El 28 de abril de 2026, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, visitó la sede de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) en Roma. Allí se reunió con el consejo directivo de esta organización, que agrupa a las líderes de congregaciones religiosas femeninas católicas de todo el mundo. El encuentro fue un espacio de diálogo y reflexión sobre el papel de la mujer en la iglesia y el camino hacia la unidad cristiana.
Este tipo de reuniones son cada vez más frecuentes en el contexto ecuménico actual. La búsqueda de la unidad entre las diferentes denominaciones cristianas ha llevado a líderes de distintas tradiciones a sentarse juntos para compartir experiencias y desafíos. En este caso, la presencia de una líder anglicana en la casa de las superioras generales católicas es un signo claro de que las barreras se están derribando.
El testimonio de las mujeres consagradas en contextos difíciles
Durante la reunión, se presentó la misión de la UISG, que hoy está presente en todo el mundo, incluso en zonas de conflicto y campos de refugiados. Las religiosas compartieron sus experiencias en países como Brasil, Pakistán, Japón, Etiopía y varias naciones de Europa occidental. En todos estos lugares, las mujeres consagradas están comprometidas con la promoción de la dignidad humana, el cuidado de los más vulnerables y la educación, a menudo en situaciones extremadamente complejas.
La arzobispa Mullally escuchó con atención estos testimonios y destacó la importancia de trabajar juntos, también en contextos interreligiosos. Señaló que la colaboración concreta puede ayudar a enfrentar desafíos comunes, como las desigualdades en salud y educación. En este sentido, subrayó el papel significativo de las mujeres en la promoción de cambios reales dentro de las comunidades.
«El Señor da la palabra; las mujeres que anuncian las buenas nuevas son gran multitud» (Salmo 68:11, NVI).
Mujeres que construyen puentes
El diálogo se centró en la contribución de las mujeres en la vida eclesial y social. Se destacó la importancia de la colaboración y la corresponsabilidad. A través de las experiencias compartidas, emergió una presencia femenina capaz de generar relaciones, acompañar procesos y tender puentes entre comunidades y culturas.
La arzobispa Mullally, basándose en su experiencia en Londres, enfatizó que las mujeres tienen un don especial para construir puentes. En una ciudad tan diversa como Londres, ha visto cómo las mujeres de diferentes tradiciones religiosas pueden trabajar juntas para abordar problemas comunes. Este mismo espíritu de colaboración se vive en la UISG, donde religiosas de diferentes países y culturas se apoyan mutuamente.
La unidad cristiana como meta
Uno de los temas centrales del encuentro fue la unidad de los cristianos. La arzobispa Mullally y las superioras generales reflexionaron sobre cómo el testimonio de las mujeres puede acelerar el camino hacia la unidad. En un mundo dividido, la iglesia está llamada a ser un signo de reconciliación. Las mujeres, con su capacidad de escucha y empatía, pueden jugar un papel clave en este proceso.
La Biblia nos recuerda que en Cristo no hay división: «Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28, NVI). Este versículo fue citado durante la reunión como un recordatorio de que la unidad es un don de Dios que debemos cultivar.
Un camino de esperanza
El encuentro concluyó con un compromiso renovado de trabajar juntos por la unidad y la justicia. Las participantes acordaron seguir colaborando en iniciativas concretas, especialmente en el ámbito de la educación y la salud. La arzobispa Mullally invitó a las religiosas a visitar Canterbury para continuar el diálogo.
Para los cristianos de hoy, este tipo de encuentros son una señal de esperanza. Nos recuerdan que, a pesar de las diferencias históricas y doctrinales, hay un deseo común de seguir a Cristo y servir a los demás. Como decía el apóstol Pablo: «Hagan todo lo posible por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (Efesios 4:3, NVI).
Reflexión final
¿Qué podemos aprender de este encuentro? Primero, que la diversidad de dones y tradiciones en la iglesia es una riqueza, no un obstáculo. Segundo, que las mujeres tienen un papel insustituible en la construcción del Reino de Dios. Y tercero, que la unidad no significa uniformidad, sino caminar juntos en el amor de Cristo.
Te invitamos a orar por la unidad de los cristianos y a buscar oportunidades de diálogo y colaboración con hermanos de otras denominaciones. Como dice Jesús: «Para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti» (Juan 17:21, NVI).
Comentarios