En los últimos cien años, desde la Cátedra de Pedro se ha alzado una voz constante que nos llama a construir la paz. Los sucesores de Pedro, cada uno en su tiempo, han sido testigos de los horrores de la guerra y han ofrecido una enseñanza que se ha ido profundizando con el paso de las décadas. Su mensaje no es solo para los católicos, sino para toda la humanidad que anhela vivir en armonía.
Cuando miramos hacia atrás, encontramos que ya en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, Benedicto XV describía aquel conflicto como una "matanza inútil". Sus palabras resonaban con el dolor de ver a hermanos enfrentándose con una violencia nunca antes vista. Más adelante, Pío XII hizo esfuerzos incansables para evitar que estallara otro conflicto mundial, aunque sus llamados no fueron escuchados como hubiéramos deseado.
En 1963, Juan XXIII escribía en "Pacem in terris" algo que hoy sigue siendo profundamente verdadero: en nuestra era, con armas capaces de destruir ciudades enteras, resulta casi imposible pensar que la guerra pueda ser instrumento de justicia. Su visión profética nos sigue interpelando hoy, cuando las armas son aún más destructivas.
La evolución de una enseñanza
La reflexión sobre la guerra y la paz ha ido madurando a lo largo del tiempo. Los teólogos de siglos pasados hablaban de conflictos con espadas y lanzas, mientras que hoy enfrentamos realidades muy diferentes. Drones, armas inteligentes y artefactos de destrucción masiva plantean cuestiones morales de una intensidad que nuestros antepasados no podían imaginar.
Pablo VI, ante las Naciones Unidas en 1965, pronunció unas palabras que han quedado grabadas en la memoria colectiva: "¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!" Su grito surgía del corazón de un pastor que había visto demasiado sufrimiento. Juan Pablo II, por su parte, dedicó gran parte de su pontificado a intentar evitar conflictos, especialmente en Oriente Medio, aunque muchas veces sus esfuerzos encontraron oídos sordos.
Esta enseñanza se ha ido enriqueciendo hasta llegar a cuestionar seriamente el concepto mismo de "guerra justa". Lo que antes podía parecer una posibilidad teórica, hoy se presenta como cada vez más difícil de justificar ante la realidad de las armas modernas y el sufrimiento que causan a poblaciones enteras.
Lo que dice el Catecismo
El Catecismo de la Iglesia Católica reconoce el derecho a la legítima defensa, pero establece condiciones tan estrictas que prácticamente hacen inviable justificar una guerra en nuestro tiempo. Para que una guerra defensiva sea considerada moralmente aceptable, deben cumplirse simultáneamente varias condiciones:
- Que el daño causado por el agresor sea grave, duradero y cierto
- Que todos los demás medios para resolver el conflicto se hayan agotado o demostrado ineficaces
- Que existan posibilidades fundadas de éxito
- Que el uso de las armas no cause males mayores que el mal que se pretende eliminar
Al evaluar esta última condición, debemos considerar el poder destructivo de las armas modernas. ¿Quién puede negar que hoy nos encontramos ante medios capaces de causar daños casi irreparables a la humanidad y al planeta?
El mensaje de Francisco y la continuidad con León XIV
Durante el pontificado del Papa Francisco, el "no" a la guerra se ha expresado con particular fuerza. En su encíclica "Fratelli tutti", escribió con claridad: "Fácilmente se opta por la guerra esgrimiendo todo tipo de excusas aparentemente humanitarias, defensivas o preventivas, recurriendo incluso a la manipulación de la información".
Francisco nos alertaba sobre cómo, en las últimas décadas, todas las guerras han pretendido tener alguna "justificación". Su enseñanza nos invita a ser críticos, a no dejarnos engañar por discursos que buscan legitimar la violencia. Su magisterio, que concluyó con su partida en abril de 2025, dejó un legado de compromiso con la paz que hoy continúa el Papa León XIV.
León XIV, quien asumió el ministerio petrino en mayo de 2025, ha dado continuidad a este llamado por la paz. En sus primeras intervenciones, ha insistido en que la guerra nunca es solución y que debemos buscar caminos de diálogo y reconciliación. Su voz se suma a ese coro de pontífices que, durante un siglo, han dicho "basta" a la violencia entre hermanos.
"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios." (Mateo 5:9, RVR1960)
Fundamentos bíblicos de la paz
La enseñanza de los Papas sobre la paz encuentra sus raíces más profundas en la Sagrada Escritura. Desde el Antiguo Testamento, los profetas anunciaban un tiempo de paz donde "convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en hoces" (Isaías 2:4, NVI). Esta visión de un mundo reconciliado ha inspirado a generaciones de creyentes.
Jesús mismo nos dejó un mandamiento nuevo: "Ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, así también ustedes deben amarse los unos a los otros" (Juan 13:34, NVI). Este amor, que va más allá de fronteras y diferencias, es el antídoto más poderoso contra la guerra. Cuando amamos como Cristo nos amó, no hay espacio para la violencia.
Pablo, en sus cartas, nos recuerda que Cristo "es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación" (Efesios 2:14, RVR1960). En Cristo, las divisiones que nos separan -nacionales, étnicas, culturales- quedan superadas por una unidad más profunda.
Nuestra responsabilidad como cristianos
La enseñanza de los Papas sobre la paz no es solo teoría: es un llamado a la acción. Como cristianos, estamos llamados a ser constructores de paz en nuestros ambientes cotidianos. La paz mundial comienza con la paz en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros lugares de trabajo.
Podemos comenzar practicando el perdón, buscando la reconciliación cuando hay conflictos, tendiendo puentes donde hay divisiones. Cada gesto de paz, por pequeño que sea, contribuye a crear una cultura diferente, una cultura donde la violencia no sea la primera opción.
También estamos llamados a orar por la paz. La oración no es una huida de la realidad, sino una forma poderosa de transformarla. Cuando oramos "danos hoy la paz", estamos pidiendo a Dios que nos conceda la sabiduría para construirla y el valor para defenderla.
Reflexión personal
Te invito a hacer una pausa y reflexionar: ¿En qué situaciones de tu vida estás llamado a ser constructor de paz? ¿Hay relaciones que necesitan reconciliación? ¿Hay prejuicios que debes superar? Recuerda que cada paso hacia la paz, por pequeño que sea, cuenta.
La enseñanza de los Papas a lo largo de este siglo nos muestra que la paz es posible, pero requiere nuestro compromiso activo. No podemos quedarnos como espectadores pasivos ante los conflictos que afectan a nuestra humanidad. Estamos llamados a ser, como dice Jesús, "hijos de Dios" precisamente porque trabajamos por la paz.
¿Qué harás esta semana para construir paz a tu alrededor? Tal vez sea perdonar a alguien que te ha herido, tal vez sea tender la mano a alguien con quien tienes diferencias, tal vez sea simplemente escuchar con paciencia a quien piensa distinto. Cada gesto cuenta. Cada acto de paz es una semilla que puede dar frutos insospechados.
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