En el debate sobre cómo abordar el abuso sexual en la iglesia, se escucha cada vez más la petición de un lugar central de memoria. Un lugar así no solo debe recordar el sufrimiento de las víctimas, sino también ser una señal visible de arrepentimiento y confesión. La idea de establecer un lugar así en la Catedral de Colonia muestra lo importante que es que la iglesia no oculte sus errores, sino que los enfrente abiertamente.
Un lugar de memoria en el corazón de una comunidad o de una catedral puede ser un ancla importante para las víctimas. Les da la sensación de que su dolor es visto y tomado en serio. Al mismo tiempo, desafía a la comunidad a confrontarse una y otra vez con su propia historia. La Biblia nos llama a la verdad y al arrepentimiento: «Confiesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados» (Santiago 5:16, RV 1960).
Lo que la Biblia dice sobre la justicia y el recuerdo
La Sagrada Escritura está llena de ejemplos en los que Dios llama a su pueblo a recordar la injusticia pasada y actuar con justicia. En el Antiguo Testamento leemos cómo Dios recuerda constantemente a los israelitas que ellos mismos fueron extranjeros en Egipto y, por lo tanto, deben tratar con justicia a los débiles. «No oprimirás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Éxodo 23:9, RV 1960).
Este recuerdo no es un fin en sí mismo, sino que debe llevar a una acción transformada. También hoy: la iglesia debe enfrentar su culpa y aprender del pasado. Un lugar de memoria puede ayudar a romper el silencio y fomentar una cultura de apertura. Jesús mismo dice: «De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mateo 25:40, RV 1960). Este versículo nos recuerda que en cada persona encontramos a Cristo, especialmente en los que sufren.
Pasos prácticos para las comunidades
No todas las comunidades tienen la posibilidad de establecer un lugar de memoria en una catedral. Pero cada comunidad puede dar pasos para hacer visible el tema del abuso sexual y dar espacio a las víctimas. Aquí hay algunas ideas concretas:
Creación de una sala de silencio
Muchas iglesias tienen salas laterales que pueden usarse como capilla de oración. Allí puede arder una vela, haber un libro de visitas y una cruz o una imagen que recuerde la vulnerabilidad humana. Un espacio así invita a la oración y al silencio.
Placas conmemorativas e instalaciones artísticas
Una placa sencilla con la inscripción «En memoria de todos los que fueron heridos por la violencia sexual en la iglesia» puede ser una señal poderosa. También las obras de arte creadas por las víctimas pueden crear un espacio sanador.
Oraciones de intercesión regulares y servicios religiosos
En los servicios comunitarios se puede recordar regularmente a las víctimas. Una vez al año podría celebrarse un servicio conmemorativo especial que dé espacio al lamento y la esperanza. Los Salmos ofrecen un lenguaje rico para ello: «Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo» (Salmo 31:9, RV 1960).
El trato con las víctimas en la comunidad
Además de un lugar visible de memoria, el trato personal con las víctimas es crucial. Muchas se sienten abandonadas por la iglesia o no tomadas en serio. Una comunidad que quiere ser sanadora debe saber escuchar, sin justificaciones ni defensas.
Capacitación para líderes y voluntarios
Es importante que los colaboradores de la comunidad sean capacitados para responder adecuadamente a las víctimas. Esto incluye conocimiento sobre las consecuencias del trauma, pero también sobre los propios límites. Cada comunidad debe designar personas de contacto sensibilizadas en este tema.
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