Cada año, cuarenta días después de la Pascua, la iglesia cristiana celebra la Ascensión del Señor. Para muchos, esta fecha puede parecer un simple evento histórico, algo que ocurrió hace dos mil años y que poco tiene que ver con nuestra vida diaria. Pero la verdad es que la Ascensión es una de las verdades más poderosas de nuestra fe, y entenderla puede transformar tu manera de vivir.
En Hechos de los Apóstoles 1:9-11, leemos:
“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y una nube le recibió y le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:9-11, RVR1960)
Este pasaje describe un evento que los discípulos presenciaron con sus propios ojos. No fue una visión ni una metáfora; fue un hecho real que marcó el final del ministerio terrenal de Jesús y el comienzo de una nueva etapa para la iglesia.
¿Por qué algunos dudan de la Ascensión?
En los últimos años, han surgido voces que cuestionan la historicidad de la Ascensión. Algunos dicen que es un mito, una leyenda o una forma simbólica de decir que Jesús fue exaltado. Incluso hay quienes se burlan, diciendo que Jesús no era un cohete espacial. Estas dudas no son nuevas; desde los primeros siglos, la gente ha tenido dificultades para aceptar lo sobrenatural.
Sin embargo, la Biblia es clara: Jesús ascendió al cielo en cuerpo y alma. Los evangelios y el libro de Hechos lo afirman sin ambigüedad. Marcos 16:19 dice:
“Y el Señor, después que habló con ellos, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.” (Marcos 16:19, RVR1960)
La duda sobre la Ascensión suele venir de una falta de fe o de una mentalidad que reduce todo a lo que podemos ver y tocar. Pero como cristianos, creemos en un Dios que trasciende lo natural. Si aceptamos que Jesús nació de una virgen, hizo milagros y resucitó, ¿por qué nos costaría creer que ascendió al cielo?
El significado teológico de la Ascensión
La Ascensión no es solo un hecho histórico; tiene un profundo significado para nuestra fe. Al ascender, Jesús fue exaltado a la diestra de Dios Padre, recibiendo toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Esto significa que Cristo reina sobre todas las cosas, y que nosotros, como sus seguidores, compartimos esa victoria.
Además, la Ascensión abrió el camino para la venida del Espíritu Santo. Jesús mismo dijo:
“Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7, RVR1960)
El Espíritu Santo es quien nos guía, nos consuela y nos da poder para vivir la vida cristiana. Sin la Ascensión, no habríamos recibido este regalo tan maravilloso.
La Ascensión y nuestra esperanza
La Ascensión también es una promesa de que Jesús volverá. Los ángeles dijeron a los discípulos: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Esta es nuestra esperanza: que un día Cristo regresará para llevarnos con Él. La Ascensión nos asegura que nuestro destino final no es la muerte, sino la vida eterna con Dios.
Cómo vivir la Ascensión hoy
Tal vez te preguntes: “¿Cómo puedo aplicar esto a mi vida?”. La Ascensión nos invita a vivir con una perspectiva celestial. Significa que nuestras prioridades deben estar alineadas con el reino de Dios, no con las cosas de este mundo. Colosenses 3:1-2 nos anima:
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:1-2, RVR1960)
En la práctica, esto se traduce en vivir con esperanza, amor y servicio. Saber que Cristo reina nos da paz en medio de las dificultades. Saber que Él volverá nos motiva a compartir el evangelio y a vivir de manera digna de su llamado.
Para terminar, te invito a reflexionar: ¿Crees realmente que Jesús ascendió al cielo? ¿Cómo cambia esa verdad tu manera de vivir hoy? Si tienes dudas, no temas llevarlas a Dios en oración. Pídele que aumente tu fe y te revele la realidad de su Palabra.
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