Kerem Koc creció en un hogar turco donde el islam era más una etiqueta cultural que una fe vivida. Para cuando entró en la adolescencia, ya había descartado cualquier idea de Dios. Lo que capturó su corazón fue la belleza cruda e implacable de las montañas. Escalar se convirtió en su obsesión, una búsqueda solitaria que lo alejaba de su familia y lo llevaba a la naturaleza cada fin de semana. Soñaba con conquistar los picos más altos del mundo, y nada más importaba.
Pero en una escalada en solitario, ocurrió el desastre. Una caída lo dejó herido y solo, varado en un área remota sin nadie que lo ayudara. Mientras las horas pasaban y la esperanza se desvanecía, Kerem hizo algo que nunca antes había hecho: clamó a un Dios en quien no creía. "Si eres real, ayúdame", susurró. Y la ayuda llegó. Unos desconocidos pasaron por allí, lo llevaron a un lugar seguro y le salvaron la vida. Ese momento abrió una puerta que él había mantenido firmemente cerrada.
Redescubriendo un regalo olvidado
En los días siguientes, Kerem no podía quitarse de la mente el recuerdo de un pequeño libro que unos misioneros de corto plazo le habían dado años atrás. Era el Evangelio de Juan. Lo desenterró, lo sacudió y comenzó a leer. Las palabras se sentían vivas, diferentes a todo lo que había encontrado. Empezó a asistir a una iglesia local, haciendo preguntas y lidiando con las afirmaciones de Cristo. Lentamente, la verdad del evangelio echó raíces.
"Me di cuenta de que Jesús no era solo un profeta o un buen maestro, sino el Hijo de Dios que murió por mis pecados", recuerda Kerem. "Y resucitó. Eso lo cambió todo". Entregó su vida a Cristo, y sus ambiciones pasaron de escalar cimas físicas a compartir la esperanza que había encontrado.
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Juan 3:16, RVR1960)
Plantando iglesias en una tierra desafiante
Hoy, Kerem sirve como pastor en Antalya, Turquía, y lidera Via Christus Ministries, una red enfocada en levantar líderes locales. También es director regional de Acts 29, una organización global de plantación de iglesias. Su pasión es clara: ver a más creyentes turcos equipados para iniciar y dirigir iglesias en una nación donde los cristianos son una minoría minúscula.
Las necesidades son inmensas. Turquía, una tierra rica en historia bíblica —desde las iglesias del Apocalipsis hasta los viajes de Pablo— es también un lugar donde seguir a Jesús puede costarte relaciones, oportunidades e incluso tu seguridad. Sin embargo, la iglesia está creciendo, a menudo de manera silenciosa y subterránea. El trabajo de Kerem implica capacitar pastores, proporcionar recursos y animar a los creyentes a mantenerse firmes.
"Necesitamos pastores locales que entiendan la cultura y el idioma", dice. "Los misioneros extranjeros pueden ayudar, pero la transformación real ocurre cuando los creyentes turcos se apropian del evangelio".
Lecciones de la vida de escalador
Kerem a menudo recurre a su pasado como montañista para ilustrar verdades espirituales. Escalar requiere preparación, perseverancia y disposición para enfrentar el peligro. La vida cristiana no es diferente. "No escalas el Everest en un día", señala. "Entrenas, das pequeños pasos y confías en tu equipo. Seguir a Jesús es un viaje, no un sprint".
También señala la importancia de un guía. En la montaña, un giro equivocado puede ser fatal. En la vida, necesitamos el Guía supremo: Jesucristo, que conoce el camino y nos lleva a salvo a casa.
"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí." (Juan 14:6, RVR1960)
Pasos prácticos para tu propio viaje
Ya seas un creyente experimentado o apenas estés comenzando a explorar la fe, la historia de Kerem ofrece aliento. Aquí hay algunos aprendizajes:
- No subestimes las semillas pequeñas: un Evangelio de Juan dado a un niño puede dar fruto décadas después.
- Dios nos encuentra en nuestros momentos más bajos: cuando clamamos, Él escucha.
- La comunidad importa: Kerem encontró ayuda de desconocidos y de una iglesia local. Nos necesitamos unos a otros.
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