¿Por qué Roma guarda silencio ante ciertas rupturas? Una reflexión pastoral

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Querido lector, ¿alguna vez te has preguntado por qué la Iglesia parece tener dos varas de medir? Por un lado, levanta la voz con firmeza ante ciertas situaciones, mientras que, por otro, guarda un silencio que desconcierta. Esta no es una crítica airada, sino una reflexión que nace del amor a la Iglesia y del deseo de entender mejor su camino en estos tiempos.

¿Por qué Roma guarda silencio ante ciertas rupturas? Una reflexión pastoral

Recientemente, un artículo publicado en un medio español planteaba una cuestión que ha rondado la mente de muchos cristianos: ¿cree Satanás en Roma? La pregunta, provocativa, apunta a una realidad más profunda: el peligro de que la tradición sea relegada en favor de la novedad, y que el temor a la herejía sea reemplazado por el temor a lo antiguo.

Como plataforma ecuménica, en EncuentraIglesias.com queremos abordar este tema con la serenidad que merece, recordando que nuestra fe se fundamenta en Cristo, no en instituciones humanas. Pero también reconociendo que la Iglesia visible, con sus luces y sombras, es el cuerpo de Cristo en la tierra.

El caso que encendió el debate

Todo comenzó con una nota del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, acerca de las próximas consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). En ella, el cardenal reiteró que estas ordenaciones constituyen un acto cismático y que el cisma conlleva la excomunión.

Lo que llamó la atención no fue tanto el contenido de la nota, sino el contraste entre la gravedad de la acusación y la personalidad de quien la emitía. El cardenal Fernández, conocido por su estilo moderno y su apertura a las novedades, empleaba una palabra que suena a siglos pasados: cisma. Una palabra que evoca divisiones dolorosas y realidades últimas.

Pero entonces surge la pregunta: ¿por qué esa misma palabra no se pronuncia con igual solemnidad ante otras rupturas que han ocurrido dentro de la Iglesia oficial? Rupturas doctrinales, litúrgicas, morales y sacramentales que, durante décadas, han entrado por la puerta principal.

El silencio ante otras rupturas

Para entender mejor esta aparente contradicción, vale la pena recordar algunos hechos recientes. Por ejemplo, la recepción en el Vaticano de Sarah Mullally, quien ostenta el título de «Arzobispa de Canterbury». Fue recibida con todos los honores y se unió en oración común bajo un techo apostólico. Sin embargo, ninguna nota oficial recordó que la bula Apostolicae curae del papa León XIII declaró nulas las ordenaciones anglicanas.

¿Cómo se explica esto? No se trata de juzgar corazones, sino de observar una incoherencia que puede confundir a los fieles. La Iglesia, que se presenta como guardiana de la verdad, parece a veces más preocupada por la forma que por el fondo, o más dispuesta a condenar a quienes se aferran a la tradición que a quienes la abandonan.

El apóstol Pablo nos advierte:

«Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21, NVI).
Este llamado a la discernimiento es más necesario que nunca en un tiempo donde las líneas entre la fidelidad y la innovación se vuelven borrosas.

La tentación de la novedad

El cardenal Fernández, en su nota, actuó según su cargo. Pero el episodio nos invita a reflexionar sobre una tentación sutil: la de creer que lo nuevo es siempre mejor, y que la tradición es un lastre del que hay que desprenderse. Esta tentación no es nueva; ya en el siglo IV, san Atanasio luchó contra las herejías que buscaban modernizar la fe.

Jesús mismo nos enseñó:

«Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas» (Mateo 13:52, RVR1960).
La sabiduría cristiana no descarta lo antiguo ni abraza ciegamente lo nuevo; discierne.

¿Dónde está el peligro real?

El peligro no está en la tradición ni en la innovación en sí mismas, sino en la pérdida del centro: Jesucristo. Cuando la Iglesia se preocupa más por la corrección política que por la verdad del Evangelio, corre el riesgo de volverse irrelevante. Cuando se aferra a la tradición sin espíritu, se convierte en un museo.

San Pablo nos recuerda:

«Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo» (2 Timoteo 2:19, RVR1960).
La verdadera fidelidad no es cuestión de etiquetas, sino de vida.

Una llamada a la coherencia

Como cristianos, estamos llamados a ser coherentes. La Iglesia, en cuanto institución humana, puede caer en incoherencias, pero eso no nos exime de buscar la verdad con humildad. El papa León XIV, actual sucesor de Pedro, tiene la difícil tarea de guiar a la Iglesia en medio de estas tensiones.

Quizás la lección más importante es que no debemos poner nuestra confianza en instituciones o personas, sino en Cristo. Como dice el salmista:

«No pongan su confianza en los príncipes, ni en los hijos de los hombres, en quienes no hay salvación» (Salmo 146:3, RVR1960).
La Iglesia es santa porque Cristo es su cabeza, pero sus miembros somos pecadores necesitados de gracia.

Reflexión final

Querido amigo, ¿qué te lleva a reflexionar esta historia? Tal vez te sientas confundido por las aparentes contradicciones en la Iglesia. O quizás veas en esto una oportunidad para profundizar tu fe, más allá de las instituciones.

Te invito a orar por la unidad de los cristianos y por aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar y gobernar. Pidamos al Señor que nos conceda discernimiento para distinguir entre la tradición viva y el tradicionalismo muerto, entre la sana innovación y la moda pasajera.

Y recuerda: la fe no se basa en la perfección de la Iglesia visible, sino en la fidelidad de Dios. Como está escrito:

«Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8, RVR1960).


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Preguntas frecuentes

¿Qué es la FSSPX y por qué es controvertida?
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) es una sociedad de vida apostólica fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre. Es controvertida porque se opone a ciertas reformas del Concilio Vaticano II y ha realizado ordenaciones episcopales sin autorización del Vaticano, lo que la Iglesia considera un acto cismático.
¿Qué dice la bula Apostolicae curae sobre las ordenaciones anglicanas?
La bula Apostolicae curae, emitida por el papa León XIII en 1896, declaró que las ordenaciones anglicanas son 'absolutamente nulas y sin valor' debido a defectos en la forma y la intención. Esto significa que, desde la perspectiva católica, los ministros anglicanos no son sacerdotes válidamente ordenados.
¿Cómo puedo discernir entre tradición y novedad en mi fe?
El discernimiento requiere oración, estudio de la Escritura y la enseñanza de la Iglesia, y humildad. Busca siempre a Cristo como centro, y evalúa si una práctica o enseñanza te acerca más a Él y al amor al prójimo. Consulta con líderes espirituales de confianza y no temas hacer preguntas.
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