conversaciones. Oremos por la Iglesia en Vietnam, para que crezca en santidad y en su capacidad de servicio. Oremos por el Papa León XIV, para que Dios le conceda sabiduría y fortaleza en su ministerio petrino.
Pero nuestra esperanza no puede ser pasiva. Estamos llamados a ser constructores de puentes en nuestros propios contextos. ¿Dónde hay divisiones en tu comunidad, en tu familia o en tu lugar de trabajo que necesitan un gesto de acercamiento? ¿Cómo puedes tú, desde tu lugar, ser un instrumento de diálogo y reconciliación?
El camino hacia la plena comunión, ya sea entre naciones o entre personas, siempre comienza con un primer paso, con una mano extendida. Este episodio entre Vietnam y la Santa Sede nos recuerda que, con paciencia y buena voluntad, los muros pueden convertirse en puentes.
"Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9, NVI).
Para tu reflexión: ¿Qué "puente" sientes que Dios te está invitando a construir o a reparar en tu vida esta semana? ¿Cómo puedes encarnar, en un gesto concreto, la bienaventuranza de ser pacificador?
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