León XIV: Una Iglesia que acoge a los descartados

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En la tarde de una jornada marcada por la oración y la comunión, el papa León XIV presidió el rito de ordenación episcopal de cuatro nuevos obispos auxiliares para la diócesis de Roma. El evento, celebrado en la majestuosa basílica lateranense, fue un momento de intensa espiritualidad y profundo renovación para la comunidad cristiana. El Santo Padre, con su estilo pastoral y acogedor, ofreció una homilía que tocó el corazón de todos los presentes, invitando a los nuevos pastores a dejarse 'encontrar' por las calles de la ciudad, junto a los más frágiles.

León XIV: Una Iglesia que acoge a los descartados

La ceremonia contó con la participación de fieles, sacerdotes y autoridades eclesiásticas, unidos en la invocación del Espíritu Santo. Los cuatro presbíteros – Andrés, Esteban, Marcos y Alejandro – fueron consagrados obispos, listos para servir al pueblo de Dios con humildad y dedicación. El Papa recordó que la Iglesia de Roma tiene una vocación especial a la universalidad y a la caridad, gracias a su vínculo único con Cristo, resucitado y vivo, que es el fundamento de toda comunidad cristiana.

La piedra desechada: corazón del Evangelio

En su reflexión, León XIV desarrolló el tema de la 'piedra desechada', una metáfora bíblica que resuena con particular fuerza en el contexto actual. Citando el Salmo 118, el Papa explicó cómo Jesús mismo fue la piedra desechada por los hombres, pero escogida por Dios como piedra angular. Esta imagen, querida por los primeros cristianos, revela la paradoja del Reino: lo que el mundo rechaza, Dios lo eleva a fundamento de salvación.

«La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular; esto es obra del Señor, y es una maravilla a nuestros ojos» (Salmo 118,22-23, DHH).

El Papa subrayó que Jesús no fue desechado solo por no ser reconocido como Hijo de Dios, sino sobre todo por haber asumido la condición humana, considerada indigna por muchos. Sin embargo, Él recorrió hasta el final el camino del amor misericordioso, buscando las ovejas perdidas, sentándose a la mesa con los pecadores y desarmando los corazones listos para apedrear. De este modo, el Hijo reveló el rostro del Padre, cumpliendo sus obras de misericordia.

Una misión para la Iglesia de hoy

La 'piedra desechada' se convierte así en el corazón del anuncio mesiánico y de la misión de la Iglesia. El papa León XIV exhortó a los nuevos obispos y a toda la comunidad diocesana a hacerse prójimos de aquellos que la sociedad continúa descartando: los pobres, los enfermos, los inmigrantes, los encarcelados. Recordó que el Santo tocó lo impuro, el Justo perdonó a los pecadores, la Vida sanó a los enfermos, el Maestro lavó los pies cansados de los discípulos. Este es el modelo a seguir.

La lógica del Reino, de hecho, invierte la del dominio y el poder. En las Bienaventuranzas y en el Magníficat, Dios muestra que está del lado de los últimos, devolviendo la dignidad a quienes han sido marginados. Como afirmó el Papa, «en esta ciudad, capital del gran imperio, la piedra desechada se convirtió en el estandarte de una nueva esperanza, la del Reino de Dios». Los cristianos están llamados a ser signo de esta esperanza, anunciando que en Cristo los descartados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino.

Pastores de calle para una Iglesia en salida

La invitación del papa León XIV es clara: los obispos deben ser 'pastores de calle', dispuestos a dejar las comodidades para encontrarse con el pueblo en las periferias existenciales. No se trata de un simple activismo, sino de una exigencia evangélica: la Iglesia debe dejarse 'encontrar' allí donde hay sufrimiento, soledad y necesidad de esperanza. El Papa recordó que la Iglesia de Roma, heredera del martirio de Pedro y Pablo, tiene una responsabilidad particular en ser madre acogedora para todos.

En un mundo marcado por divisiones e indiferencia, el testimonio de una Iglesia que sale de sí misma es más necesario que nunca. Los nuevos obispos están llamados a encarnar esta visión, siendo pastores que caminan con su pueblo, especialmente con aquellos que la sociedad ha dejado atrás. La ordenación de estos cuatro obispos auxiliares no es solo un acto administrativo, sino una señal profética de que la Iglesia quiere estar presente en las calles, en los barrios, en los lugares donde la gente vive y sufre. Que el ejemplo de León XIV inspire a toda la comunidad cristiana a ser una Iglesia en salida, acogedora y misericordiosa.


¿Te gustó este artículo?

Comentarios

← Volver a Fe y Vida Más en Vida de Iglesia