Papa León XIV en Annaba: Un peregrinaje de esperanza siguiendo las huellas de san Agustín

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En un día lluvioso que parecía querer purificar la tierra y la memoria, el Papa León XIV realizó un peregrinaje lleno de significado en la ciudad de Annaba, la antigua Hipona. Este lugar, inmortalizado por el ministerio episcopal de san Agustín, recibió al sucesor de Pedro en un abrazo que une siglos de historia, fe y servicio. El pontífice, elegido en mayo de 2025, decidió comenzar su ministerio petrino recordando las raíces profundas de la Iglesia, visitando no solo las antiguas piedras sino especialmente las obras de caridad que siguen dando vida al Evangelio.

Papa León XIV en Annaba: Un peregrinaje de esperanza siguiendo las huellas de san Agustín

Hipona: donde la historia aún habla

Annaba, con su nombre árabe que significa 'la ciudad de las moreras', guarda en su subsuelo y en sus estructuras visibles el eco de una grandeza pasada. Las ruinas romanas —el foro, el teatro, las termas— cuentan de una civilización que aquí alcanzó su apogeo. Pero para los cristianos, el corazón de esta ciudad late en la Basílica Pacis, donde Agustín, el doctor de la gracia, guio a su rebaño a través de tormentas doctrinales y desafíos pastorales. En este lugar, el obispo de Hipona escribió páginas inmortales de la teología cristiana, recordándonos que, como afirma la Carta a los Hebreos:

"Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre" (Heb 13,8).

Las piedras que dan testimonio

Al recorrer esos lugares, el Papa León casi pudo escuchar el eco de las palabras de Agustín, quien en esta ciudad combatió las herejías donatista y pelagiana, defendiendo la universalidad de la Iglesia y la necesidad de la gracia. Las piedras del baptisterio anexo a la basílica aún hablan del sacramento que nos hace renacer a una vida nueva, un tema querido para el pontífice que ha subrayado con frecuencia cómo

"Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3,16).

De las antiguas piedras a las obras modernas de misericordia

Si la mañana se dedicó a la memoria histórica, la tarde vio al papa pasar de la arqueología de la fe a su encarnación contemporánea. La visita a la casa de acogida 'Ma Maison', dirigida por las Hermanitas de los Pobres, representó la culminación natural del peregrinaje. En este lugar, donde ancianos cristianos y musulmanes encuentran juntos cuidado, dignidad y fraternidad, el pontífice reconoció el rostro vivo de la Iglesia.

Donde habita Dios

"Me alegro porque aquí habita Dios", afirmó el Papa León, recordando a todos que la presencia divina se manifiesta especialmente donde reinan el amor y el servicio desinteresado. Estas palabras hacen eco del mandato de Jesús:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mc 12,31).
En la sencillez de una casa que acoge a los frágiles, sin distinción de credo, se realiza ese reino de Dios que no está hecho de poder sino de servicio.

Testimonios que edifican

Durante el encuentro, el pontífice escuchó con emoción las palabras de monseñor Desfarges y el testimonio del señor Salah Bouchemel. Este último, probablemente un musulmán que colabora o se beneficia de la obra de las Hermanitas, ofreció una prueba tangible de cómo la caridad supera toda barrera. El Papa León comentó: "Creo que el Señor, desde el Cielo, al ver una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡entonces hay esperanza!".

El corazón de Dios con los pequeños

En un mundo desgarrado por conflictos e injusticias, estas realidades sencillas se convierten en signos proféticos. El pontífice recordó que el corazón de Dios "está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, día a día". Esta afirmación encuentra su fundamento en las Bienaventuranzas:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,3).


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