# La oración de intercesión: rezar los unos por los otros
La intercesión es una de las formas más nobles y profundas de la oración cristiana. Nos invita a salir de nuestras propias preocupaciones para dirigir nuestro corazón hacia las necesidades de nuestros hermanos. En la intercesión, manifestamos el amor fraternal que Cristo nos enseñó, convirtiéndonos en instrumentos de su misericordia.
## ¿Qué es la oración de intercesión?
La intercesión es el acto de rezar por otros, llevando ante Dios sus necesidades, sus dolores, sus alegrías y sus esperanzas. No se trata simplemente de pedir favores divinos para terceros, sino de entrar en comunión profunda con el corazón de Cristo, que se ofreció por toda la humanidad.
San Pablo nos recuerda en su carta a Timoteo: "Ante todo, recomiendo que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por todos los hombres" (1 Tim 2,1). Esta exhortación apostólica nos muestra que la intercesión no es opcional en la vida cristiana, sino una responsabilidad que nace de nuestro amor hacia los demás.
## El fundamento bíblico de la intercesión
Las Sagradas Escrituras están llenas de ejemplos de intercesión. Abraham intercedió por Sodoma y Gomorra (Gen 18,22-33), Moisés rezó por el pueblo de Israel en el desierto (Ex 32,11-14), y Job ofreció sacrificios por sus amigos (Job 42,8-10). Estos relatos nos muestran que la intercesión es parte integral de la relación entre Dios y su pueblo.
El ejemplo supremo de intercesión lo encontramos en Jesucristo mismo. Durante su Pasión, rezó por sus verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). En el Huerto de los Olivos, se ofreció completamente por la salvación del mundo: "Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22,42).
## La intercesión como participación en el sacerdocio de Cristo
Cuando intercedemos por otros, participamos del sacerdocio real de Cristo. Como miembros del Cuerpo Místico, cada cristiano está llamado a ejercer esta función sacerdotal, ofreciendo las necesidades del mundo al Padre Celestial.
La Carta a los Hebreos nos presenta a Jesús como "el gran sumo sacerdote que penetró en los cielos" (Heb 4,14), quien "puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos" (Heb 7,25). Al interceder, nos unimos a esta oración perpetua de Cristo por la humanidad.
## Cómo practicar la intercesión
### 1. Comenzar con el silencio
La intercesión auténtica nace del silencio del corazón. Es necesario hacer espacio interior para escuchar las necesidades de nuestros hermanos y percibir cómo el Espíritu Santo quiere que recemos por ellos.
### 2. Ofrecer las intenciones con confianza
Al interceder, debemos presentar nuestras peticiones con fe inquebrantable, sabiendo que Dios escucha nuestras súplicas. No se trata de convencer a Dios de algo, sino de alinear nuestro corazón con su voluntad divina.
### 3. Interceder con perseverancia
La constancia en la oración de intercesión es fundamental. Jesús nos enseñó mediante la parábola del juez inicuo (Lc 18,1-8) que debemos rezar siempre sin desfallecer. La perseverancia demuestra nuestra confianza en la providencia divina.
### 4. Interceder con humildad
La intercesión debe estar siempre impregnada de humildad. Reconocemos que somos instrumentos en las manos de Dios, y que es él quien obra la salvación y la sanación en la vida de aquellos por quienes rezamos.
## Los frutos de la intercesión
La oración de intercesión transforma no sólo a aquellos por quienes rezamos, sino también a nosotros mismos. Nos ayuda a desarrollar:
**Compasión genuina**: Al rezar por otros, nuestro corazón se ensancha y aprendemos a amar como Cristo ama.
**Desapego de nosotros mismos**: La intercesión nos libera del egocentrismo, llevándonos a una perspectiva más amplia de la realidad.
**Confianza en la providencia**: Al ver cómo Dios responde a nuestras oraciones, nuestra fe se fortalece y nuestra esperanza se renueva.
**Unidad en el Cuerpo de Cristo**: La intercesión nos ayuda a experimentar la comunión de los santos y nuestra pertenencia a la Iglesia universal.
## La intercesión en la tradición católica
La Iglesia católica ha valorado siempre la oración de intercesión. En la Eucaristía, el sacerdote intercede por toda la Iglesia durante las oraciones universales. Los santos en el cielo interceden constantemente por nosotros, y nosotros podemos pedirles que presenten nuestras súplicas ante el trono de Dios.
La Virgen María ocupa un lugar especial como intercesora. En las bodas de Caná, intercedió por los novios ante Jesús (Jn 2,1-11), y desde la Cruz fue constituida Madre de todos los creyentes. Su intercesión maternal nos acompaña en nuestro camino hacia la santidad.
## La intercesión como misión
Interceder por otros no es sólo un acto de caridad, sino una verdadera misión. Como cristianos, estamos llamados a ser puentes entre el cielo y la tierra, llevando ante Dios las necesidades del mundo y trayendo a la tierra la misericordia divina.
Esta misión se extiende especialmente hacia:
- Los enfermos y afligidos
- Los alejados de la fe
- Los gobernantes y líderes
- Los misioneros y evangelizadores
- Las familias en dificultad
- Los que sufren persecución por la fe
## Conclusión
La oración de intercesión es un tesoro de la vida espiritual cristiana que nos permite participar de manera especial en la obra redentora de Cristo. Cuando intercedemos por nuestros hermanos, nos convertimos en instrumentos del amor divino y experimentamos la alegría profunda de servir a otros desde la oración.
Que el Espíritu Santo nos conceda la gracia de ser intercesores fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien continúa intercediendo por nosotros ante el Padre Celestial. En esta misión de amor encontraremos no sólo la transformación de aquellos por quienes rezamos, sino también nuestra propia santificación en el camino hacia la perfección cristiana.
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