Más allá del pasaporte: fe cristiana e identidad en el Golfo

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En los últimos meses, el mundo ha observado con preocupación eventos que involucran la revocación de la ciudadanía y la represión de voces críticas en algunos países del Golfo. Mientras las tensiones geopolíticas se intensifican, surgen historias de personas privadas de su estatus legal, como el periodista Ahmed Shihab-Eldin, a quien le retiraron el pasaporte por difundir un video de un accidente aéreo. Estos hechos nos interpelan profundamente: ¿qué significa realmente pertenecer a una nación? Y, para nosotros los cristianos, ¿cuál es nuestra verdadera ciudadanía?

Más allá del pasaporte: fe cristiana e identidad en el Golfo

La Biblia nos recuerda que nuestra pertenencia fundamental no es terrenal. Como escribe el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo" (Filipenses 3:20, NVI).
Esta verdad nos invita a reflexionar sobre cómo vivimos nuestra relación con las autoridades terrenales y con el prójimo, especialmente en contextos de conflicto e injusticia.

La ciudadanía como instrumento de poder

La revocación de la ciudadanía es un acto grave, que afecta no solo el estatus legal de una persona, sino también su identidad y su capacidad de vivir libremente. En el caso de Baréin, 69 personas perdieron la ciudadanía por presuntas simpatías con Irán. Para los activistas, esto representa una oportunidad para endurecer la represión en un momento de conflicto regional. Pero, ¿qué dice el Evangelio frente a tales dinámicas de poder?

Jesús mismo vivió bajo un régimen opresivo y habló claramente sobre la relación con la autoridad. Cuando le preguntaron si era lícito pagar impuestos al César, respondió:

"Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:21, NVI).
Esta frase no separa simplemente lo sagrado de lo profano, sino que nos llama a reconocer que todo poder humano es relativo y está subordinado a Dios. La ciudadanía terrenal es un don, pero nunca puede usarse para negar la dignidad humana o para perseguir.

El peligro de la instrumentalización de la fe

En algunas regiones, la religión se utiliza para justificar divisiones y conflictos. Los cristianos estamos llamados a ser agentes de paz, no instrumentos de división. Como leemos en la carta de Santiago:

"El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz" (Santiago 3:18, NVI).
En lugar de alimentar el odio, debemos testimoniar un amor que supera las fronteras nacionales, étnicas y religiosas.

La respuesta de la Iglesia: acogida y solidaridad

Ante estas situaciones, la Iglesia universal, guiada por el Santo Padre León XIV, está llamada a ser voz de los sin voz. El Papa, elegido en mayo de 2025, ya ha expresado su cercanía a todos los que sufren a causa de conflictos e injusticias. La fe cristiana nos impulsa a ver en cada persona a un hermano o una hermana, independientemente del pasaporte que posea.

El apóstol Pedro nos exhorta:

"Practiquen la hospitalidad unos con otros sin murmurar" (1 Pedro 4:9, NVI).
En un mundo donde las fronteras se convierten en barreras, los cristianos estamos llamados a construir puentes. Esto significa apoyar a los refugiados, los apátridas y todos aquellos privados de sus derechos fundamentales.

Un ejemplo concreto: la oración y la acción

Podemos comenzar con la oración por los gobernantes y por los perseguidos. La Biblia nos pide orar por todos los hombres:

"Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad" (1 Timoteo 2:1-2, NVI).
Además, podemos informarnos y apoyar organizaciones cristianas que trabajan con refugiados y apátridas. En un mundo que a menudo levanta muros, seamos constructores de puentes, recordando que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo.

Que el Señor nos conceda la sabiduría para vivir como ciudadanos del cielo mientras caminamos en esta tierra, llevando esperanza y amor a todos los que encontramos.


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