Wan Abung: La misión que se hace carne entre los Dayak de Borneo

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En la inmensidad de Kalimantan Septentrional, entre las comunidades Dayak que habitan los bosques de Borneo, falleció a los ochenta y tres años el padre Natalino Beringhieri, sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada. Casi cincuenta años de su existencia fueron dedicados a estos pueblos, en un camino que lo llevó no solo a servir, sino a convertirse en parte integral de su realidad. Al adoptar el nombre Wan Abung, eligió vivir la misión como una encarnación, siguiendo el ejemplo de Pablo que escribía: "Me he hecho todo para todos, a fin de salvar a algunos a toda costa" (1 Corintios 9:22 NVI).

Wan Abung: La misión que se hace carne entre los Dayak de Borneo

Su historia nos interpela profundamente en el contexto eclesial actual, donde el Papa León XIV, elegido en mayo de 2025 tras el paso del Papa Francisco en abril del mismo año, sigue llamando a la Iglesia a la esencia misionera. En un tiempo en que las fronteras geográficas se confunden con las digitales, la experiencia del padre Natalino nos recuerda que el corazón de la misión sigue siendo el encuentro personal, la escucha profunda, el compartir la vida cotidiana.

El arte de la inculturación: reconocer las semillas del Verbo

El padre Natalino vivía con una convicción profunda: la misión auténtica comienza por reconocer lo que Dios ya ha sembrado en los corazones y las culturas. "Valorar la historia y los lugares del pueblo al que sirvo" era para él no solo un principio, sino una práctica diaria. Este enfoque resuena con las palabras del Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes, que invitaba a "reconocer con gozo y respeto las semillas del Verbo" presentes en las diversas culturas.

Entre los Dayak, el padre Natalino no se presentó como quien traía una verdad ajena, sino como quien buscaba junto con ellos la Verdad más grande. Su misión se convertía así en un diálogo entre la riqueza de la tradición cristiana y la sabiduría ancestral del pueblo Dayak. En esto, nos recuerda que cada cultura custodia intuiciones preciosas sobre lo humano y lo divino, como escribe Pablo: "Lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues Dios mismo se lo ha revelado" (Romanos 1:19 NVI).

El nombre Wan Abung: símbolo de una elección radical

La adopción del nombre Wan Abung no fue un gesto folclórico, sino una elección teológica profunda. Significaba para el padre Natalino la aceptación de una nueva identidad, regalada por la comunidad que lo acogía. Este cambio de nombre recuerda las transformaciones bíblicas —de Abram a Abraham, de Simón a Pedro— que marcan un llamado y una misión renovada.

En la tradición Dayak, el nombre lleva consigo la historia familiar, los vínculos con el territorio, las relaciones comunitarias. Convertirse en Wan Abung significaba para el padre Natalino entrar en esta red de relaciones, asumir responsabilidades hacia la comunidad, compartir alegrías y sufrimientos. Su vida nos muestra que la misión más eficaz es la que nace de la amistad auténtica, del compartir el destino común.

La misión como servicio al crecimiento humano integral

El padre Natalino comprendía que el anuncio del Evangelio no podía separarse de la promoción de la dignidad humana. Entre los Dayak, su servicio se concretó en varias dimensiones:

  • Educación y alfabetización: reconociendo que el conocimiento es instrumento de liberación y dignidad
  • Promoción de la salud: acompañando a las comunidades en el acceso a la atención básica
  • Defensa de los derechos: estando al lado de los Dayak en la protección de su territorio y sus tradiciones
  • Diálogo interreligioso: construyendo puentes entre la fe cristiana y las espiritualidades tradicionales

Este enfoque integral refleja la enseñanza de Jesús, que "anduvo haciendo el bien y sanando a todos" (Hechos 10:38 NVI). La misión, para el padre Natalino, era participación en la obra creadora y redentora de Dios, que busca la plenitud de vida para cada persona y comunidad.


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