Vivimos tiempos de transformación profunda. Muchos sentimos que las viejas certezas se desmoronan y que las promesas de la modernidad no han cumplido lo que ofrecían. El profesor José Pérez Adán, rector de la ULIA, plantea en su libro Pensar lo social como si Dios existiera una reflexión necesaria: hemos llegado al final de una etapa cultural y es momento de reconsiderar los fundamentos de nuestra vida en común.
Pérez Adán señala que la modernidad y la posmodernidad han construido un pensamiento social partiendo de la premisa de que Dios no existe. Ese punto de partida, según él, ha llevado a errores fundamentales en la comprensión de la libertad, la igualdad y la fraternidad. ¿No es cierto que muchas veces hemos visto cómo estos ideales se vacían de contenido cuando se separan de su raíz divina?
La libertad sin referencia a Dios puede convertirse en libertinaje o en una carga imposible. La igualdad sin un Padre común se vuelve una lucha de poder. La fraternidad sin el reconocimiento de que todos somos hijos del mismo Creador se reduce a un sentimiento superficial. El autor nos invita a dar un giro radical: pensar lo social como si Dios existiera, no como un adorno piadoso, sino como un verdadero engranaje terapéutico para las ciencias sociales.
«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» (Mateo 5:9, NVI)
Esta bienaventuranza nos recuerda que la paz y la reconciliación son posibles cuando reconocemos nuestra filiación divina. La propuesta de Pérez Adán no es un retorno al pasado, sino una invitación a construir un futuro donde lo social tenga un fundamento sólido y esperanzador.
Los errores de la modernidad: libertad, igualdad y fraternidad sin Dios
El rector de la ULIA afirma con claridad: «Nos hemos equivocado en eso de la libertad, en eso de la fraternidad también, y, de nuevo, en eso de la igualdad». Estas palabras, aunque provocadoras, nos invitan a examinar nuestra historia reciente.
La libertad mal entendida
La modernidad prometió una libertad sin ataduras, pero esa libertad se ha convertido muchas veces en individualismo extremo. Sin un horizonte trascendente, la libertad pierde su sentido y se vuelve una carga pesada. El apóstol Pablo nos recuerda: «Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud» (Gálatas 5:1, NVI). La verdadera libertad no es ausencia de límites, sino capacidad de elegir el bien.
La igualdad sin fundamento
La igualdad que proclamó la Revolución Francesa se ha quedado en un ideal vacío cuando no se reconoce que todos los seres humanos somos creados a imagen y semejanza de Dios. Sin ese fundamento, la igualdad se convierte en una lucha por el poder o en una nivelación forzada que no respeta la dignidad de cada persona. El salmista exclama: «Sepan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos; somos su pueblo, ovejas de su prado» (Salmo 100:3, RVR1960).
La fraternidad sin Padre común
La fraternidad es quizás el ideal más olvidado. Sin el reconocimiento de que todos somos hijos de un mismo Padre, la fraternidad se reduce a una solidaridad superficial o a un mero acuerdo de intereses. Jesús nos enseñó a llamar a Dios «Padre nuestro», estableciendo así el fundamento de una verdadera hermandad. «Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús» (Gálatas 3:26, RVR1960).
Una nueva forma de hacer ciencias sociales
Pérez Adán no se limita a criticar; propone una nueva epistemología para las ciencias sociales. Su enfoque es incluir a Dios como una variable relevante, no como un elemento decorativo sino como un factor que transforma la comprensión de la realidad social.
Esto implica reconocer que el ser humano tiene una dimensión espiritual que no puede ser ignorada. Las teorías sociales que excluyen a Dios han demostrado ser insuficientes para explicar fenómenos como la solidaridad, el perdón o la esperanza. Al incorporar la perspectiva de la fe, las ciencias sociales pueden volverse más humanas y más realistas.
«El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos.» (Salmo 111:10, RVR1960)
Pensar lo social como si Dios existiera no significa imponer una visión religiosa a la fuerza, sino reconocer que la realidad es más compleja y rica de lo que suponen las visiones puramente materialistas. Es una invitación a la humildad intelectual y a la apertura a la trascendencia.
La Iglesia y su papel en este nuevo tiempo
En este contexto de cambio cultural, la Iglesia está llamada a ser una voz profética y una comunidad que vive los valores del Evangelio. El papa León XIV, sucesor de Francisco, ha continuado el camino de renovación y diálogo con el mundo. La Iglesia no puede quedarse al margen de los debates sobre el futuro de la sociedad.
La fe cristiana ofrece una visión integral de la persona humana y de la sociedad. No se trata de un conjunto de normas, sino de una buena noticia que transforma la vida. La comunidad cristiana puede ser un laboratorio de fraternidad, donde se experimente una forma de vivir basada en el amor y el servicio.
Como nos recuerda el apóstol Pedro: «Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad!» (2 Pedro 3:18, NVI). Este crecimiento nos impulsa a ser sal y luz en medio de la sociedad.
Una invitación a la reflexión personal
Al terminar este recorrido por las ideas de Pérez Adán, te invitamos a hacer una pausa y preguntarte: ¿Cómo influye tu fe en tu manera de ver la sociedad? ¿Has pensado alguna vez que la libertad, la igualdad y la fraternidad pueden tener un fundamento más sólido si los vivimos desde Dios?
Quizás este libro sea una oportunidad para renovar tu mirada y para comprometerte con la construcción de un mundo más justo y fraterno, no desde ideologías humanas, sino desde el amor de Dios que se revela en Jesucristo. Te animamos a leer, reflexionar y, sobre todo, a vivir tu fe de manera activa en tu entorno.
Que el Señor te bendiga y te guíe en este camino de fe y compromiso social.
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