En un mundo frecuentemente dividido por fronteras visibles e invisibles, existen lugares donde el espíritu humano supera las barreras para crear puentes de comprensión. Sri Lanka, con su compleja historia de tensiones étnicas y religiosas, ha conocido heridas profundas que aún hoy requieren tiempo para sanar. Sin embargo, precisamente en este contexto, surgen historias que calientan el corazón y nos recuerdan nuestra humanidad común.
Recientemente, en una pequeña comunidad vinculada a las plantaciones de té, ocurrió un evento significativo: personas de diferentes creencias – cristianos, budistas e hindúes – se reunieron para celebrar juntos el Año Nuevo Cingalés. Esto no fue un simple encuentro social, sino un gesto consciente de diálogo y reconciliación, una semilla de paz plantada en un terreno que ha conocido tanto conflicto.
Para nosotros los cristianos, estas iniciativas resuenan profundamente con el mensaje evangélico. Como recuerda el apóstol Pablo:
"Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús." (Gálatas 3:28, NVI)Este versículo no anula nuestras identidades culturales o religiosas, sino que las coloca en una perspectiva más amplia de fraternidad universal.
El diálogo interreligioso como expresión de caridad
El diálogo entre personas de diferentes creencias a menudo se ve con sospecha, como si implicara un debilitamiento de las propias convicciones. Por el contrario, un auténtico diálogo interreligioso nace de la fuerza de la propia identidad y del deseo sincero de comprender al otro. El Papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, destacó cómo el encuentro entre diferentes tradiciones espirituales puede enriquecer a todos los participantes.
Aunque el Papa Francisco nos dejó en abril de 2025, su enseñanza sobre el diálogo y la fraternidad sigue siendo más actual que nunca. Su sucesor, el Papa León XIV, continúa por este camino, animando a los católicos a ser constructores de puentes en un mundo fragmentado. Este compromiso ecuménico e interreligioso encuentra un eco natural en plataformas como EncuentraIglesias.com, que busca unir a los cristianos más allá de las divisiones denominacionales.
En el evento en Sri Lanka, un participante expresó una verdad simple pero profunda: "Quien ama es libre y no atrapa a nadie". Estas palabras recuerdan la enseñanza de Juan:
"Dios es amor; el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él." (1 Juan 4:16, NVI)El amor auténtico no busca poseer ni controlar, sino liberar y elevar.
Las raíces bíblicas del encuentro con el otro
La Biblia ofrece numerosos ejemplos de encuentros entre personas de diferentes culturas y religiones, a menudo con resultados sorprendentes. En el libro de Reyes, la historia de la curación de Naamán el sirio por obra del profeta Eliseo (2 Reyes 5) muestra cómo Dios actúa más allá de las fronteras nacionales y religiosas. Naamán era un comandante enemigo, pero a través de su encuentro con el Dios de Israel, experimentó la curación y profesó su fe.
En el Nuevo Testamento, Jesús mismo rompe continuamente las barreras sociales y religiosas de su tiempo. Su encuentro con la mujer samaritana en el pozo (Juan 4) es particularmente significativo. Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos, y las mujeres no podían testificar en los tribunales, sin embargo Jesús elige precisamente a esta mujer como primera misionera entre los samaritanos.
El apóstol Pedro, inicialmente reacio a aceptar a los no judíos en la comunidad cristiana, recibe una visión clara:
"Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro." (Hechos 10:15, NVI)Esta revelación abre el camino para la entrada de los gentiles en la Iglesia naciente, mostrando cómo el Espíritu Santo actúa a menudo a través de encuentros inesperados.
Tres principios para un diálogo auténtico
- Escucha activa: Más que preparar respuestas, se trata de comprender verdaderamente la perspectiva del otro.
- Respeto mutuo: Reconocer la dignidad de cada persona, independientemente de sus creencias.
- Búsqueda común de la verdad: El diálogo no significa renunciar a las propias convicciones, sino buscar juntos la verdad que nos trasciende.
La experiencia en Sri Lanka nos recuerda que, aunque nuestras tradiciones religiosas sean diferentes, compartimos una humanidad común y un anhelo de paz. En un mundo donde las divisiones parecen profundizarse, estos gestos de unidad se convierten en faros de esperanza que iluminan el camino hacia una convivencia más fraterna.
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