En el Domingo del Buen Pastor, una fecha especial para reflexionar sobre el llamado de Dios, el cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, compartió los inicios de su vocación sacerdotal. Desde muy pequeño, cuando alguien le preguntaba qué quería ser de grande, él respondía con sencillez: "Quiero ser padre". Esa semilla, plantada en el seno de su hogar, fue cultivada por su mamá y su abuelita, quienes le recordaban constantemente esa respuesta infantil.
"Creo que la vocación nace en el regazo de nuestras madres", afirmó el cardenal, haciendo eco de las palabras del profeta Jeremías:
"Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que nacieras, te consagré" (Jeremías 1:5, NVI).Para Brenes, ese llamado divino se manifestó desde la infancia, y él simplemente respondió con disponibilidad.
El purpurado nicaragüense recordó que ingresó al seminario a los quince años, donde encontró una verdadera familia. Allí, tanto los formadores como los compañeros de estudio se convirtieron en hermanos que lo acompañaron en su camino. Muchos de aquellos amigos siguen siendo parte de su vida hasta hoy.
Un sacerdocio arraigado en la comunidad
El cardenal Brenes agradeció especialmente al cardenal Miguel Obando y Bravo, quien fuera arzobispo de Managua, por permitir que su ordenación sacerdotal se celebrara en su pueblo natal, Ticuantepe. Fue el 16 de agosto de 1974, y la comunidad entera se volcó a la celebración. "La gente pudo disfrutar: aquellas personas que me habían visto desde niño, jugando béisbol en la plaza, yendo en bicicleta a Masaya… toda esa gente se sintió muy identificada con mi ordenación", compartió.
Para Brenes, el sacerdocio no es un camino solitario. "Soy lo que soy porque todas estas personas, con las cuales he servido como párroco, han aportado su granito de trigo para que hoy sea lo que soy como obispo, como cardenal", expresó con gratitud. Esta visión comunitaria refleja el corazón del Evangelio, donde cada creyente es parte del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27).
Un mensaje para pastores y fieles
Al ser consultado sobre un consejo para los sacerdotes, el cardenal Brenes los animó a fortalecer la fraternidad entre ellos. "Sentir que somos familia, que hemos sido llamados a esta gran familia que es el presbiterio", dijo. En un mundo donde el aislamiento puede tentar a los pastores, la comunión con otros ministros es un sostén vital.
A los fieles, el purpurado les pidió orar por las vocaciones sacerdotales. "Que esa exhortación de Jesús, 'la mies es mucha, pero los obreros son pocos' (Mateo 9:37), la hagamos realidad en nuestra vida", señaló. La oración constante por nuevos pastores es una responsabilidad compartida por toda la comunidad cristiana.
El testimonio del cardenal Brenes nos recuerda que la vocación no es solo un evento del pasado, sino un camino que se renueva cada día. Como dice el salmista:
"El Señor es mi pastor; nada me falta" (Salmo 23:1, RVR1960).Que esta confianza inspire a cada lector a responder al llamado de Dios en su propia vida, sea cual sea su estado de vida.
Reflexión final
¿Has considerado alguna vez cómo Dios te ha llamado desde tu infancia? Tal vez no sea al sacerdocio, pero cada cristiano tiene una misión única en su familia, trabajo o comunidad. Tómate un momento para agradecer por las personas que han sembrado en tu fe y pregúntate: ¿cómo puedo ser un "buen pastor" para quienes me rodean? La respuesta puede estar más cerca de lo que imaginas.
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