Ordenados cuatro nuevos obispos auxiliares para Roma: un llamado a servir y profetizar

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En la mañana del sábado 2 de mayo de 2026, la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, fue escenario de una celebración significativa para la Iglesia. El Papa León XIV presidió la ordenación de cuatro nuevos obispos auxiliares para la diócesis de Roma: monseñores Stefano Sparapani, Alessandro Zenobbi, Andrea Carlevale y Marco Valenti. En su homilía, el Santo Padre enfatizó que el episcopado no es un honor, sino un servicio, haciendo eco de las palabras de Jesús: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45, NVI).

Ordenados cuatro nuevos obispos auxiliares para Roma: un llamado a servir y profetizar

La ceremonia, llena de simbolismo y oración, comenzó con el canto del Veni, Creator Spiritus, invocando al Espíritu Santo sobre los elegidos. Tras la presentación de los candidatos, el Papa pronunció una homilía profunda, recordando que la Iglesia de Roma tiene una vocación especial hacia la universalidad y la caridad, por su vínculo único con Cristo resucitado.

El llamado a la profecía y al servicio

En sus palabras, el Papa León XIV exhortó a los nuevos obispos a ser profetas en su ministerio. «Serán profetas si son hombres de paz y unidad, componiendo con los hilos de la gracia y la misericordia los espacios vastos y populosos de esta Diócesis, armonizando las diferencias, acogiendo, escuchando y perdonando», dijo el Pontífice. Les advirtió contra la tentación de buscar los primeros puestos o conformarse con privilegios, recordando que la autoridad en la Iglesia es, ante todo, un servicio humilde.

La referencia bíblica al profeta Jeremías fue clara: «Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que nacieras, te aparté; te nombré profeta para las naciones» (Jeremías 1:5, NVI). El Papa destacó que los obispos están llamados a anunciar la verdad del Evangelio, incluso cuando eso exige coraje y renuncia.

La Iglesia como cuerpo de Cristo

La homilía también reflexionó sobre la naturaleza de la Iglesia como un edificio espiritual de piedras vivas, fundamentado en Cristo. El Papa citó la Primera Carta de San Pedro: «ustedes también, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, ofreciendo sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (1 Pedro 2:5, NVI). Los nuevos obispos fueron recordados de que su misión es fortalecer esa construcción, uniendo a los fieles en torno al Evangelio.

En un gesto de unidad, los cuatro nuevos obispos recibieron la imposición de manos y la oración de consagración, seguida por la unción con el óleo del crisma y la entrega del libro de los Evangelios, la mitra y el báculo pastoral. Cada símbolo recuerda la responsabilidad de pastorear el rebaño de Dios con amor y fidelidad.

Desafíos del ministerio episcopal hoy

El contexto actual de la Iglesia, marcado por desafíos como la secularización, las divisiones internas y la necesidad de una evangelización renovada, hace que el ministerio episcopal sea aún más exigente. El Papa León XIV, elegido en mayo de 2025 tras la muerte del Papa Francisco el 21 de abril del mismo año, ha enfatizado la importancia de una Iglesia misionera y abierta al diálogo. La ordenación de estos obispos auxiliares en Roma, la diócesis del Papa, refuerza el compromiso con un liderazgo de servicio.

«No olviden que el poder en la Iglesia es servicio. Sean pastores que huelan a ovejas, como decía el Papa Francisco», añadió el Pontífice, haciendo eco a su predecesor. También animó a los nuevos obispos a cultivar la oración y la escucha de la Palabra, porque «sin Cristo, nada podemos hacer» (Juan 15:5).

Un llamado para todos los cristianos

La ordenación episcopal no es solo un evento para la Iglesia Católica, sino una inspiración para todos los cristianos. El ejemplo de hombres que lo dejan todo para servir recuerda a cada creyente que el discipulado exige humildad y entrega. En Filipenses 2:3-4, leemos: «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás».


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