Mientras el avión surcaba los cielos africanos, llevando al Santo Padre desde Angola hacia Guinea Ecuatorial, el Papa León XIV dirigió sus pensamientos hacia su predecesor. Era el 21 de abril de 2026, primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco, y el nuevo Pontífice se encontraba en la última etapa de su tercera visita internacional. Este viaje a África, inicialmente programado para fechas diferentes, había encontrado su ubicación definitiva precisamente para permitir que León XIV estuviera en misión en ese día tan significativo.
Frente a los periodistas que lo acompañaban, el Papa eligió palabras sencillas pero profundas para describir el legado de Bergoglio. "Francisco ha dado tanto a la Iglesia y al mundo entero", afirmó con calidez, "a través de su vida, su testimonio, sus palabras y sus gestos". En ese momento, a treinta mil pies de altura, se cumplía un traspaso de testimonio espiritual que trascendía fronteras geográficas y temporales.
Los tres pilares del legado franciscano
La cercanía hacia los más frágiles
El Papa León XIV identificó como primer pilar de la obra de su predecesor la cercanía concreta hacia los últimos. "Francisco nos enseñó que la Iglesia debe tener olor a oveja", recordó el Pontífice, evocando una de las imágenes más queridas por Bergoglio. Esta cercanía se manifestaba al abrazar a los enfermos, al escuchar a los pobres, al hacerse pequeño con los pequeños. No era una actitud de superioridad, sino de genuina fraternidad.
El Evangelio nos recuerda este llamado a la cercanía:
"Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión" (Mateo 5:7, NVI).Francisco vivió esta bienaventuranza no como un ideal lejano, sino como práctica cotidiana. Su atención hacia los marginados, los refugiados, los encarcelados y todos aquellos que la sociedad tiende a olvidar representa una lección permanente para cada comunidad cristiana.
La fraternidad universal
El segundo aspecto destacado por León XIV se refería al compromiso por la fraternidad entre todos los seres humanos. "Francisco nos recordó que todos somos hermanos y hermanas", explicó el Papa durante esa conversación en vuelo. Este principio, arraigado en el Evangelio, se traducía en un respeto auténtico por cada persona, más allá de las diferencias de cultura, religión o condición social.
La encíclica "Fratelli tutti" representa quizás el documento más significativo de este compromiso. En esas páginas, Bergoglio desarrollaba una visión de sociedad donde el cuidado mutuo se convierte en el fundamento de la convivencia humana. Como escribe San Pablo:
"Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28, NVI).Esta unidad en la diversidad constituye el corazón del mensaje cristiano sobre la fraternidad.
La misericordia como estilo de vida
El tercer elemento del legado franciscano, según León XIV, era la centralidad de la misericordia divina. El Papa recordó particularmente la Misa celebrada en Santa Ana el 17 de marzo de 2013, pocos días antes del inicio oficial del pontificado, cuando Francisco habló "con corazón abierto de la misericordia de Dios, del amor, del perdón". Aquella homilía marcó el tono de un ministerio que haría de la misericordia su tema central.
El Año Extraordinario de la Misericordia (2015-2016) representó la culminación de esta intuición pastoral. A través de ese Jubileo, Francisco invitó a toda la Iglesia a redescubrir el rostro misericordioso del Padre, que "sale corriendo a su encuentro" al hijo pródigo (Lucas 15:20). La misericordia no se presentaba como una excepción en la vida cristiana, sino como su aliento normal, su estilo fundamental.
Evangelización como testimonio gozoso
Al responder a las preguntas de los periodistas angoleños, León XIV subrayó cómo el legado de Francisco continúa inspirando la misión de la Iglesia hoy. "La evangelización no es principalmente una cuestión de estrategias", explicó, "sino de testimonio auténtico y alegre". Esta perspectiva, heredada de su predecesor, enfatiza que el anuncio del Evangelio fluye naturalmente de una vida transformada por el encuentro con Cristo.
El Papa recordó cómo Francisco solía decir que "la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús". Esta convicción, según León XIV, debe animar a cada comunidad cristiana a compartir su fe no como una obligación, sino como el desbordamiento natural de una experiencia transformadora. En un mundo marcado por divisiones y pesimismo, este testimonio gozoso se convierte en un signo profético de esperanza.
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