En el corazón de la Ciudad de México, la Arquidiócesis Primada de México se prepara para vivir un momento de profunda alegría y esperanza. Jóvenes que han escuchado la voz de Dios y han respondido con un “sí” generoso se alistan para recibir el sacramento del orden, ya sea como sacerdotes o diáconos. Estas ceremonias, que se llevarán a cabo en la Basílica de Guadalupe, son un testimonio vivo de que el Señor sigue llamando a hombres dispuestos a servir a su pueblo con amor y entrega.
La fe no es un camino solitario; es una comunidad que camina junta, y estas ordenaciones nos recuerdan que Dios nunca deja de suscitar vocaciones. Como dice el salmista: “Te alabo porque soy una creación admirable; tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien” (Salmo 139:14, NVI). Cada uno de estos jóvenes es una obra maestra de Dios, llamada a brillar en medio de su Iglesia.
Fechas y lugares de las ordenaciones
Las celebraciones se realizarán en dos momentos distintos, ambos en el recinto mariano más querido por los mexicanos: la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. El primer evento será el jueves 28 de mayo de 2026, a las 17:00 horas, en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. En esta ocasión, cuatro jóvenes recibirán el orden sacerdotal: Jorge Fernando García Aceves, Luis Ignacio Lozano Cobos y Jorge Saúl Salazar Romero, miembros de los Cruzados de Cristo Rey, junto con Diego José Zepeda Martínez.
Posteriormente, el sábado 12 de junio del mismo año, también a las 17:00 horas, se llevarán a cabo las ordenaciones diaconales. En esta ceremonia, Iñaki Aramburu Barrios y Héctor Hugo Martínez Martínez, MSVD, serán ordenados diáconos transitorios. Ambas celebraciones serán presididas por el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México.
El significado de la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
La elección de la fecha para las ordenaciones sacerdotales no es casual. La fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, instituida por el Papa Francisco en 2021, se celebra el jueves después de Pentecostés. Es un día para meditar en el sacerdocio de Cristo, quien se ofrece a sí mismo como sacrificio vivo por la salvación de todos. Al ordenar a nuevos sacerdotes en esta fecha, la Iglesia subraya que todo ministerio nace de Cristo y se orienta a su servicio.
En palabras del apóstol Pedro: “Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9, NVI). Tanto los sacerdotes como los diáconos participan de este sacerdocio común, pero de manera especial, son signos visibles del amor de Cristo pastor.
Un camino de formación y discernimiento
Detrás de cada ordenación hay años de estudio, oración y discernimiento. Los seminaristas pasan por un proceso riguroso que incluye formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. No se trata solo de adquirir conocimientos, sino de dejarse moldear por el Espíritu Santo para ser instrumentos de gracia.
La comunidad cristiana tiene un papel fundamental en este proceso. Como nos recuerda San Pablo: “Así que, hermanos, esfuércense por confirmar su llamado y elección, porque si hacen estas cosas no caerán jamás” (2 Pedro 1:10, NVI). Orar por las vocaciones y acompañar a quienes están en discernimiento es una responsabilidad de todos los bautizados.
El papel de los diáconos en la Iglesia
Los diáconos transitorios, como los que serán ordenados en junio, son aquellos que se preparan para el sacerdocio. Su ordenación diaconal es un paso intermedio, pero no por ello menos significativo. El diácono es un servidor, llamado a imitar a Cristo que “no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45, NVI).
En la liturgia, los diáconos proclaman el Evangelio, preparan el altar y distribuyen la comunión. Fuera de ella, están llamados a ser signo de caridad, especialmente hacia los más necesitados. Su ministerio nos recuerda que la Iglesia no es una institución de poder, sino una comunidad de servicio.
Un llamado a la esperanza
En un mundo que a menudo parece desorientado, estas ordenaciones son un faro de esperanza. Nos muestran que hay jóvenes dispuestos a entregarlo todo por amor a Dios y a los hermanos. Como cristianos, estamos llamados a alegrarnos y a dar gracias por estas vocaciones, y también a preguntarnos: ¿cómo estoy respondiendo yo al llamado de Dios en mi vida?
No todos somos llamados al sacerdocio o al diaconado, pero todos tenemos una misión. Como dice el apóstol Pablo: “Hay diferentes dones, pero el mismo Espíritu. Hay diferentes servicios, pero el mismo Señor” (1 Corintios 12:4-5, NVI). Cada uno de nosotros, desde su lugar, puede ser instrumento de amor y verdad.
Invitación a participar y orar
Te invitamos a unirte en oración por estos jóvenes que pronto serán ordenados. Si vives en la Ciudad de México o tienes la oportunidad de visitarla, considera asistir a las celebraciones en la Basílica de Guadalupe. Será un momento de gracia para toda la Iglesia.
También te animamos a reflexionar: ¿qué “sí” está Dios esperando de ti hoy? Puede ser un sí a servir en tu parroquia, a perdonar a alguien, o a dedicar tiempo a la oración. Dios no pide grandes cosas, sino un corazón dispuesto. Como María, la primera discípula, que respondió: “Aquí tienes a la sierva del Señor; que él haga conmigo como me has dicho” (Lucas 1:38, NVI).
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