En Bengala Occidental, 55 Misioneras de la Caridad, las hermanas fundadas por la Madre Teresa de Calcuta, se encontraron de repente privadas de su derecho al voto. Eliminadas de los padrones electorales junto a miles de otros ciudadanos, en su mayoría bengalíes, decidieron acudir a los tribunales para hacer valer un derecho fundamental. Este episodio, ocurrido en el contexto de una revisión controvertida impuesta por el gobierno central de Nueva Delhi, nos invita a reflexionar sobre el significado profundo de la participación cívica a la luz de la fe cristiana.
La decisión de las hermanas de recurrir a la justicia terrenal no es un acto de rebelión, sino una expresión de su vocación. Como enseña la Escritura:
«Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, defiendan al oprimido, hagan justicia al huérfano, aboguen por la viuda» (Isaías 1:17, NVI).Las Misioneras de la Caridad, que cada día sirven a los más pobres entre los pobres, han demostrado que la fe auténtica no se separa del compromiso por una sociedad más justa.
El derecho al voto: un don de Dios y una responsabilidad
El voto es mucho más que un acto político: es una forma de participar en el bien común, de expresar la propia voz en favor de la verdad y la justicia. La Iglesia católica, en particular a través de la doctrina social, nos recuerda que los cristianos están llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo (cfr. Mateo 5:13-16, NVI). Ser eliminados de los padrones electorales significa ser silenciados, perder la posibilidad de contribuir al futuro de la propia comunidad.
En el caso de las hermanas, su gesto tuvo un impacto simbólico poderoso. Dieron testimonio de que incluso quienes han consagrado su vida a Dios no renuncian a sus deberes como ciudadanos. Al contrario, la fe se convierte en el motor de un compromiso concreto por el bien de todos. Como escribe San Pablo:
«Cada uno dé según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7, NVI).El don de uno mismo, incluso a través de un voto, es un acto de amor hacia el prójimo.
Justicia electoral y fe cristiana
La controversia sobre los padrones electorales en Bengala Occidental plantea cuestiones profundas. Según las encuestas a boca de urna, el partido gobernante (BJP) estaría a la cabeza, pero la participación electoral alcanzó casi el 93%, un dato que invita a reflexionar sobre la credibilidad de las proyecciones. En este clima de incertidumbre, la solicitud de las hermanas de ser reinscritas en los padrones es un llamado a la transparencia y la honestidad.
La Biblia nos advierte contra la injusticia y la manipulación. El profeta Amós exclama:
«¡Más bien, que el derecho fluya como las aguas, y la justicia como un torrente inagotable!» (Amós 5:24, NVI).Todo cristiano está llamado a velar porque los procesos democráticos sean libres y justos, sin exclusiones arbitrarias. La historia de las hermanas nos recuerda que la fe no puede permanecer encerrada en la sacristía, sino que debe animar la vida pública.
Una invitación a la acción: ¿qué podemos hacer nosotros?
Esta historia nos interpela personalmente. ¿Qué tan conscientes somos del valor de nuestro voto? ¿Nos informamos sobre los asuntos que afectan a nuestra comunidad? ¿Oramos por nuestros gobernantes y por quienes están privados de derechos fundamentales? La fe nos impulsa a no permanecer indiferentes.
Podemos empezar con pequeños gestos: informarnos, participar en las consultas, apoyar iniciativas que promuevan la justicia electoral. Como nos recuerda Jesús:
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 5:6, NVI).La justicia es un hambre que Dios mismo ha puesto en nuestros corazones, y cada uno de nuestros actos, incluso el más pequeño, puede contribuir a saciarla.
Reflexionemos: ¿de qué manera podemos ser, como las hermanas de la Madre Teresa, testigos de
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