Desde el principio de la humanidad, el engaño ha estado presente. En el jardín del Edén, la serpiente engañó a Eva, y desde entonces el engaño ha ido creciendo y multiplicándose. Sin embargo, las Escrituras nos advierten que en los últimos tiempos esta realidad alcanzará su punto máximo. Vivimos en una era donde la mentira y la manipulación se han vuelto moneda corriente, afectando todos los ámbitos de la sociedad: la política, la economía, la ciencia, la medicina y, tristemente, también la religión.
Jesús mismo profetizó sobre esto cuando dijo:
“Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24, RVR1960).Esta advertencia nos llama a estar alerta y a no dejarnos llevar por cualquier viento de doctrina. El engaño no es simplemente una mentira cualquiera; es una distorsión de la verdad que busca desviarnos del camino de Dios.
Las tres dimensiones del engaño según el Nuevo Testamento
En el griego original del Nuevo Testamento, encontramos varias palabras que nos ayudan a comprender la profundidad del engaño espiritual. Cada una revela un aspecto diferente de esta señal profética.
1. Plané: el extravío o error de camino
La palabra plané (Strong G4106) proviene de planos, que significa “vagabundo” o “impostor”. Se refiere al acto de desviarse del camino correcto, de andar errante. Es la palabra más utilizada para el engaño espiritual en el Nuevo Testamento. De ahí viene nuestra palabra “planeta”, que originalmente significaba “cuerpo errante”. Este término nos recuerda que el engaño nos saca del camino de la verdad y nos lleva a vagar sin rumbo, lejos de la voluntad de Dios.
Pablo advierte a los Efesios:
“para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14, RVR1960).El engaño nos hace inestables, vulnerables a cualquier enseñanza falsa.
2. Apátē: el engaño seductor
Otra palabra griega es apátē (Strong G539), que significa “engaño, seducción, placer engañoso”. Se relaciona con el placer y la atracción que nos desvían. Este tipo de engaño es sutil, se disfraza de algo bueno y placentero, pero en realidad nos aparta de Dios. Jesús advirtió sobre “los afanes de este siglo y el engaño de las riquezas” (Mateo 13:22, RVR1960). Las riquezas prometen felicidad, pero a menudo nos alejan de la verdadera fuente de gozo.
3. Dolos: el engaño con astucia
La palabra dolos (Strong G1388) significa “engaño, astucia, fraude”. Se refiere a la mentira intencional, el uso de artimañas para manipular a otros. Pedro acusó a Ananías de llenar su corazón “a Satanás para que mintieses al Espíritu Santo” (Hechos 5:3, RVR1960). Este engaño es deliberado y busca obtener ventaja a costa de otros.
El engaño en el mundo actual
Hoy vemos cómo el engaño se manifiesta en todos los niveles. En la política, las promesas falsas y la manipulación de la información son comunes. En la ciencia y la medicina, a veces se ocultan datos o se promueven intereses económicos sobre la verdad. En la industria alimentaria, se manipulan productos para hacerlos parecer saludables cuando no lo son. Y en el ámbito religioso, surgen falsos maestros que distorsionan el evangelio para su propio beneficio.
El apóstol Juan escribió:
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1, RVR1960).Esta exhortación es más relevante que nunca. Necesitamos discernimiento espiritual para no ser arrastrados por cualquier enseñanza que se presente en nombre de Dios.
Cómo protegernos del engaño
La Biblia nos da herramientas para no caer en el engaño. En primer lugar, debemos conocer la verdad. Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32, RVR1960). Estudiar la Palabra de Dios nos ayuda a distinguir entre la verdad y la mentira.
En segundo lugar, debemos permanecer en comunión con otros creyentes. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y juntos podemos animarnos y corregirnos mutuamente. “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos” (Hebreos 10:25, RVR1960).
En tercer lugar, debemos orar pidiendo discernimiento. Santiago nos dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5, RVR1960).
Reflexión final
El engaño es una realidad que nos rodea, pero no tenemos por qué ser víctimas de él. Dios nos ha dado su Palabra, su Espíritu y la comunidad de creyentes para mantenernos firmes en la verdad. En estos tiempos, más que nunca, debemos aferrarnos a Cristo, quien es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6).
Te animo a examinar tu vida: ¿hay áreas donde podrías estar siendo engañado? ¿Estás poniendo tu confianza en las promesas de Dios o en las mentiras del mundo? Que el Señor te conceda sabiduría y discernimiento para caminar en su verdad.
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