Cuando hablamos de santos, a veces pensamos en figuras lejanas, en historias que parecen de otro tiempo. Pero Santo Toribio de Mogrovejo es diferente. Él fue un hombre que recorrió miles de kilómetros a pie, a caballo y en barca, llevando el evangelio a los rincones más apartados del Perú. Su vida fue una entrega total, y hoy, a 300 años de su canonización, su ejemplo sigue inspirando a la Iglesia.
La Conferencia Episcopal Peruana ha publicado un libro digital gratuito titulado “Modelo de vida: Santo Toribio de Mogrovejo. Una catequesis para la santidad”. Esta obra no solo celebra el tricentenario de su canonización, sino que nos invita a redescubrir a un pastor que amó profundamente a su pueblo. Como dice el salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 23:1, NVI). Toribio vivió esa confianza y la transmitió a cada persona que encontró.
El pastor que defendió la dignidad humana
Santo Toribio llegó al Perú en 1581 como arzobispo de Lima. En un tiempo de grandes injusticias, él se puso del lado de los más débiles: los indígenas, los pobres, los esclavos. Aprendió lenguas nativas para predicar en quechua y aimara, y creó los primeros catecismos en esos idiomas. Su amor por la verdad lo llevó a enfrentar abusos y a defender que todos somos hijos de Dios.
La Biblia nos recuerda: “Aprendan a hacer el bien; ¡busquen la justicia, defiendan al oprimido!” (Isaías 1:17, NVI). Eso hizo Toribio. No fue un santo de escritorio; fue un misionero incansable que confirmó a santos como Rosa de Lima y Martín de Porres. Su vida fue un testimonio de que la santidad se construye en el servicio diario.
Un legado que sigue vivo
El libro publicado por la Conferencia Episcopal incluye el discurso que el Papa León XIV dirigió a los obispos peruanos en enero de 2026. En él, el Santo Padre los invitó a vivir ad instar Apostolorum, es decir, a la manera de los apóstoles. Ese es el corazón del mensaje de Toribio: una Iglesia que sale al encuentro, que camina con la gente, que no tiene miedo de ensuciarse las manos.
Hoy, en un mundo que a menudo parece dividido, la figura de Toribio nos desafía a ser puentes. ¿Cómo podemos seguir su ejemplo? Tal vez visitando a un vecino que está solo, defendiendo a quien es discriminado, o simplemente siendo una presencia amorosa en nuestra comunidad.
Tres claves para vivir como Toribio
La vida de Santo Toribio nos deja lecciones prácticas. Aquí te comparto tres claves que puedes aplicar hoy:
- Escucha y aprende: Toribio aprendió quechua y aimara para comunicarse con su pueblo. ¿Qué idiomas o realidades necesitas conocer para entender mejor a quienes te rodean?
- Defiende la justicia: Él no calló ante las injusticias. Como cristianos, estamos llamados a alzar la voz por los que no tienen voz. Proverbios 31:8-9 nos dice: “Habla en favor de los que no pueden hablar; defiende los derechos de los desamparados”.
- Camina con fe: Toribio recorrió más de 40,000 kilómetros en visitas pastorales. No necesitas viajar tan lejos; a veces, caminar con fe significa dar un paso de confianza en medio de la incertidumbre.
Una invitación a la santidad cotidiana
Al final, la santidad no es solo para unos pocos. Como dice 1 Pedro 1:15-16: “Sean santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó”. Toribio fue un hombre común que se dejó transformar por el amor de Dios. Su ejemplo nos anima a buscar la santidad en nuestras tareas diarias: en el trabajo, en la familia, en la comunidad.
Te invito a descargar el libro gratuito y a reflexionar sobre cómo puedes vivir, como Toribio, una fe que camina, que sirve y que transforma. ¿Qué paso concreto darás hoy para acercarte más a Dios y a tu prójimo?
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