En septiembre de 2001, los atentados terroristas contra el World Trade Center y el Pentágono sacudieron al mundo. En medio del estupor general y los clamores de venganza, el entonces prior general de los Agustinos, Robert Prevost —hoy Papa León XIV— alzó su voz. En una homilía pronunciada el 21 de septiembre de 2001 en Roma, se pronunció firmemente contra los ataques de represalia y llamó, en cambio, a la paz y la reconciliación. Este sermón ha sido publicado ahora en un libro que recoge textos inéditos del Papa.
Las palabras del Papa León XIV de aquella época siguen siendo de gran actualidad. Nos recuerdan que los cristianos, en tiempos de crisis, no debemos seguir el clamor de la venganza, sino el ejemplo de Jesucristo, que nos enseña a amar a nuestros enemigos y a orar por los que nos persiguen.
El mandato bíblico de la paz
La Biblia habla repetidamente de la importancia de la paz. Ya en el Antiguo Testamento leemos: «Busca la paz y síguela» (Salmo 34:14, RV60). Jesús mismo dice en el Sermón del Monte: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:9, RV60). El apóstol Pablo exhorta a la iglesia en Roma: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Romanos 12:21, RV60).
Estas palabras no son solo ideales piadosos, sino instrucciones concretas para la vida cristiana. El Papa León XIV lo dejó claro en su homilía: la venganza no conduce a una paz duradera, sino que solo genera más violencia. En cambio, los cristianos estamos llamados a tender puentes de reconciliación y a promover la paz en nuestro entorno.
La importancia del perdón
Un aspecto central del mensaje cristiano de paz es el perdón. Jesús nos enseña en el Padrenuestro: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:12, RV60). Perdonar no es fácil, especialmente cuando el daño sufrido es grande. Sin embargo, es el único camino para romper el ciclo de violencia y venganza.
El Papa León XIV destacó en su homilía que la verdadera fortaleza no reside en la venganza, sino en la capacidad de perdonar. Esto corresponde al ejemplo de Jesús, quien en la cruz oró por sus verdugos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34, RV60).
El perdón como acto de liberación
El perdón no solo libera al otro, sino también a nosotros mismos. Cuando nos aferramos al rencor y la amargura, quedamos atrapados. Al perdonar, nos abrimos a la paz de Dios y quedamos libres para vivir en amor y reconciliación. El apóstol Pablo escribe: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro; de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros» (Colosenses 3:13, RV60).
El papel de la Iglesia en tiempos de conflicto
La Iglesia, como comunidad de creyentes, está llamada a ser una señal de paz en el mundo. En tiempos de guerra y terror, está llamada a hablar proféticamente y a señalar el camino de la no violencia. El Papa León XIV hizo esto en su homilía, dando un fuerte testimonio.
La Iglesia también puede ayudar concretamente creando espacios de encuentro y diálogo donde la reconciliación sea posible. Puede trabajar por la justicia y apoyar a las víctimas de la violencia. Al mismo tiempo, debe recordar constantemente el mensaje de Jesús, que es un mensaje de paz.
Aplicación práctica para hoy
¿Qué podemos aprender del sermón del Papa León XIV para nuestra propia vida? En primer lugar, estamos llamados a promover la paz en nuestro entorno personal. Esto puede significar no dejar que los conflictos en la familia o en el trabajo escalen, sino buscar soluciones. También implica estar dispuestos a perdonar, incluso cuando es difícil. La paz comienza con pequeños gestos: una palabra amable, un gesto de reconciliación, una oración por aquellos que nos han hecho daño. Como cristianos, estamos llamados a ser instrumentos de paz en un mundo que a menudo está dividido por el odio y la violencia.
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