El rápido avance de la inteligencia artificial (IA) presenta a la humanidad grandes oportunidades, pero también profundos desafíos éticos. El padre franciscano Paolo Benanti, profesor de ética tecnológica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, advierte que el entusiasmo por la tecnología puede convertirse en una nueva forma de idolatría. En una entrevista con el semanario alemán 'Die Zeit', subrayó: 'La IA puede ser una herramienta maravillosa, pero, lamentablemente, la imaginación humana no conoce límites cuando se trata de convertir tecnologías poderosas en armas'.
Benanti, quien discute regularmente el tema de la IA con el papa León XIV, considera que los gigantes tecnológicos de Silicon Valley tienen una responsabilidad especial. Observa allí una tendencia peligrosa: las decisiones ya no se toman en interés de las personas, sino solo en función de los datos. Esto amenaza fundamentalmente la dignidad humana. Critica con especial dureza la plataforma Grok, donde, en su opinión, impera la ley del más fuerte: 'La forma en que se ignoran la libertad y la dignidad humana me recuerda al fascismo'.
'No te harás ídolo, ni imagen alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra' — Levítico 26:1 (NVI)
El franciscano exhorta a las comunidades de fe a mostrar una postura clara: '¡Las comunidades de fe deben decir: no en nuestro nombre!'. Al mismo tiempo, percibe en Silicon Valley un gran anhelo de orientación espiritual. Por eso, considera que es un buen lugar para evangelizar. 'Valdría la pena abrir un monasterio allí. Lo estoy considerando seriamente', declara Benanti.
La advertencia bíblica del becerro de oro
Para Benanti, la veneración de la tecnología como un dios sustituto no es un fenómeno nuevo. Señala la historia bíblica del becerro de oro: 'No es la primera vez que los humanos adoran un ídolo. Ya Moisés tuvo este problema, según la Biblia: mientras él estaba en el monte Sinaí hablando con Dios, los israelitas crearon un becerro de oro y lo adoraron'. Esta advertencia del Antiguo Testamento es hoy más relevante que nunca. Las personas tienden a proyectar sus esperanzas y miedos en los logros tecnológicos, dándoles un significado casi religioso.
Un ejemplo de ello es el controvertido multimillonario tecnológico Peter Thiel. Benanti observa en él una mezcla de profecías bíblicas con fantasías apocalípticas: 'Él mezcla la profecía bíblica del fin del mundo con sus fantasías sobre el fin de nuestro tiempo. Eleva sus ideas al nivel de una religión'. Esta es una evolución peligrosa que difumina los límites entre la fe y la tecnología.
La misión de la Iglesia: forjar espadas en arados
Benanti recuerda la promesa bíblica del libro de Isaías de que las naciones forjarán sus espadas en arados. Esta visión es la misión de la Iglesia también en el trato con la inteligencia artificial: transformar un arma en una herramienta. La Iglesia debe contribuir a que la IA no se use para la opresión, sino para el bien de las personas. Esto incluye recordar a las empresas tecnológicas su responsabilidad y ser la voz de quienes no tienen representación.
'Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces' — Isaías 2:4 (NVI)
El profesor enfatiza que la Iglesia no está en contra de la tecnología, sino que aboga por un marco ético. La IA puede ser una bendición si sirve al ser humano y respeta su dignidad. Pero para ello se necesitan reglas claras y un retorno a valores cristianos como el amor al prójimo, la justicia y la misericordia.
Pasos prácticos para los cristianos ante la IA
¿Qué pueden hacer los creyentes en la práctica para no caer en la idolatría tecnológica? Benanti sugiere: informarse críticamente sobre las tecnologías que usamos, apoyar iniciativas que promuevan una IA ética, y participar en el debate público. También recomienda momentos de desconexión digital para cultivar la oración y la reflexión. 'No se trata de demonizar la tecnología, sino de ponerla al servicio del amor y la verdad', concluye.
El llamado de Benanti resuena en un momento en que la IA avanza a pasos agigantados. Para los cristianos, la pregunta no es si usar o no la IA, sino cómo usarla de manera que honre a Dios y sirva al prójimo. En palabras del papa León XIV: 'La tecnología sin ética es una amenaza; la ética sin tecnología es una oportunidad perdida'. La Iglesia tiene la tarea de ser puente entre ambos mundos, ofreciendo una visión que ponga a la persona en el centro.
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