Imaginemos por un momento hacernos una pregunta profunda, que toca el sentido mismo de nuestra existencia: "¿Para qué te gustaría que sirviera tu vida?". Esta pregunta, aparentemente sencilla, se vuelve especialmente significativa cuando la dirigimos a quienes a menudo son considerados sin voz en la sociedad: las personas con autismo severo. Giovanni Miselli, de la Fundación Instituto Hospitalario de Sospiro, tuvo el valor de plantearla, recordándonos que todo ser humano, independientemente de sus capacidades, tiene un proyecto que realizar.
El proyecto de vida: un derecho fundamental
Recientemente, en la sede de la Conferencia Episcopal Italiana en Roma, expertos, educadores, familias y profesionales dialogaron sobre un tema crucial: el proyecto de vida individual para personas con discapacidad. El decreto legislativo 62 de 2024 plasmó este concepto por escrito, pero su implementación práctica sigue representando un desafío importante. Roberto Speziale, presidente de Anffas, expresó con claridad: "El proyecto de vida no puede ser una variable: al hacerlo así no solo perdemos una oportunidad extraordinaria, sino que vulneramos un derecho fundamental".
La visión cristiana de la persona
Nuestra fe nos ofrece una perspectiva valiosa sobre este tema. La Biblia nos recuerda que cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios. Como escribe el Salmista:
"Te doy gracias porque tus obras son formidables, maravillosas son tus obras" (Salmo 139:14, versión Reina-Valera 1995).Estas palabras nos invitan a reconocer la dignidad única de cada individuo, incluidas las personas con autismo severo. El Papa Francisco, que nos dejó en abril de 2025, nos recordaba frecuentemente la importancia de construir una sociedad inclusiva, donde nadie quede atrás. Su sucesor, el Papa León XIV, continúa por este camino, subrayando la importancia de la caridad concreta hacia los más frágiles.
De servicios estandarizados a acompañamiento personalizado
Giovanni Marino, presidente de Angsa, planteó una cuestión central: sin las unidades de evaluación multidisciplinaria de las empresas sanitarias, "el proyecto de vida corre el riesgo de convertirse en un proyecto de segunda opción, montado por piezas sueltas". Los servicios existentes – residencias, consultorios, centros de día – "nacieron por módulos, por estándares, y deben transformarse en servicios individualizados". No se trata simplemente de una cuestión técnica, sino de una diferencia profunda: es la distancia entre un camino que acompaña y uno que cataloga.
El desafío de la individualización
El pedagogo Roberto Franchini, moderador del encuentro, eligió comenzar con el adjetivo "inevitable" en el título de la reunión. En la complejidad del autismo de nivel 3, algunas palabras clave – trabajo, afectividad, inclusión – "podrían no ser plenamente alcanzables". Esta honestidad intelectual es necesaria para construir proyectos realistas pero significativos. Serafino Corti, de la Fundación Observatorio Nacional sobre la Discapacidad, destacó una alineación inesperada: el decreto 62 y las directrices sobre autismo del Instituto Superior de Sanidad de 2025 "están alineados de manera extraordinaria". Su síntesis es iluminadora: "La norma te da el marco; la persona te dice qué hacer; la ciencia te dice cómo hacerlo mejor".
La perspectiva bíblica sobre la fragilidad
Las Escrituras nos ofrecen numerosos ejemplos de cómo Dios obra a través de la fragilidad humana. El apóstol Pablo escribe:
"Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo" (2 Corintios 12:9b, versión Reina-Valera 1995).Este versículo nos recuerda que la fuerza de Dios se manifiesta plenamente precisamente en situaciones de fragilidad. En la comunidad cristiana, estamos llamados a ver a las personas con autismo no como "problemas por resolver", sino como miembros valiosos del cuerpo de Cristo, cada uno con dones únicos para compartir. Nuestra vocación como creyentes es crear espacios donde cada persona pueda florecer según el plan que Dios tiene para ella, reconociendo que la verdadera inclusión comienza con el reconocimiento de la dignidad inherente de cada ser humano.
Un llamado a la acción comunitaria
La construcción de proyectos de vida significativos para personas con autismo requiere el compromiso de toda la comunidad. No es tarea solo de especialistas o instituciones, sino de cada uno de nosotros. Las parroquias, los grupos juveniles, las comunidades de base están llamados a ser lugares de acogida y acompañamiento. Como nos enseñan tanto el Papa Francisco como el Papa León XIV, la caridad no es solo dar algo, sino darse a sí mismo, caminar junto al otro, reconocer en cada rostro el rostro de Cristo. Este camino de acompañamiento personalizado, aunque desafiante, es el que mejor refleja el amor de Dios, que nos conoce y nos ama en nuestra singularidad irrepetible.
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