Cardenal Parolin clama por Haití y denuncia el negocio deshumanizante del tráfico de personas

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

El sábado 9 de abril de 2026, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, celebró una misa en la Capilla Sforza de la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con una intención especial: la paz en Haití. A la ceremonia asistió el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, quien antes se había reunido con el papa León XIV. En su homilía, pronunciada en francés, el cardenal denunció los intereses deshumanizantes que alimentan el tráfico de personas y las guerras, llamando a los fieles a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno.

Cardenal Parolin clama por Haití y denuncia el negocio deshumanizante del tráfico de personas

“Que la paz reine para siempre en Haití”, exclamó Parolin, haciendo eco del anhelo de millones que suspiran por el fin de la violencia. El país caribeño enfrenta una crisis sin precedentes desde 2021, con pandillas criminales controlando vastas áreas y provocando desplazamientos masivos. Según datos de la ONU, más de 5.500 personas murieron solo en 2025, y 1,4 millones están desplazadas internamente. La situación se agrava con el tráfico de personas, que se lucra de la vulnerabilidad de los haitianos.

La crisis humanitaria en Haití

Haití, ya golpeado por desastres naturales e inestabilidad política, vive hoy uno de los peores momentos de su historia. Las pandillas armadas imponen un régimen de terror, con secuestros, asesinatos y violencia sexual generalizada. Escuelas y hospitales han cerrado, y el hambre amenaza a millones. El cardenal Parolin destacó que detrás de esta tragedia hay intereses económicos y políticos que se benefician del caos. “El tráfico de personas y las guerras son alimentados por una lógica deshumanizante, que pone la ganancia por encima de la vida”, afirmó.

La Iglesia Católica, a través de sus organizaciones caritativas, ha brindado asistencia a los desplazados, pero los recursos son insuficientes. Parolin pidió que la comunidad internacional no guarde silencio ante esta crisis. “No podemos acostumbrarnos al sufrimiento. Cada vida es preciosa a los ojos de Dios”, dijo.

El tráfico de personas: una llaga mundial

El tráfico de personas es una de las actividades criminales que más crece en el mundo, moviendo miles de millones de dólares al año. Se estima que más de 40 millones de personas son víctimas de este delito, la mayoría mujeres y niños. El cardenal recordó que la Iglesia se ha pronunciado firmemente contra esta práctica, promoviendo campañas de concientización y acogida a las víctimas. “El tráfico de personas es una herida en el cuerpo de Cristo. Necesitamos actuar con valentía y compasión”, exhortó.

En Haití, la pobreza extrema y la falta de oportunidades hacen que las personas sean especialmente vulnerables al reclutamiento. Muchas son engañadas con promesas de trabajo y terminan esclavizadas en redes de explotación sexual o trabajo forzado. La crisis política ha agravado aún más este escenario, con el colapso de las instituciones de protección.

El papel de la Iglesia en la lucha contra el tráfico

La Iglesia Católica, a través de organizaciones como la Red Talitha Kum, trabaja en el rescate y la reintegración de víctimas de la trata humana. Además, promueve la educación y la prevención, especialmente entre jóvenes en situación de riesgo. El papa León XIV ha reiterado el compromiso de la Iglesia con la defensa de la dignidad humana, condenando todas las formas de explotación.

En su homilía, el cardenal Parolin citó el Salmo 82: “Defended al pobre y al huérfano; haced justicia al afligido y al necesitado”. Enfatizó que la fe cristiana exige acción concreta a favor de los más vulnerables. “No basta con orar; también hay que actuar. La oración sin obras está muerta”, dijo, haciendo eco de la carta de Santiago.

Guerras e intereses económicos

Además del tráfico de personas, el cardenal denunció los intereses deshumanizantes que alimentan las guerras en todo el mundo. “Conflictos como el de Ucrania y tantos otros son alimentados por el comercio de armas y la codicia de unos pocos”, afirmó. Recordó que los pobres son siempre los más afectados por las guerras, perdiendo sus hogares, familias y esperanza.


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