El Patriarca Latino de Jerusalén, Cardenal Pierbattista Pizzaballa, ha publicado una extensa carta pastoral en la que llama a los cristianos de Tierra Santa a un camino de reconciliación y esperanza. El escrito, titulado «Volvieron a Jerusalén con gran alegría», es una respuesta a las profundas heridas que el conflicto ha dejado desde los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023. El Cardenal subraya que Jerusalén no debe ser vista como botín de guerra, sino como patrimonio común de la humanidad, un lugar que une a todos los pueblos.
En su mensaje, Pizzaballa describe una ciudad que sufre división, desconfianza y violencia. Sin embargo, recuerda que Jerusalén tiene un significado universal: «El corazón del mundo está en Jerusalén», escribe. Millones de peregrinos de todo el mundo buscan aquí renovación espiritual cada año, y su ausencia en los últimos meses evidencia cuánto necesita esta ciudad ser un lugar de encuentro y paz.
«Jerusalén no pertenece a nadie en exclusiva; pertenece a todos.» – Cardenal Pizzaballa
La carta pastoral hace un llamado a la comunidad internacional para que asuma su responsabilidad en la protección de la misión universal de Jerusalén. Porque lo que sucede en esta ciudad afecta a miles de millones de creyentes en todo el mundo – cristianos, judíos y musulmanes por igual.
La vocación terapéutica de Jerusalén
Una preocupación central del escrito es la visión de Jerusalén como lugar de sanación. El Cardenal describe la vocación de la Ciudad Santa como «terapéutica»: está llamada a sanar las heridas del mundo. Esta perspectiva está profundamente arraigada en la tradición bíblica, especialmente en el libro del Apocalipsis, donde Jerusalén aparece como una ciudad abierta que da la bienvenida a todas las naciones.
«Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, ataviada como una novia adornada para su esposo.» (Apocalipsis 21:2, NVI)
Pizzaballa deja claro que esta apertura no significa tolerarlo todo. Más bien, se trata de trazar un límite claro frente a todo lo que atenta contra la dignidad humana: violencia, mentira y exclusión. «La ciudad de puertas abiertas no expulsa a nadie, pero define claramente lo que es incompatible con su existencia», afirma el Patriarca.
Cristianos como sal, luz y levadura
La carta pastoral enfatiza que los cristianos en Tierra Santa no son observadores neutrales. Son parte de sus sociedades – como árabes, israelíes, jordanos o migrantes – y están llamados a actuar desde dentro. El Cardenal recuerda las palabras de Jesús: «Ustedes son la sal de la tierra; ustedes son la luz del mundo» (Mateo 5:13-14, NVI). Este llamado exige una decisión concreta: el rechazo de la lógica de la violencia y la afirmación de la vida en todas sus formas.
Los cristianos no deben limitarse a sufrir pasivamente, sino dar testimonio activo de una forma diferente de convivencia. Están llamados a construir puentes donde surgen muros y a posibilitar el diálogo donde reina el odio.
Superar la deshumanización del otro
Otro punto clave de la carta pastoral es la denuncia de la «deshumanización del otro». Pizzaballa describe una sociedad cada vez más fragmentada, en la que comunidades enteras se repliegan sobre sí mismas y el enemigo es percibido solo como una amenaza. Esta dinámica hace que términos como «diálogo», «justicia» y «derechos humanos» pierdan su sentido.
El Cardenal llama a llenar estas palabras de vida nuevamente. No basta con usarlas; deben tomar forma en acciones concretas. La Iglesia en Tierra Santa debe ser un lugar donde estos valores se vivan, a pesar de todas las adversidades.
«Bienaventurados los que
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