Migración y amor al prójimo: Una reflexión bíblica para hoy

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En las últimas semanas, una declaración del obispo José Mazuelos ha provocado un amplio debate sobre migración, empatía y el papel de la iglesia. No se trata solo de medidas políticas, sino de la pregunta fundamental: ¿cómo deben los cristianos responder a las personas necesitadas? La Biblia nos ofrece una guía clara que queremos explorar en esta reflexión.

Migración y amor al prójimo: Una reflexión bíblica para hoy

La migración no es un fenómeno nuevo. Ya en el Antiguo Testamento encontramos historias de personas que tuvieron que dejar su hogar: Abraham, Jacob, el pueblo de Israel en el desierto. Incluso Jesús mismo fue un niño refugiado en Egipto. Estos relatos bíblicos nos recuerdan que Dios mira con especial cuidado a los extranjeros y a los que buscan protección.

Como comunidad cristiana, estamos llamados no solo a hablar sobre migración, sino a actuar concretamente. No se trata de ideologías políticas, sino del amor al prójimo vivido, que está en el centro de nuestra fe. En un momento en que los debates suelen ser acalorados, este artículo ofrece una perspectiva serena y basada en la Biblia.

El fundamento bíblico: Amar al extranjero como a nosotros mismos

Mandatos del Antiguo Testamento sobre el trato a los extranjeros

Ya en el Antiguo Testamento encontramos numerosos mandatos que regulan el trato a los extranjeros. En Levítico 19:34 dice: «El extranjero que resida entre vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto». Estas palabras no son solo un recuerdo histórico, sino un principio eterno. Dios llama a su pueblo a ponerse en el lugar del extranjero y a tratarlo con misericordia.

El mandato de amar al extranjero se repite varias veces (Deuteronomio 10:18-19; Éxodo 22:21). Muestra que el cuidado del necesitado es una preocupación central de Dios. No se trata de una idealización romántica de la extranjería, sino de ayuda concreta: comida, ropa, alojamiento y protección contra la explotación.

«No oprimirás al extranjero; porque vosotros conocéis el corazón del extranjero, ya que fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto.» (Éxodo 23:9, RVR 1960)

Jesús y el encuentro con el extranjero

En el Nuevo Testamento, Jesús continúa esta tradición. En el encuentro con la mujer samaritana (Juan 4) o con el centurión de Capernaúm (Mateo 8), cruza fronteras culturales y religiosas. Su mandato se hace especialmente claro en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37). Jesús muestra que el amor al prójimo no conoce límites, ni étnicos ni sociales. El samaritano ayuda al extranjero que yace en el camino sin preguntarle su origen.

En Mateo 25:35-36, Jesús se identifica incluso con los extranjeros: «Fui forastero, y me recibisteis». Estas palabras dejan claro que nuestra actitud hacia los migrantes y refugiados no solo tiene una dimensión humana, sino también espiritual. Quien recibe al extranjero, recibe a Cristo.

El papel de la iglesia hoy: Entre la empatía y la responsabilidad

Acompañamiento pastoral de los migrantes

La iglesia está llamada a ser un lugar de refugio y consuelo. Muchos migrantes experimentan traumas, pérdidas e incertidumbre en su viaje. Aquí la comunidad puede ofrecer ayuda práctica: cursos de idiomas, asesoría legal, apoyo psicológico o simplemente un oído atento. El acompañamiento pastoral es una parte esencial del ministerio cristiano.

Al mismo tiempo, debemos ser realistas: la integración de los migrantes también presenta desafíos. Las diferencias culturales, las barreras del idioma y las distintas visiones del mundo pueden generar tensiones. La iglesia puede actuar como puente, fomentando el diálogo y la comprensión mutua.


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