En muchas comunidades cristianas, el arte a veces se mira con cierta desconfianza. Para algunos, parece un ámbito que escapa a las categorías claras de utilidad y propósito, por lo que se considera menos valioso o incluso sospechoso. Sin embargo, esta actitud pasa por alto un dato bíblico fundamental: el Dios a quien servimos se revela a sí mismo como el artista supremo. Las Sagradas Escrituras no comienzan con un tratado teológico abstracto, sino con un acto de creación asombroso: una obra de belleza y orden incomparables. "En el principio, Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1, NVI). Cada día de la creación se comenta con el estribillo "Y Dios vio que era bueno", lo que sugiere una evaluación tanto estética como ética.
El Dios creador y su imagen
La culminación de esta creación es el ser humano, hecho a imagen de Dios. "Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó" (Génesis 1:27, NVI). Si el ser humano se entiende como Imago Dei, como reflejo del Dios creador, entonces la capacidad de creatividad, de dar forma y de producir algo nuevo no es un añadido secundario, sino una parte esencial de esta imagen divina. El primer encargo concreto que recibe el ser humano en la Biblia es creativo y cultivador: trabajar y cuidar el jardín del Edén (Génesis 2:15). Esto implica más que un simple trabajo utilitario; incluye cuidado, diseño y el desarrollo de la belleza existente.
El arte más allá de la utilidad inmediata
En un mundo que valora la eficiencia, la productividad y los resultados medibles, es difícil atribuir valor a una actividad que aparentemente no produce un beneficio material directo. Una pintura no sacia el hambre, una sinfonía no repara un techo, un poema no paga una factura. Pero aquí radica una profunda visión cristiana: no todo lo valioso debe tener una utilidad práctica inmediata. El valor del arte a menudo está en su ser, no en su uso. Puede comunicar la verdad de una manera que los argumentos puros no logran. Puede crear belleza que eleva el alma y apunta al autor de toda belleza. Puede expresar consuelo, esperanza o crítica profética donde las palabras fallan.
El salmista comprende esto cuando ve la creación como una obra de arte que proclama la gloria de Dios: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos" (Salmo 19:1, NVI). La creación misma no es "útil" en el sentido estricto para Dios; es una expresión de su ser y su gloria. De manera similar, el arte humano puede ser un eco de esta actitud de alabanza.
Ejemplos de creatividad bíblica
La Biblia está llena de ejemplos en los que el arte y la habilidad artesanal están al servicio de Dios, a menudo con un encargo divino explícito y sin que un propósito pragmático esté en primer plano:
- Bezaleel y Aholiab: Para la construcción del tabernáculo, Dios llama explícitamente a artistas y artesanos. "Y lo he llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento y habilidad para toda clase de artes, para hacer diseños artísticos, para trabajar en oro, plata y bronce, para cortar y engastar piedras, para tallar madera y realizar toda clase de artesanías" (Éxodo 31:3-5, NVI). Su trabajo sirve a la belleza y a la adoración apropiada de Dios.
- Los Salmos: El libro de los Salmos es el himnario de la Biblia: una colección de obras de arte poéticas, musicales y a menudo muy emocionales, que vierten la oración, el lamento, la alabanza y la teología en una forma artística.
- Las parábolas de Jesús: Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne, utilizó historias vívidas e imágenes para revelar verdades del reino de Dios. Estas narraciones son obras maestras de la enseñanza creativa.
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