En el corazón de la selva central peruana, entre los meses de abril, un grupo de sacerdotes de las diócesis de Huancayo, Huánuco y Tarma se reunió para vivir días especiales de encuentro. Este no fue simplemente un evento en el calendario, sino un verdadero regalo del Espíritu Santo para quienes dedican su vida al servicio del Pueblo de Dios. En tiempos donde el ministerio pastoral puede sentirse solitario o abrumador, estos espacios de comunión se convierten en oasis que renuevan las fuerzas y el amor por la vocación recibida.
La Palabra de Dios nos recuerda en el libro de los Hechos cómo los primeros discípulos "perseveraban unánimes en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón" (Hechos 2:46, RVR1960). Esta misma alegría y sencillez marcó el encuentro de estos pastores, quienes dejaron por unos días sus parroquias para encontrarse como hermanos, compartir experiencias y fortalecerse mutuamente en su caminar ministerial.
La riqueza de compartir en fraternidad
El encuentro comenzó con una celebración eucarística que reunió a obispos y sacerdotes en un mismo altar. Este momento fundacional estableció el tono de todo lo que seguiría: primero Dios, luego la comunión entre hermanos. La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana, fue el centro desde donde brotó toda la actividad posterior. En ella encontraron la fuerza para renovar su compromiso bautismal y sacerdotal.
Durante los días siguientes, los participantes compartieron no solo momentos de formación y reflexión teológica, sino también espacios informales de conversación, oración común y sencilla convivencia. Estos momentos "entre paréntesis" de la agenda formal son frecuentemente donde ocurre la verdadera transformación del corazón. Como dice el apóstol Pablo: "Llévense las cargas los unos de los otros, y cumplan así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2, NVI).
Formación que alimenta el ministerio
La formación recibida no fue abstracta ni desconectada de la realidad pastoral. Por el contrario, se abordaron temas directamente relacionados con los desafíos que enfrentan las comunidades cristianas en el Perú actual. Cómo anunciar el Evangelio en contextos de pobreza, cómo acompañar a las familias en dificultad, cómo mantener viva la esperanza en medio de las limitaciones – estos fueron algunos de los aspectos tratados con profundidad y realismo.
La reflexión se enriqueció con el intercambio de experiencias entre sacerdotes de diferentes diócesis, cada uno con su propio contexto y aprendizajes. Esta diversidad dentro de la unidad de la fe católica mostró la riqueza de la Iglesia, donde el mismo Espíritu actúa de maneras diversas según las necesidades de cada comunidad.
Encuentro con las comunidades locales
Un aspecto especialmente significativo del encuentro fueron las visitas pastorales a diversas localidades de la selva central. Los sacerdotes no se quedaron encerrados en un salón de conferencias, sino que salieron al encuentro de las comunidades cristianas en Tingo María, Aucayacu, Tocache y Nuevo Progreso. En cada lugar fueron recibidos con la calidez característica de nuestro pueblo, que sabe expresar su fe con sencillez y hospitalidad.
En Tocache, por ejemplo, las parroquias San Juan Bautista y Santo Domingo abrieron sus puertas y sus corazones a los visitantes. Allí compartieron no solo la Eucaristía, sino también expresiones culturales, comidas típicas y testimonios de fe que conmovieron profundamente a los sacerdotes visitantes. Estos encuentros recordaron a todos que el ministerio sacerdotal existe para servir a un pueblo concreto, con rostros y nombres específicos.
"Como cada uno ha recibido un don, pónganlo al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pedro 4:10, NVI).
Reconociendo la creación de Dios
Una visita particularmente memorable fue al serpentario de Tingo María. Lejos de ser una simple actividad turística, este momento permitió a los participantes contemplar la diversidad y complejidad de la creación divina. En un mundo donde la ecología se ha convertido en una preocupación urgente, este contacto directo con la biodiversidad de la selva peruana fue una invitación a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como cuidadores de la obra de Dios.
El Papa León XIV, en continuidad con el magisterio de Papa Francisco, ha insistido en la importancia del cuidado de la creación como parte integral de nuestra fe. Este aspecto de la doctrina social de la Iglesia encontró un eco concreto en la experiencia de los sacerdotes, quienes pudieron apreciar directamente la belleza y fragilidad de los ecosistemas amazónicos.
Renovación del compromiso misionero
El encuentro culminó con una Misa de clausura que selló espiritualmente todo lo vivido. En esta celebración, cada sacerdote renovó interiormente su "sí" a la vocación recibida, no como una carga pesada, sino como un don que se renueva día a día. La misión no es una tarea que realizamos con nuestras solas fuerzas, sino una cooperación con la gracia de Dios que actúa en nosotros y a través de nosotros.
Jesús nos dice en el Evangelio: "Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada" (Juan 15:5, NVI). Este versículo resume bien el espíritu del encuentro: la importancia de permanecer unidos a Cristo y entre nosotros para dar frutos duraderos en el ministerio pastoral.
Reflexión para tu comunidad
Este encuentro de sacerdotes nos invita a reflexionar sobre la importancia de la comunión en nuestra vida cristiana. No estamos llamados a caminar solos, sino como parte de un pueblo, de una familia de fe. ¿Cómo fomentas tú la comunión en tu propia comunidad parroquial? ¿De qué maneras concretas puedes apoyar a tus pastores en su ministerio, reconociendo que ellos también necesitan espacios de renovación y fraternidad?
La próxima vez que veas a tu párroco o a algún sacerdote, recuerda orar por él, ofrecerle una palabra de aliento, o simplemente agradecerle por su servicio. Estos pequeños gestos fortalecen los lazos de comunión que hacen de la Iglesia una verdadera familia en Cristo. Y si eres parte de un grupo pastoral o movimiento eclesial, pregúntate: ¿cómo podemos crear espacios donde los laicos y los ministros ordenados podamos crecer juntos en la fe y el servicio?
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