Mozambique: la crisis silenciosa que vive el país, contada por un misionero

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

El padre Silvano Dal Dosso, misionero de la diócesis de Verona, comenzó desde cero su labor en una de las zonas más escarpadas de Mozambique, entre montañas y altiplanos impresionantes. Después de quince años en el norte del país, en la diócesis de Nacala, cerca de la convulsionada provincia de Cabo Delgado, hace tres años el obispo lo envió a llevar su presencia pastoral a la Alta Zambesia, a 1300 metros de altitud, al pie del Monte Namuli. Esta montaña, de 2.419 metros de altura, es considerada sagrada por los dos grandes grupos étnicos de los macúas y los lomués, que aquí practican el culto a los antepasados.

Mozambique: la crisis silenciosa que vive el país, contada por un misionero

La población de estas zonas es casi enteramente cristiana, a diferencia de otras regiones de Mozambique de mayoría musulmana. La capellanía que el padre Silvano está construyendo reúne a 35 comunidades dispersas en las montañas, en un territorio muy extenso y con continuos sube y bajas. Las carreteras son pocas y difíciles; muchas comunidades solo se alcanzan en moto o a pie. Poco a poco, la iglesia y los edificios anexos comienzan a tomar forma, pero se necesita tiempo y esfuerzo físico.

Una crisis sin fin: guerra, hambre y cambio climático

Mozambique está viviendo una crisis profunda y prolongada, marcada por conflictos armados, sequías e inundaciones. El padre Silvano cuenta que la situación se ha vuelto insostenible para muchas familias. La guerra en la provincia de Cabo Delgado, que comenzó en 2017, ha causado más de un millón de desplazados internos. Muchos de ellos han encontrado refugio en las zonas montañosas donde trabaja el misionero, pero los recursos son escasos. "La gente llega sin nada, solo con ganas de empezar de nuevo", dice el padre Silvano. "Pero la tierra es dura, el clima es impredecible: a veces llueve demasiado, a veces no llueve durante meses. La cosecha se pierde, y entonces se pasa hambre."

El cambio climático está agravando una situación ya precaria. Ciclones cada vez más intensos azotan la costa, mientras que el interior sufre períodos de sequía cada vez más largos. "Aquí la gente vive de la agricultura de subsistencia", explica el misionero. "Si la cosecha sale mal, no hay alternativa. No hay reservas, no llegan ayudas de forma regular. Es una lucha diaria por la supervivencia."

La respuesta de la Iglesia: acogida y esperanza

En este contexto, la Iglesia local está tratando de ser una señal de esperanza. El padre Silvano y su comunidad acogen a los desplazados, ofrecen comida y apoyo espiritual. "No podemos resolver todos los problemas, pero podemos estar cerca, escuchar, orar juntos", dice. "La fe es lo que sostiene a esta gente. Sin ella, muchos ya habrían perdido la esperanza."

El misionero también subraya la importancia de la colaboración con otras iglesias y organizaciones humanitarias. "Somos ecuménicos: trabajamos con los hermanos protestantes, con las organizaciones internacionales. Lo importante es ayudar, sin importar la bandera."

El desafío de la reconstrucción: construir comunidad

Además de la emergencia inmediata, está el desafío de la reconstrucción a largo plazo. El padre Silvano está trabajando para crear infraestructuras que puedan sostener a las comunidades: una escuela, un centro de salud, un orfanato. "No basta con dar de comer", afirma. "Hay que dar herramientas para el futuro. Los niños deben estudiar, los adultos deben aprender nuevos métodos de cultivo más resistentes al clima."

La construcción de la iglesia es solo el comienzo. "La iglesia es el corazón de la comunidad", explica. "Pero a su alrededor crecen muchas otras cosas: la educación, la salud, la solidaridad. Es un trabajo lento, pero cada pequeño paso es una victoria."

Un mensaje de esperanza para todos los cristianos

El padre Silvano invita a los cristianos de todo el mundo a no olvidar a Mozambique. "La oración es importante, pero también el apoyo concreto. Incluso un pequeño gesto puede marcar la diferencia. Esta gente necesita saber que no está sola."

La Biblia nos recuerda que "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Y en estos momentos difíciles, la presencia de Dios se hace visible en la entrega de quienes, como el padre Silvano, deciden compartir la vida con los más necesitados.


¿Te gustó este artículo?

Comentarios

← Volver a Fe y Vida Más en Actualidad Cristiana