Sudán atraviesa una de las peores catástrofes humanitarias de nuestro tiempo. Desde hace tres años, una guerra civil enfrenta al ejército gubernamental, liderado por Abdel Fattah al-Burhan, con las milicias de su exvicepresidente Mohammed Hamdan Daglo. Las consecuencias son devastadoras: decenas de miles de civiles han muerto, y se reportan masacres, violencia sexual y limpieza étnica. Más de doce millones de personas han huido de sus hogares y viven en campamentos de refugiados dentro de Sudán o en países vecinos. Según la ONU, unos 34 millones de personas —cerca de dos tercios de la población— necesitan ayuda humanitaria urgente, pues carecen de techo, atención médica y alimentos suficientes.
En este contexto, a mediados de abril se reunieron en Berlín representantes de 55 países para evaluar la situación y asegurar fondos de ayuda. Los donantes prometieron un total de 1500 millones de euros para fines humanitarios. A la conferencia también fueron invitados representantes de la sociedad civil sudanesa, entre ellos el pastor Ibrahim Mohager Abdelaal Mohager.
En conversación, Mohager se muestra cautelosamente optimista: «Tengo esperanza», dice. «Hay una fuerte voluntad de grupos civiles y actores regionales de trabajar por la paz». Nunca antes la sociedad civil había estado tan unida. Se declara «muy satisfecho» con los resultados de la conferencia, también porque ha dado mayor visibilidad pública a la crisis de su país.
El papel de los cristianos en el proceso de paz
Uno de los resultados clave de la conferencia fue una declaración conjunta de los participantes sudaneses. En ella exigen el fin de la guerra y el inicio de un proceso político que restaure la unidad y soberanía del país bajo un liderazgo civil. Para el pastor Mohager, es crucial que los cristianos tengan voz en este proceso. Aunque son una minoría discriminada y oprimida, pueden hacer una contribución importante.
«Los cristianos suelen evitar defender públicamente sus propias causas», explica Mohager. «Prefieren mantenerse al margen y actuar con neutralidad». Él mismo, a través de su organización "Living Hope Ministry and Aid Service", trabaja para que las iglesias tengan un lugar en las mesas de negociación. Porque en medio de la crisis, los cristianos pueden ayudar a construir algo nuevo: un Estado laico donde todas las personas tengan los mismos derechos, sin importar su origen, color de piel o religión. Un Estado que no favorezca a ninguna religión o etnia, y donde el poder sea democráticamente legítimo.
La Biblia llama una y otra vez a los cristianos a trabajar por la justicia y la paz. En Mateo 5:9 (NVI) leemos: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». Este mandato sigue vigente, incluso en tiempos difíciles y lugares peligrosos.
Desafíos para los cristianos sudaneses
La comunidad cristiana en Sudán enfrenta grandes desafíos. Es una minoría en un país de mayoría musulmana y sufre discriminación y opresión. Muchos cristianos temen alzar la voz por miedo a represalias. Sin embargo, hay personas valientes como el pastor Mohager que no se dejan intimidar.
«Oramos por la paz y la justicia», dice Mohager. «Y trabajamos para que la voz de los cristianos sea escuchada». Su organización no solo brinda ayuda humanitaria, sino que también promueve el diálogo entre los diferentes grupos en Sudán. Porque solo juntos se puede encontrar una solución duradera.
La comunidad internacional está llamada a actuar
La conferencia de Berlín fue un paso importante, pero la ayuda debe continuar. Los 1500 millones de euros prometidos son solo una gota en el océano.
Comentarios