El pasado 21 de abril, en Roma, falleció el P. Fernando Valenciano, quien hasta su muerte fue el miembro más antiguo del Opus Dei en el mundo. Con 103 años de edad, había ingresado a la prelatura el 23 de diciembre de 1939, casi 87 años atrás. Su partida a la Casa del Padre ocurrió rodeado del prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, y de la comunidad de Villa Tevere, la sede central de la Obra en Roma, donde recibió los últimos sacramentos.
Nacido en Sevilla el 1 de febrero de 1923, Valenciano se trasladó a Madrid para estudiar ingeniería. Durante su estancia en la capital, se alojó en una residencia estudiantil impulsada por San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Allí comenzó su camino de fe que lo llevaría a ser uno de los pilares de la institución.
Además de su doctorado en Ingeniería, Valenciano obtuvo otro en Derecho Canónico, siendo laico. Trabajó profesionalmente en España hasta que en 1961 fue llamado a integrar el Consejo General del Opus Dei, donde permaneció activo hasta 1994. En ese periodo, tuvo un trato cercano con el fundador y con su sucesor, el Beato Álvaro del Portillo.
Lecciones de una vida dedicada a Dios
En la homilía de su funeral, Mons. Ocáriz destacó una enseñanza que Valenciano aprendió de San Josemaría y del Beato Álvaro: que, para gozar de la visión de Dios en el cielo, hemos de procurar contemplarlo ya aquí en la tierra, en el ejercicio de los deberes ordinarios en medio del mundo
. Esta frase resume una espiritualidad centrada en la santificación del trabajo y la vida cotidiana.
La Biblia nos recuerda en Colosenses 3:23:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (RVR1960).La vida de Valenciano fue un testimonio vivo de este versículo, pues hasta sus últimos años mantuvo una entrega constante a sus responsabilidades.
A los 70 años, en 1993, recibió la ordenación sacerdotal de manos del Beato Álvaro del Portillo. Desde entonces, ejerció su ministerio con dedicación, confesando en la Basílica de San Eugenio en Roma y cultivando amistades que trascendían generaciones.
Un legado de fidelidad hasta el final
Según información proporcionada por la prelatura, hasta los 100 años Valenciano se mantuvo activo y autónomo, asistiendo a reuniones de familia y a los medios de formación. Durante décadas, su labor sacerdotal en la basílica le permitió mantener y cultivar amistades que pasaban de una generación a otra.
En los últimos tres años, su dependencia física aumentó, pero esto no afectó su piedad, su vibración apostólica, su claridad mental ni sus deseos de aprovechar el tiempo. Su vida es un ejemplo de cómo envejecer con gracia y fidelidad, como lo expresa el Salmo 92:14-15:
“Aun en la vejez darán fruto; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová es recto” (RVR1960).
Sus restos descansan en Villa Tevere, en la Cripta de la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, cerca de los restos de San Josemaría, Carmen Escrivá, el Beato Álvaro del Portillo, la sierva de Dios Dora del Hoyo, Mons. Javier Echevarría y Rosalía López. Este lugar se convierte en un recordatorio de una vida entregada al servicio de Dios y de la Iglesia.
Reflexión final
La historia del P. Fernando Valenciano nos invita a preguntarnos: ¿Estamos aprovechando cada día para servir a Dios y a los demás, sin importar nuestra edad o circunstancias? Su fidelidad hasta el final nos anima a perseverar en la fe, confiando en que Dios nos sostiene en cada etapa de la vida. Que su ejemplo nos inspire a vivir con propósito y a dejar un legado de amor y servicio.
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