En el mundo cristiano, a menudo nos aferramos a los títulos: pastor, líder, apóstol, profeta. Pero, ¿qué sucede cuando alguien que ha sido etiquetado como pastor prefiere definirse como comunicador? Esta pregunta ha resonado en los últimos días a raíz de las declaraciones de un conocido predicador, quien afirmó que no se considera pastor, sino comunicador. Más allá de la polémica, esta reflexión nos invita a pensar en la esencia del mensaje que llevamos.
Dios no llama a todos a ser pastores en el sentido tradicional, pero sí llama a todos a comunicar su verdad. Como dice Romanos 10:14:
"¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?"La comunicación del evangelio es una responsabilidad compartida por cada creyente.
El desafío de la comunicación en un mundo polarizado
Vivimos en una época donde la información abunda, pero la verdad parece escasear. Los comunicadores cristianos enfrentan el reto de hablar con claridad, sin perder la calidez y la verdad del evangelio. En este contexto, es fácil caer en la tentación de usar plataformas políticas o mediáticas para ganar audiencia, pero el llamado es a ser fieles al mensaje, no a la popularidad.
La Biblia nos advierte sobre los peligros de buscar nuestra propia gloria. Proverbios 25:27 dice:
"No es bueno comer mucha miel, ni el buscar la propia gloria es gloria."Como comunicadores, debemos preguntarnos: ¿estamos buscando exaltar a Cristo o a nosotros mismos?
El ejemplo de los primeros comunicadores
Los apóstoles no tenían títulos elegantes ni plataformas masivas, pero su mensaje transformó el mundo. Pablo, en 1 Corintios 2:1-5, nos recuerda:
"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabra o de sabiduría... para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios."La efectividad de la comunicación no está en la elocuencia, sino en el poder del Espíritu Santo.
¿Pastor o comunicador? Repensando los roles en la iglesia
La discusión sobre si un líder debe llamarse pastor o comunicador no es nueva, pero toca un punto sensible: la identidad y el llamado. No todos los que predican tienen el don de pastor, y no todos los pastores son comunicadores natos. Sin embargo, todos estamos llamados a ser testigos (Hechos 1:8).
Es importante recordar que los títulos no definen nuestra valía delante de Dios. Lo que importa es la fidelidad al mensaje. Como dice Gálatas 1:10:
"¿Acaso busco yo ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo."
Aplicación práctica: sé un comunicador del evangelio donde estés
No necesitas un púlpito para comunicar el amor de Dios. Tu lugar de trabajo, tu vecindario, tu familia son tu audiencia. Pregúntate: ¿cómo estoy usando mis palabras y mis acciones para reflejar a Cristo? La comunicación más efectiva no siempre es la que se dice desde un escenario, sino la que se vive en el día a día.
Para reflexionar: ¿Estás más preocupado por tu título o por el mensaje que llevas? ¿Buscas la aprobación de los hombres o la de Dios? Que esta reflexión te lleve a evaluar tu propio rol como comunicador del evangelio.
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