El Papa León XIV en Angola: Un llamado a la paz desde la esperanza pascual

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En una mañana soleada de abril, más de cien mil fieles se reunieron en la Explanada de Kimbala, en Luanda, para un momento histórico de fe. El Papa León XIV, en su primer viaje apostólico a África, presidió la celebración eucarística y, poco después, dirigió la tradicional oración del Regina Caeli. El ambiente era de profunda alegría, propia del tiempo pascual, pero también cargado de un sentimiento pastoral que mira hacia los dolores del mundo.

El Papa León XIV en Angola: Un llamado a la paz desde la esperanza pascual

Hablando directamente al corazón de los presentes en portugués, el Pontífice recordó que la verdadera alegría cristiana, aquella que brota de la Resurrección de Jesús, no es una huida de la realidad. Por el contrario, es una fuerza que nos capacita para enfrentar el sufrimiento con esperanza. "La luz de Cristo vivo", afirmó, "no apaga las sombras del mundo, pero nos da el valor para caminar a través de ellas, transformando el dolor en compasión y la angustia en oración insistente".

La voz del Pastor ante los conflictos

Con la mirada puesta en los escenarios de guerra que aún marcan nuestro tiempo, el Santo Padre hizo una mención especial y conmovedora a la situación en Ucrania. Sus palabras no fueron de análisis político, sino un grito pastoral que brota de la misión de ser "Padre común de los fieles". Expresó profunda tristeza por la escalada de violencia y el sufrimiento infligido a poblaciones enteras, donde familias son separadas, hogares destruidos y vidas segadas.

En este contexto, León XIV renovó, con vehemencia y ternura, un llamado que hace eco del deseo más profundo del corazón de Dios: "Que las armas callen". Este no es un simple pedido de tregua, sino un clamor por una paz verdadera, construida sobre la justicia, el diálogo y el respeto incondicional por la dignidad de cada persona, creada a imagen y semejanza del Creador. El Papa invitó a todos los cristianos y personas de buena voluntad a unirse a esta súplica.

"Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios." (Mateo 5:9, NVI)

En contraste con este cuadro doloroso, el Pontífice también manifestó un sentimiento de alivio y esperanza al comentar los recientes avances hacia una tregua en el Líbano. Este ejemplo fue citado como una señal de que el camino del diálogo, por difícil que sea, siempre permanece abierto y es el único que puede llevar a soluciones duraderas. Animó a no desistir en la búsqueda de la paz, incluso cuando las circunstancias parecen más sombrías.

La Pascua: clave para entender el sufrimiento y la esperanza

La reflexión del Papa estaba profundamente enraizada en el misterio pascual que la Iglesia celebra. Explicó que la Cruz y la Resurrección de Cristo son la lente a través de la cual el creyente es llamado a mirar la historia, incluyendo sus tragedias. El sufrimiento, a la luz de la fe, no es un absurdo sin sentido, sino una realidad que, ofrecida a Dios, puede convertirse en terreno fértil para una nueva vida.

Así como Jesús asumió sobre sí los dolores de la humanidad, los cristianos están llamados a asumir, en la oración y en la caridad solidaria, el peso de sus hermanos que sufren. La oración del Regina Caeli, rezada aquel domingo, es precisamente un canto de alegría por la Resurrección que no olvida las lágrimas. El saludo "¡Reina del Cielo, alégrate, aleluya!" proclama la victoria de la vida, mientras nos ponemos bajo la protección de aquella que, a los pies de la Cruz, vivió el dolor más profundo.

"Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno." (2 Corintios 4:17-18, NVI)

El llamado a la acción: de la oración a la caridad activa

El llamado del Papa León XIV va más allá de las palabras. Invita a una conversión del corazón que se traduzca en gestos concretos. En primer lugar, la oración insistente y confiada por la paz, hecha con la perseverancia de la viuda del Evangelio que pedía justicia al juez. Y en segundo lugar, la acción solidaria hacia quienes sufren las consecuencias de la guerra, ya sea a través de la ayuda humanitaria, el acogimiento de refugiados o el trabajo por la justicia en nuestras propias comunidades. "La fe sin obras está muerta", recordó citando la Escritura, subrayando que nuestra esperanza en Cristo resucitado debe hacerse visible en el amor activo hacia el prójimo.

La multitud reunida en Luanda respondió con un prolongado aplauso y cantos de "Paz, paz, paz". Muchos llevaban velas encendidas, símbolo de la luz de Cristo que disipa las tinieblas. Al finalizar, el Papa impartió la bendición apostólica, encomendando especialmente a la protección de la Virgen María a las víctimas de todos los conflictos. Este encuentro en Angola quedará como un testimonio potente de cómo la Iglesia, peregrina en la historia, lleva consigo tanto el gozo pascual como la compasión por las heridas del mundo, sostenida por la certeza de que, en Cristo, el amor tiene la última palabra.


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