En un hecho poco común dentro de la Iglesia Católica, el padre Gerardo Fortich Saco Jr., de 60 años, rechazó su ordenación como obispo de Tagbilaran apenas 20 días antes de la ceremonia. El anuncio, hecho público el 5 de mayo de 2026, tomó por sorpresa tanto al clero como a los fieles en Filipinas. Pero lo que más llamó la atención fue su razón: una profunda conciencia de sus propias limitaciones humanas. En un mundo donde a menudo se valora el poder y el estatus, este acto de humildad nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado del liderazgo cristiano.
El padre Saco había sido nombrado por el papa León XIV el 25 de marzo, y los preparativos para su ordenación, programada para el 26 de mayo, ya estaban avanzados. Se había diseñado un escudo episcopal, se habían tomado retratos oficiales y su lema, inspirado en Mateo 14:27 —«¡Ánimo, soy yo!»—, ya se había difundido. Sin embargo, en un gesto de honestidad poco común, decidió dar un paso al costado.
«Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Marcos 8:36, RVR1960)
El peso del llamado episcopal
El episcopado no es solo un honor; es una responsabilidad inmensa. El apóstol Pablo advierte en 1 Timoteo 3:1-7 que el obispo debe ser «irreprensible», «marido de una sola mujer», «sobrio», «prudente», «decoroso», «hospedador», «apto para enseñar». Estas cualidades no son fáciles de alcanzar, y el padre Saco, en su honestidad, reconoció que sentía no estar a la altura.
La decisión del padre Saco nos recuerda que el liderazgo en la Iglesia no se trata de ambición personal, sino de servicio. Como Jesús mismo enseñó: «El que quiera ser el primero, será el último, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo» (Mateo 20:27, NVI). Al rechazar el obispado, el padre Saco puso su integridad espiritual por encima de las expectativas externas.
El contexto en la diócesis de Tagbilaran
La Diócesis de Tagbilaran, en la isla de Bohol, había estado sin obispo desde septiembre de 2025, cuando monseñor Alberto Uy fue trasladado a Cebú como arzobispo. Desde entonces, el padre Saco se desempeñaba como administrador diocesano, supervisando gran parte de la vida pastoral. Era visto como la opción natural para la continuidad, y su negativa dejó a muchos fieles confundidos y entristecidos.
Sin embargo, la decisión del padre Saco no fue tomada a la ligera. En su declaración, mencionó que surgió de «una profunda conciencia de mis propias limitaciones e insuficiencias humanas». Esta honestidad radical es un testimonio de su madurez espiritual y su deseo de no dañar a la Iglesia con un liderazgo que consideraba inadecuado.
Lecciones de humildad y honestidad
La historia del padre Saco nos ofrece varias lecciones valiosas para nuestra vida cristiana. En primer lugar, nos enseña que la humildad es una virtud esencial. Proverbios 11:2 dice: «Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría» (RVR1960). El padre Saco prefirió ser honesto acerca de sus debilidades que asumir un cargo para el que no se sentía preparado.
En segundo lugar, nos recuerda que Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados. A veces, sentimos que no somos suficientes para la tarea que Dios nos encomienda, pero Él nos da la gracia necesaria. Sin embargo, también es importante discernir si nuestro sentido de insuficiencia es una señal de que debemos esperar o prepararnos más, o si es simplemente miedo.
«Antes bien, escogió Dios lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y escogió Dios lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte» (1 Corintios 1:27, RVR1960)
El valor de decir «no»
En una cultura que a menudo valora el éxito y la visibilidad, decir «no» a una oportunidad de prestigio puede ser visto como una debilidad. Pero el padre Saco nos muestra que decir «no» por razones de conciencia es un acto de fortaleza. Como cristianos, estamos llamados a examinar nuestras motivaciones y a actuar con integridad, incluso cuando eso signifique decepcionar a otros.
La decisión del padre Saco también nos invita a reflexionar sobre la presión que ejercen las expectativas externas. ¿Cuántas veces aceptamos responsabilidades por miedo al qué dirán o por no querer defraudar? La honestidad del padre Saco nos anima a ser auténticos y a reconocer nuestras limitaciones.
Reflexión final y aplicación práctica
La historia del padre Saco nos desafía a vivir con humildad y honestidad en todas las áreas de nuestra vida. Te invitamos a tomarte un momento para reflexionar: ¿Hay áreas en tu vida donde estás asumiendo cargas que Dios no te ha dado? ¿O quizás estás evitando un llamado por miedo a tus propias limitaciones?
Ora al Señor pidiéndole sabiduría para discernir su voluntad y valor para actuar conforme a ella. Recuerda las palabras de Jesús: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:29, RVR1960). Que la honestidad del padre Saco nos inspire a buscar la verdad en nuestras propias vidas y a confiar en la gracia de Dios, que se perfecciona en nuestra debilidad.
Comentarios