Querido hermano, hermana, en un mundo donde la información debería ser un puente hacia la verdad, hay lugares donde ese puente se convierte en campo de batalla. México, tristemente, ha sido señalado como el país más peligroso para ejercer el periodismo. Según datos recientes, entre el año 2000 y 2025, 176 periodistas han sido asesinados y 32 permanecen desaparecidos. Solo en 2025, siete perdieron la vida, uno está desaparecido y 451 sufrieron algún tipo de agresión. Estas cifras no son solo estadísticas; son vidas, familias, voces que buscaban contar historias y que fueron silenciadas con violencia.
Como cristianos, estamos llamados a ser portadores de luz en medio de las tinieblas. El profeta Isaías nos recuerda: "¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que convierten las tinieblas en luz y la luz en tinieblas!" (Isaías 5:20, NVI). La violencia contra los comunicadores es un ataque a la verdad misma, y la Iglesia no puede permanecer en silencio.
El panorama de la violencia: más allá de los números
La organización Artículo 19 documentó que, en 2025, las agresiones contra periodistas en México incluyeron 199 casos de "ambiente hostil", 151 de abuso de poder público y 53 de violencia física. Además, se registraron 112 amenazas, lo que significa que cada cuatro días un periodista era amenazado. La estigmatización también jugó un papel crucial: 65 casos, de los cuales el 60% provino de autoridades o partidos políticos. Estos discursos, en un contexto de violencia e impunidad, actúan como "mecanismos de habilitación de violencia", según el informe.
Impunidad estructural: una herida abierta
El informe también señala que tanto los asesinatos como las desapariciones comparten "la impunidad estructural". En la mayoría de los casos, las investigaciones carecen de un enfoque diligente y exhaustivo; se omite considerar la labor periodística como línea principal de investigación y persisten prácticas de revictimización. Esto nos duele como comunidad de fe, porque la justicia es un pilar del Reino de Dios. El profeta Miqueas nos exhorta: "Ya se te ha declarado lo que es bueno, y lo que el Señor pide de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios" (Miqueas 6:8, RVR1960).
El papel de la Iglesia: ser voz profética
Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a ser una voz profética que denuncie la injusticia y defienda a los perseguidos. Jesús mismo dijo: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6, RVR1960). No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras quienes buscan la verdad son silenciados con sangre.
Acciones concretas desde la fe
Como creyentes, podemos orar por los periodistas y sus familias, apoyar organizaciones que defienden la libertad de prensa y alzar nuestra voz contra la impunidad. También podemos educarnos sobre la situación y compartir información veraz, rompiendo así las "estructuras del silencio" que el informe menciona. La Palabra nos anima: "El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda" (Proverbios 11:13, RVR1960). Ser fieles a la verdad implica proteger a quienes la comunican.
Esperanza en medio de la oscuridad
A pesar de este panorama desolador, no perdemos la esperanza. Sabemos que Dios está del lado de los que buscan justicia. El Salmo 34:17-18 nos recuerda: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu" (RVR1960). La luz de Cristo brilla incluso en las situaciones más oscuras, y nosotros, como su cuerpo, debemos reflejar esa luz.
Un llamado a la acción
Te invito a reflexionar: ¿cómo puedes tú, desde tu lugar, ser un defensor de la verdad? Quizás sea orando, compartiendo información, o apoyando a periodistas independientes. No subestimes el poder de una voz que clama por justicia. Como está escrito: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:16, RVR1960).
Que el Señor nos dé valor para no callar ante la injusticia, y que su paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús.
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