El papa León XIV ha nombrado a dos hombres de origen latinoamericano como obispos en Estados Unidos. Esta decisión envía una fuerte señal de esperanza y reconocimiento para los muchos migrantes que han encontrado un nuevo hogar en el país. Uno de los nuevos obispos, Evelio Menjívar-Ayala, vivió una historia de huida especialmente dramática: a los 20 años, en 1990, viajó desde El Salvador en la cajuela de un automóvil cruzando ilegalmente la frontera por Tijuana hacia California. Hoy, 35 años después, es obispo de Wheeling-Charleston en Virginia Occidental.
Su vocación muestra que Dios puede encontrar maneras de sacar algo bueno incluso de las circunstancias más difíciles. El mensaje cristiano de esperanza y nuevos comienzos cobra vida en historias como esta. La Iglesia reconoce así que los migrantes no son solo objetos de caridad, sino que también pueden ser llamados a liderar y servir.
El mandato bíblico de la hospitalidad
La Biblia habla repetidamente de la responsabilidad de los creyentes hacia los extranjeros y migrantes. En el Antiguo Testamento dice:
«No oprimirás al extranjero; porque vosotros conocéis el corazón del extranjero, ya que fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto.» (Éxodo 23:9, RVR 1960)Este llamado a la hospitalidad y a la protección de los débiles es una parte central de la fe cristiana. El nombramiento de obispos de origen migrante subraya esta perspectiva bíblica y recuerda a las comunidades que todas las personas han sido creadas a imagen de Dios.
En el Nuevo Testamento, la carta a los Hebreos anima a los creyentes:
«No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.» (Hebreos 13:2, RVR 1960)La Iglesia está llamada a ser un lugar de apertura y bienvenida. Los nuevos obispos, con su propia experiencia, pueden ayudar a que las comunidades sean más sensibles a las necesidades y oportunidades de la migración.
La importancia de la diversidad en la Iglesia
La Iglesia católica en Estados Unidos está cada vez más marcada por los fieles latinoamericanos. Alrededor del 40 por ciento de los católicos en EE.UU. son de origen hispano. El nombramiento de obispos que representan a esta comunidad es un paso importante hacia una Iglesia más inclusiva. El papa León XIV continúa así la tradición de sus predecesores, quienes también valoraron la diversidad en la jerarquía.
Los dos nuevos obispos no solo traen su herencia cultural, sino también la experiencia de la migración. Entienden de primera mano los desafíos que enfrentan los inmigrantes. Esto puede ayudar a la Iglesia a mejorar su pastoral con los migrantes y a abogar aún más por sus derechos.
Una mirada personal a la vocación
El obispo Menjívar-Ayala dijo en una primera declaración: «Estoy infinitamente agradecido al Señor por haberme guiado en este camino. Mi historia es un testimonio de que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, incluso cuando atravesamos tiempos difíciles.» Sus palabras recuerdan la promesa del libro de Jeremías:
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.» (Jeremías 29:11, RVR 1960)Esta esperanza sostiene a muchos migrantes y los anima a seguir adelante a pesar de los obstáculos.
¿Qué significa esto para las comunidades locales?
El nombramiento de los nuevos obispos no es solo un acto simbólico, sino que tiene impactos concretos en el trabajo comunitario. Se espera que los obispos promuevan programas de integración para migrantes, ofrezcan servicios religiosos en español y celebren la diversidad cultural en las parroquias. También se
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