Hace ochocientos años, en la primavera de 1225, san Francisco de Asís componía el Cántico de las Criaturas, un himno de alabanza que aún hoy resuena en los corazones de creyentes y no creyentes. Este texto, considerado la primera obra maestra de la literatura italiana, no es solo un poema, sino una verdadera declaración de fe y fraternidad universal. Con motivo de este importante aniversario, la Iglesia nos invita a redescubrir el mensaje profundo del Cántico, en particular aquel verso que habla del perdón: «Alabado seas, mi Señor, por todos aquellos que perdonan por tu amor».
En un mundo marcado por divisiones, rencores y conflictos, el perdón parece a menudo un desafío imposible. Sin embargo, Francisco nos muestra que es precisamente en el perdón donde se esconde la clave para una vida nueva, para una paz auténtica que no es utopía, sino promesa concreta para quien se confía a la gracia de Dios.
El perdón como regalo para uno mismo
A menudo pensamos en el perdón como un acto que hacemos hacia los demás, casi como un favor concedido. Pero la perspectiva franciscana y cristiana es radicalmente diferente: el perdón es ante todo un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. Como ha afirmado Alessandra Cetro, encargada nacional de Agesci para Justicia, Paz y Noviolencia, «el perdón es un regalo que nos hacemos principalmente a nosotros mismos y luego lo hacemos al universo». Perdonar significa acoger lo que ha sucedido, incluso aquello que no se puede cambiar, y elegir no sufrir más por ello. Es un acto de liberación interior que abre a la vida, permitiendo que lo bello florezca incluso después de la tormenta.
Esta visión está profundamente arraigada en la Escritura. Jesús mismo, en la oración del Padre Nuestro, nos enseña a pedir: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mateo 6,12). El perdón que recibimos de Dios está inseparablemente ligado a nuestra capacidad de perdonar a los demás. No se trata de un simple intercambio, sino de una dinámica de amor que transforma el corazón.
El arte de ser artesanos de paz
Ser «artesanos de paz» es una expresión que el papa Francisco usó a menudo, y que bien se adapta al mensaje del Cántico. No se trata de una empresa heroica, sino de un trabajo cotidiano hecho de gestos concretos, de respeto y comprensión mutua, de promoción de la justicia y del bien común. Como subrayó Cetro, «continuemos imaginando y soñando un mundo en paz no como utopía, sino como fuerte necesidad y también promesa para los hombres y mujeres de nuestro tiempo».
San Francisco nos enseñó que la paz comienza con un corazón reconciliado. Su encuentro con el lobo de Gubbio es una parábola poderosa: el lobo, símbolo de miedo y violencia, se convierte en hermano gracias al diálogo y al perdón. Hoy, como entonces, el acoso y el odio solo pueden ser vencidos con la fuerza del amor, como mostrará el encuentro con el periodista y teólogo Diego Mecenero.
El perdón en la Biblia: de Dios a nosotros, de nosotros a los demás
La Biblia está llena de enseñanzas sobre el perdón. En el libro del Eclesiástico leemos: «Perdona la ofensa a tu prójimo, y entonces, cuando ores, tus pecados te serán perdonados» (Eclesiástico 28,2). Y también el apóstol Pablo nos exhorta: «Sopórtense unos a otros y perdónense mutuamente si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes» (Colosenses 3,13).
El perdón no es olvido, sino una elección consciente de no dejar que el rencor envenene nuestra vida. Es un acto de fe que reconoce que Dios es más grande que nuestro pecado y que su misericordia es infinita. Como dice el Salmo 103: «Cuanto está lejos el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras transgresiones» (Salmo 103,12).
Perdonar hoy: un desafío posible
En una época de polarización y conflictos, el perdón puede parecer un ideal inalcanzable. Sin embargo, precisamente en los momentos
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