La Ascensión del Señor es una de las fiestas más significativas del calendario cristiano. En ella recordamos el momento en que Jesús, después de su resurrección, fue elevado al cielo en presencia de sus discípulos. Este evento no es un adiós definitivo, sino el inicio de una nueva etapa: la de la presencia de Cristo a través del Espíritu Santo y la esperanza de su regreso. Como cristianos, esta celebración nos invita a mirar hacia arriba, pero también a mantener los pies en la tierra, viviendo con propósito y misión.
Fundamento bíblico de la Ascensión
El relato en los Evangelios y en Hechos
La Ascensión está narrada en varios pasajes del Nuevo Testamento. En el Evangelio de Lucas, leemos: «Y sucedió que mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo» (Lucas 24:51, NVI). El libro de los Hechos de los Apóstoles ofrece un relato más detallado: «Después de decir esto, fue elevado a la vista de ellos, y una nube lo ocultó de sus ojos» (Hechos 1:9, NVI). Estos textos nos muestran que la Ascensión fue un evento visible y real para los discípulos, no una simple desaparición.
Significado teológico: Cristo exaltado
La Ascensión no solo es un hecho histórico, sino que tiene un profundo significado teológico. Jesús, al ascender al cielo, es exaltado a la diestra de Dios Padre. Como dice el apóstol Pablo: «Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre» (Filipenses 2:9, NVI). Esta exaltación confirma que la obra redentora de Cristo fue completa y aceptada. Además, su ascensión nos abre el camino para que nosotros también podamos estar con Él un día.
La Ascensión en la vida de la Iglesia
Una fiesta de gozo y esperanza
Aunque la partida de Jesús pudo haber causado tristeza en los discípulos, la Ascensión es una fiesta de gozo. Jesús mismo les dijo: «Si me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que yo» (Juan 14:28, NVI). La Iglesia celebra este día con alegría porque sabemos que Cristo reina glorioso y que su presencia no nos ha abandonado; ahora está con nosotros de una manera nueva, a través del Espíritu Santo y en la comunidad de fe.
La misión de la Iglesia
Antes de ascender, Jesús dio a sus discípulos la Gran Comisión: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15, NVI). La Ascensión, entonces, marca el comienzo de la misión de la Iglesia. Los discípulos pasaron de ser seguidores a ser testigos. Cada uno de nosotros, como parte del cuerpo de Cristo, estamos llamados a continuar esa misión, compartiendo el amor de Dios y anunciando la buena noticia de salvación.
Reflexión personal: ¿Qué significa para ti la Ascensión?
La Ascensión nos invita a vivir con esperanza y propósito. Jesús no nos dejó solos; nos prometió el Espíritu Santo y nos dio una tarea. Tal vez hoy puedas preguntarte: ¿Estoy viviendo como testigo de Cristo en mi familia, mi trabajo y mi comunidad? ¿Confío en que Jesús está intercediendo por mí ante el Padre? Que esta celebración renueve tu fe y te impulse a mirar hacia el cielo, pero con los pies firmes en la tierra, sirviendo a los demás con amor.
«Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hechos 1:8, NVI).
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