Durante más de veinte años, misioneros han estado sembrando semillas de fe en Filipinas, una nación de más de 7,600 islas. Entre ellos están Wade y Sharon, cuyo viaje comenzó en los Estados Unidos y los llevó a una vida de servicio entre el pueblo cebuano. Su historia es un testimonio de cómo Dios puede usar vidas ordinarias para traer esperanza y transformación a comunidades lejanas.
Tanto Wade como Sharon crecieron en la iglesia, donde aprendieron sobre el amor y la gracia de Dios. Wade recuerda cómo las clases de escuela dominical y los sermones lo ayudaron a entender su necesidad de salvación. Sharon aceptó a Cristo de niña, influenciada por su pastor y su familia. Más tarde, la esposa de un pastor la discipuló, profundizando su fe. Estas experiencias tempranas moldearon su deseo de servir a Dios dondequiera que Él los guiara.
Al inicio de su matrimonio, Wade compartió su sentido de llamado a las misiones. Sharon admite que no pensó mucho en ello al principio, ya que Wade estaba en el ejército y se mudaban con frecuencia, sirviendo a Dios en cada nuevo lugar. Sin saberlo, una asignación marcaría el rumbo de su trabajo futuro.
De Guam a Filipinas
Cuando Wade fue destinado a la isla de Guam, se unieron a una iglesia donde los filipinos constituían más de la mitad de la congregación. Esta exposición a la cultura y la fe filipinas sembró una semilla. Más tarde, después de dejar la Fuerza Aérea, Wade asistió al seminario en Nueva Orleans. Sharon asistió a una conferencia misionera y habló con misioneros de todo el mundo. Se sintió abrumada hasta que habló con un misionero de Filipinas. "Fue diferente", recuerda. Esa conversación despertó una conexión profunda.
Después del seminario, sintieron el llamado de servir en Filipinas. Han estado involucrados en la capacitación de líderes de iglesias, la realización de estudios bíblicos y el liderazgo de una iglesia en casa. También participan en proyectos comunitarios que abordan necesidades prácticas, como la ayuda en desastres y la capacitación para medios de vida. Su enfoque es holístico, compartiendo el amor de Dios tanto con palabras como con acciones.
"Y Jesús se acercó y les dijo: 'Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'" — Mateo 28:18-20 (RVR1960)
Esta Gran Comisión ha sido la fuerza impulsora detrás de su ministerio. Han visto a muchos venir a la fe y crecer en su relación con Cristo. Una de las alegrías de su trabajo es presenciar cómo los creyentes locales asumen roles de liderazgo y alcanzan a sus propias comunidades.
Lecciones de una Vida de Servicio
Después de dos décadas, Wade y Sharon han aprendido valiosas lecciones sobre perseverancia, sensibilidad cultural y el poder de la comunidad. Enfatizan la importancia de construir relaciones y ganarse la confianza. "No se puede apresurar el evangelio", suele decir Wade. "Hay que caminar junto a las personas, escuchar sus historias y dejar que vean a Cristo en ti".
También han enfrentado desafíos, incluyendo barreras idiomáticas, aislamiento y el ocasional tifón. Pero han visto la fidelidad de Dios en cada situación. Sharon recuerda una vez que un tifón destruyó un edificio de la iglesia. En lugar de desesperarse, la congregación se unió para reconstruir, y la experiencia fortaleció su fe.
Para aquellos que consideran las misiones, ofrecen este consejo: "Comienza donde estás. Sirve a tu iglesia local, involúcrate en el alcance comunitario y mantente abierto a donde Dios te pueda guiar. Las misiones no se tratan solo de ir al extranjero; se trata de ser un testigo dondequiera que estés".
Un Llamado a la Acción
Al reflexionar sobre esta historia, considera cómo puedes ser parte de la misión de Dios. Ya sea a través de la oración, el apoyo financiero o yendo tú mismo, cada creyente tiene un rol que desempeñar. La cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos (Mateo 9:37). Pide a Dios que te muestre cómo puedes unirte a Él en Su obra.
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