Cuando pensamos en seguir a Jesús, a menudo nos enfocamos en sus acciones, sus palabras y sus actitudes. Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo leía la Biblia? Jesús no solo enseñó las Escrituras, sino que las vivió. Él mismo dijo que no había venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a cumplirlos (Mateo 5:17). Para Él, la Palabra no era un libro de reglas frías, sino una historia viva que apuntaba hacia su misión y hacia el amor a Dios y al prójimo.
En este artículo, exploraremos cómo Jesús abordaba la lectura de la Biblia, y cómo podemos aplicar ese mismo enfoque a nuestra vida diaria. No se trata solo de obtener información, sino de transformar nuestro corazón y nuestras relaciones.
Los dos mandamientos que sostienen toda la Escritura
En Mateo 22, un experto en la ley le pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante. La respuesta de Jesús es sorprendente: no da uno, sino dos. Primero, cita Deuteronomio 6:5:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.Luego, añade Levítico 19:18:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.Y concluye:
De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mateo 22:40).
La palabra "dependen" aquí tiene la idea de "colgar". Así como una puerta cuelga de sus bisagras y se mueve gracias a ellas, toda la Escritura cuelga de estos dos mandamientos. Cada historia, cada ley, cada profecía tiene como propósito enseñarnos a amar a Dios y a amar a los demás. Cuando lees la Biblia, pregúntate: ¿cómo me muestra esto el amor de Dios? ¿cómo me llama a amar a mi prójimo?
Una lente para interpretar
Jesús nos da una lente clara para interpretar cualquier pasaje. Por ejemplo, cuando lees las leyes del Antiguo Testamento, no se trata de un código legal para seguir al pie de la letra, sino de principios que reflejan el carácter de Dios y su deseo de una relación de amor con su pueblo. Cuando lees los Salmos, ves el corazón de alguien que ama a Dios con todo su ser. Cuando lees los Profetas, escuchas el clamor de Dios por justicia y amor hacia los oprimidos.
Esta perspectiva te libera de una lectura legalista o meramente intelectual. La Biblia no es un manual de instrucciones, sino una invitación a una relación más profunda con Dios y con los demás.
Jesús, el centro de toda la historia
Después de su resurrección, Jesús caminó con dos discípulos en el camino a Emaús. Ellos estaban tristes y confundidos, sin entender lo que había pasado. Jesús les dijo:
¡Qué torpes son ustedes, y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? (Lucas 24:25-26).Luego, comenzando desde Moisés y todos los profetas, les explicó lo que decían las Escrituras acerca de Él.
Jesús leía el Antiguo Testamento como una historia que apuntaba hacia Él mismo. Cada sacrificio, cada profecía, cada evento importante señalaba al Mesías que vendría. Para nosotros, esto significa que al leer la Biblia, debemos buscar a Cristo en cada página. No solo en el Nuevo Testamento, sino también en el Antiguo, vemos sombras y promesas que encuentran su cumplimiento en Jesús.
Cómo aplicar esto hoy
Cuando leas un pasaje del Antiguo Testamento, pregúntate: ¿qué me enseña esto sobre Jesús? Por ejemplo, el Éxodo no solo es la liberación de Israel de Egipto, sino un anticipo de la liberación del pecado que Jesús traería. El sistema de sacrificios señala al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Incluso los salmos de lamento encuentran su respuesta en Cristo, que experimentó el abandono en la cruz.
Esta lectura cristocéntrica no solo enriquece tu comprensión, sino que te acerca más a la persona de Jesús. La Biblia deja de ser un libro antiguo y se convierte en una carta de amor que habla de tu Salvador.
Leer para vivir, no solo para saber
Jesús no solo conocía las Escrituras; las vivía. Cuando fue tentado en el desierto, respondió cada tentación con un "Escrito está" (Mateo 4:4, 7, 10). La Palabra era su espada y su escudo. Para nosotros, leer la Biblia debe llevar a la acción. Santiago 1:22 nos advierte:
No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.
Al leer, pregúntate: ¿qué cambio debo hacer en mi vida? ¿cómo puedo amar más a Dios hoy? ¿cómo puedo servir a mi prójimo esta semana? La Biblia nos transforma cuando la obedecemos. No se trata de acumular conocimiento, sino de permitir que el Espíritu Santo moldee nuestro carácter a la imagen de Cristo.
Un desafío práctico
Te invito a que, durante los próximos siete días, al leer un pasaje de la Biblia, te hagas estas tres preguntas:
- ¿Qué me enseña este pasaje sobre el amor de Dios?
- ¿Cómo me llama a amar a mi prójimo?
- ¿De qué manera este pasaje me señala a Jesús?
Anota tus respuestas en un diario y verás cómo tu lectura se vuelve más viva y transformadora.
Preguntas frecuentes
¿Cómo puedo saber si estoy interpretando bien la Biblia?
Una buena regla es preguntarte si tu interpretación te lleva a amar más a Dios y a tu prójimo. Si tu lectura te hace sentir superior, condenar a otros o alejarte del amor, probablemente necesitas revisar tu enfoque. También es útil leer la Biblia en comunidad y consultar comentarios confiables.
¿Qué hago si un pasaje me resulta difícil de entender?
No te preocupes, es normal. Ora pidiendo sabiduría (Santiago 1:5), busca el contexto histórico y literario, y compara con otros pasajes. A veces, lo que no entendemos hoy, lo comprenderemos más adelante. Lo importante es mantener un corazón abierto y humilde.
¿Debo leer la Biblia todos los días?
No hay una regla, pero la lectura regular te ayuda a mantenerte conectado con Dios. Así como el pan diario alimenta tu cuerpo, la Palabra alimenta tu espíritu. Empieza con un tiempo pequeño, como 10 minutos al día, y ve creciendo. Lo importante es la constancia, no la cantidad.
Una invitación a transformarte
Leer la Biblia como Jesús lo hacía no es solo un ejercicio intelectual, sino un camino de transformación. Te invito a que, a partir de hoy, abras las Escrituras con una nueva mirada: buscando el amor de Dios, el amor al prójimo, y a Jesús en cada página. Verás cómo tu fe se fortalece y tu vida cambia.
¿Estás listo para empezar? Toma tu Biblia, haz una breve oración, y deja que Dios te hable a través de su Palabra.
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