Sembrando esperanza: un obispo libanés que predica con el arado

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En el Líbano, un país que sufre desde hace años crisis políticas y económicas, hay una historia inusual que muestra cómo la fe cristiana puede hacerse práctica. El obispo Hanna Rahmé, un clérigo de 65 años, no solo está activo en la iglesia, sino también en el campo. En su región natal, cultiva sus propias tierras: con botas de goma, ropa sucia y una gorra en la cabeza. Esta actividad es para él mucho más que un pasatiempo; es una expresión de su fe y un servicio a la comunidad.

Sembrando esperanza: un obispo libanés que predica con el arado

La situación en el Líbano sigue siendo tensa. La crisis económica ha llevado a muchas personas a la pobreza y la infraestructura está en ruinas. En este contexto, la agricultura se convierte para el obispo Rahmé en un símbolo de esperanza. Planta verduras no solo para alimentarse a sí mismo, sino también para ayudar a otros. Su dedicación muestra que la fe en Jesucristo no se limita al domingo, sino que puede marcar la vida cotidiana.

Fundamentos bíblicos: trabajo y cuidado

La Biblia habla repetidamente de la importancia del trabajo y del cuidado del prójimo. En el Antiguo Testamento leemos: «Seis días trabajarás y harás toda tu obra» (Éxodo 20:9, RVR 1960). El trabajo no es una maldición, sino un llamado divino. El apóstol Pablo anima a los tesalonicenses: «Trabajad con vuestras manos» (1 Tesalonicenses 4:11, RVR 1960). El obispo Rahmé vive este llamado de manera impresionante.

Pero no se trata solo del trabajo en sí. Jesús nos enseña a cuidar de los necesitados: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mateo 25:40, RVR 1960). Al cultivar verduras y compartirlas con otros, el obispo pone en práctica estas palabras. Su agricultura es un ejemplo concreto de amor al prójimo.

Los desafíos en el Líbano: un país en modo supervivencia

El Líbano atraviesa una de las crisis más graves de su historia. La inflación es alta, la moneda ha perdido valor masivamente y muchas personas han perdido su empleo. A esto se suman las tensiones políticas y los efectos de la guerra en la región. En este entorno, para muchos es un desafío diario tener suficiente comida.

El obispo Rahmé ha reconocido que la iglesia en estos tiempos no solo debe brindar ayuda espiritual, sino también práctica. Su agricultura es un modelo que muestra cómo se puede contribuir con medios sencillos. Cultiva verduras como tomates, pepinos y calabacines, que no solo abastecen a su propia comunidad, sino que también se distribuyen a familias necesitadas.

Fe y sostenibilidad: un enfoque integral

La conexión entre fe y agricultura no es una idea nueva. Ya en la iglesia primitiva había monasterios que cultivaban huertos y campos. Esta tradición continúa en el trabajo del obispo Rahmé. Él muestra que la sostenibilidad y los valores cristianos pueden ir de la mano.

¿Qué podemos aprender de este ejemplo?

La historia del obispo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe. ¿Cómo podemos usar nuestros talentos y recursos para servir a los demás? Quizás no estamos en condiciones de cultivar un huerto entero, pero podemos encontrar otras formas de ayuda. Podría ser apoyar un comedor local o compartir alimentos con vecinos necesitados.

El apóstol Santiago escribe: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma» (Santiago 2:17, RVR 1960). El obispo Rahmé deja claro que la fe y la acción van juntas. Su agricultura no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para hacer visible el amor de Dios.

Aplicación práctica: cómo podemos sembrar esperanza

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