Este martes 12 de mayo, la Iglesia perdió a uno de sus servidores más dedicados. El cardenal suizo Paul Emil Tscherrig falleció a los 79 años, dejando un legado de servicio diplomático y amor a la Iglesia. El Papa León XIV, en un telegrama enviado a la familia y a la diócesis de Sion, expresó profundo pesar y gratitud por la vida del purpurado, quien sirvió como nuncio apostólico en varios países, incluyendo Italia y San Marino, donde fue el primer no italiano en ocupar el cargo.
En su mensaje, el Santo Padre destacó el “fiel servicio como representante pontificio” y el testimonio de “amor a la Iglesia y al Sucesor de Pedro”. El cardenal Tscherrig, según el Papa, “actuó generosamente” y ahora es entregado a la misericordia de Dios, para que “lo acoja en la luz que no conoce ocaso”. La Virgen María es invocada como intercesora para este ministro del Evangelio.
Trayectoria de un diplomático de la fe
Nacido el 3 de febrero de 1947 en Unterems, Suiza, Paul Emil Tscherrig fue ordenado sacerdote en 1974. Su amor por el estudio lo llevó a obtener el doctorado en derecho canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma. En 1978, el Papa Juan Pablo II lo llamó al servicio diplomático de la Santa Sede, iniciando una carrera que lo llevaría a representar a la Iglesia en varias naciones.
Como nuncio, Tscherrig sirvió en países como Burundi, Trinidad y Tobago, y posteriormente en Italia y San Marino, donde rompió la tradición de nuncios italianos. Su experiencia y sabiduría también fueron puestas al servicio de dicasterios de la Curia Romana, contribuyendo al gobierno de la Iglesia universal.
Qué nos enseña la Biblia sobre el servicio fiel
La vida del cardenal Tscherrig nos recuerda las palabras de Jesús en Mateo 25:21: “Bien, siervo bueno y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (RVR1960). Así como el siervo fiel de la parábola, Tscherrig dedicó su vida al servicio, sin buscar honras propias, sino la gloria de Dios.
El apóstol Pablo también nos exhorta en 1 Corintios 4:2: “Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel”. La fidelidad de Tscherrig a su llamado, incluso en misiones desafiantes, es un testimonio para todos los cristianos. Que podamos, como él, servir con alegría y dedicación, dondequiera que Dios nos coloque.
Reflexión para nuestro día a día
La muerte de un líder de la Iglesia nos invita a reflexionar sobre nuestra propia jornada de fe. Así como el cardenal Tscherrig, somos llamados a ser representantes de Cristo en nuestro entorno: en el trabajo, en casa, en la comunidad. No necesitamos ser nuncios o cardenales para testificar el amor de Dios; cada acto de bondad, cada palabra de consuelo, cada gesto de servicio es una forma de ser “embajador” del Reino.
Que podamos, al recordar la vida de este siervo fiel, renovar nuestro compromiso de seguir a Cristo con valentía y humildad. Y que, al final de nuestros días, podamos oír las mismas palabras: “Entra en el gozo de tu señor”.
Oremos: Señor, recibe en tu paz a tu siervo Paul Emil. Concédenos, por su intercesión, la gracia de servirte con alegría y fidelidad hasta el fin. Amén.
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