El eco perdurable de un mensaje de paz: Recordando a Francisco un año después

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

El 21 de abril de 2025, la Iglesia mundial despidió a una figura transformadora. El Papa Francisco, cuyo pontificado se caracterizó por un profundo compromiso pastoral y una incansable defensa de los pobres y la paz, partió a la casa del Padre. Sin embargo, su mensaje, especialmente su apasionado llamado a la paz, no se ha silenciado. Sigue resonando en los corazones de los fieles y en los desafíos de nuestro tiempo. Sus advertencias sobre los peligros de un conflicto global, pronunciadas años antes, adquieren una nueva y dolorosa actualidad ante las tensiones mundiales. Su legado nos invita como comunidad cristiana a volver a escuchar este mensaje.

El eco perdurable de un mensaje de paz: Recordando a Francisco un año después

El recuerdo de sus últimas apariciones públicas, como ese conmovedor mensaje en video durante el Festival de Sanremo a principios de 2026, subraya su postura inquebrantable. Incluso cuando sus fuerzas físicas menguaban, su autoridad espiritual y su voz clara y exhortativa permanecieron firmes. No solo llamó a los políticos, sino a cada persona, a asumir su responsabilidad. Este compromiso estaba profundamente arraigado en su comprensión del Evangelio, que nos llama a todos a ser instrumentos de reconciliación.

El fundamento bíblico de la paz

El servicio por la paz no es un programa opcional de la fe, sino su núcleo. Las Sagradas Escrituras están impregnadas de esta promesa y llamado. El profeta Isaías pinta un cuadro del reino de Dios consumado, que supera toda hostilidad: "Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará" (Isaías 11:6 RVR1960). Esta es la visión escatológica que debe orientar nuestra acción en el presente.

Jesucristo, el Príncipe de Paz, coloca esta paz en el centro de sus bienaventuranzas: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9 RVR1960). Aquí queda claro: hacer la paz es una actividad activa y creativa. No se trata de una espera pasiva, sino de un compromiso valiente por la justicia y la reconciliación. El apóstol Pablo exhorta con vehemencia a la comunidad en Roma: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos 12:18 RVR1960). Este llamado no conoce fronteras geográficas ni políticas.

"Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación" (Efesios 2:14 RVR1960).

En Cristo se supera la hostilidad que separa. Este fundamento teológico fue el motor de la labor pública del Papa Francisco. Su compromiso fue una interpretación concreta de este pasaje bíblico a escala global. Recordó al mundo que la verdadera seguridad no se construye con muros y armas, sino con puentes de diálogo y reconocimiento mutuo.

De la palabra a la acción: Construyendo paz en la vida comunitaria

¿Cómo puede esta gran visión global tomar forma en nuestra vida comunitaria concreta? La voz perdurable del Papa Francisco nos desafía a revisar nuestra práctica. La labor por la paz comienza en lo pequeño, en la forma en que nos tratamos unos a otros. Una comunidad marcada por disputas, envidias y divisiones difícilmente puede ser un testimonio creíble hacia afuera.

Un primer paso práctico es cultivar conscientemente una cultura de aprecio y de escucha respetuosa. En las reuniones del consejo parroquial, en las fiestas comunitarias o en el encuentro cotidiano después de la misa, se trata de percibir y aceptar al otro en su diferencia. Esto incluye posiciones políticas o ideológicas diversas. Aquí, la oración al Espíritu Santo, el Espíritu de unidad, puede convertirse en la fuente central de fortaleza.

Proyectos concretos pueden llevar más lejos la idea de la paz:


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