En una visita significativa al continente africano, el Papa León XIV dedicó un momento especial para reunirse con los pastores y agentes de pastoral que sirven a la Iglesia en Angola. El encuentro, realizado en la acogedora Parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Luanda, congregó a obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos con la evangelización. Fue un diálogo fraterno donde el sucesor de Pedro expresó su profundo agradecimiento por el testimonio de fe y el incansable trabajo desarrollado en ese país.
La atmósfera era de familia, de Iglesia en comunión. El Pontífice, con una sonrisa abierta y gestos cálidos, reconoció la dedicación de cada uno. Comenzó sus palabras recordando a todos que Dios no es indiferente al esfuerzo y al amor depositados en la misión. Cada gesto de caridad, cada palabra de esperanza, cada sacrificio hecho por el anuncio del Evangelio es visto y valorado por el Padre celestial. Esta certeza debe ser el fundamento que sostiene el ministerio de todo cristiano, especialmente de aquellos llamados a guiar el rebaño.
El peligro de la autorreferencialidad y el antídoto de la humildad
Con un tono pastoral y a la vez firme, León XIV abordó una tentación sutil que puede acechar cualquier ministerio: el encierro en uno mismo. Alertó sobre los riesgos de la prepotencia y la autorreferencialidad, invitando a todos a un examen de conciencia constante. La prepotencia surge cuando el servicio se transforma en dominio, cuando la autoridad recibida para cuidar se convierte en un instrumento para destacarse. La autorreferencialidad es ese círculo vicioso donde nuestras acciones, proyectos y preocupaciones giran solo en torno a nosotros mismos, a nuestro grupo o a nuestra institución, perdiendo de vista el verdadero horizonte que es Cristo y el pueblo al que servimos.
El Papa recordó que el modelo para todo ministro es Jesús, el Buen Pastor. Él no vino para ser servido, sino para servir y dar la vida por sus ovejas (cf. Marcos 10:45). La humildad de Cristo, que se despojó a sí mismo tomando condición de siervo (Filipenses 2:7), debe ser nuestra brújula.
"Revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes." (1 Pedro 5:5b, NVI)Esta gracia de la humildad es lo que nos libera de la necesidad de autoafirmación y nos abre al verdadero encuentro.
Separarse del pueblo: una herida en la comunión
Un punto central del mensaje fue el llamado vehemente a que los pastores no se separen del pueblo. Esta separación puede ser física, creando una distancia social, pero es, sobre todo, una separación del corazón. Ocurre cuando los problemas, las alegrías, las luchas y las esperanzas de la comunidad dejan de ser las nuestras. El Papa León XIV enfatizó que el pastor debe oler a oveja, conocer su olor, compartir su vida. La Iglesia no es una élite distante, sino un pueblo en camino, donde todos somos hermanos.
Esto exige presencia, escucha atenta y disponibilidad. Exige bajar del pedestal y caminar lado a lado. La credibilidad del anuncio del Evangelio está directamente ligada a la autenticidad de esta relación. ¿Cómo pueden las personas creer en el amor de Dios si no lo experimentan primero en el rostro y en las actitudes de quienes dicen representarlo?
Abran de par en par las puertas a Cristo
Frente a estos desafíos, ¿cuál es el camino? León XIV presentó una dirección clara y positiva: abrir el corazón completamente a Cristo. Invitó a los presentes a una entrega radical, sin reservas. "Quien se entrega por Él, recibe el ciento por uno", recordó, haciendo eco de la promesa de Jesús (cf. Marcos 10:29-30). La verdadera realización en el ministerio no viene del poder o del reconocimiento, sino de la alegría de pertenecer a Cristo y de ser instrumento de su gracia.
Abrir las puertas a Cristo significa permitir que Él transforme nuestras motivaciones, sane nuestras heridas de orgullo y renueve nuestro primer amor. Significa hacer de Él el centro de nuestra vida personal y ministerial. Cuando Cristo ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su justa medida: el servicio se vuelve alegre, la autoridad se ejerce como cuidado, y la cercanía con el pueblo brota naturalmente como fruto de nuestra unión con el Señor.
El Papa concluyó animando a todos a perseverar con esperanza, recordando que la Iglesia en Angola, con sus desafíos y sus riquezas, tiene un papel profético en el continente y en el mundo. Los instó a ser constructores de comunión, testigos de la misericordia y heraldos de la alegría del Evangelio, siempre desde la humildad y la proximidad que caracterizan al discípulo misionero.
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